Valentino Rossi se ha proclamado, por 9ª vez, campeón del mundo de motociclismo, 7ª en la categoría reina. Y lo ha hecho de forma autoritaria, faltando una carrera por disputarse, y tras una carrera cuyos obstáculos no le impidieron brillar como lleva haciendo ya unos cuantos años.

El GP de Malasia fue, en algunos aspectos, caóticos, y ciertas circunstacias hacían dudar de la consecución del título de forma inmediata: la carrera comenzó con un retraso de 40 minutos, debido al aguacero que cayó tras la carrera de 250 cc. Tras cometer varios errores, pasó de la 1ª posición (desde la que salía) a la 8ª en apenas una vuelta; incluso Lorenzo, que salía desde boxes, se puso por delante.

Sin embargo, Valentino es Valentino, y los nervios no parecen ir con él. Comenzó a adelantar rivales hasta que llegó a la altura de Jorge Lorenzo. Cuando llegó a él, le adelantó, y, estando en 4ª posición era campeón. Dovizioso cayó yendo tercero, así que el campeón se metió en el podio.

Mención especial merecen Stoner y Pedrosa: el primero dió un auténtico recital, y el español mantuvo el tipo, aunque siempre estuvo solo. Cuando eso pasa, es cuando muestra quién es, pero no así cuando tiene que luchar cuerpo a cuerpo. Rossi intentó llegar hasta él, pero demostró su  madurez manteniendo el tercer puesto y no poniendo en peligro lo que importaba realmente.

Otro que también ha demostrado que ha crecido es Lorenzo: si en la penúltima carrera reconoció que su caída había sido única y exclusivamente culpa propia, tras este último gran premio ha declarado que a todos les falta algo más para estar a la altura de Valentino Rossi, cuya leyenda se agranda, en parte, por sus propios rivales.

Finalmente, Rossi celebró el título con una camiseta en la que se podía leer: "Gallina vieja hace buen caldo". No hay duda: el mejor piloto de todos los tiempos.

 

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