El odio es ese sentimiento que florece cuando la ira se adueña del ser humano y se convierte en una cadena interminable. Sentimos que ofender o maltratar a otra persona nos hará aliviar el estrés que vivimos y que este se calmará con el grito o la ofensa, como remedio para aliviar los males, en vez de intentar dialogar con amor.

Cadena de odio

La cadena de odio comienza de una forma muy simple, suponga que despierta en la mañana luego de un mal dormir y le grita a su esposa, con odio, porque el agua no está caliente y no se ha podido dar un baño para aliviar su pesar, esto implica que su esposa saldrá al mercado y le gritará al vendedor porque la lechuga no está fresca y hasta le puede pegar a su hijo porque no se está quieto; son actitudes consecuentes del ser humano que se siente herido por un ser querido. El niño al llegar a la escuela le gritará a su compañero de aula porque no le quiere prestar una goma de borrar y este a su vez le dará a la niña que se sienta a su lado porque le rozó ligeramente, la cadena se agudiza y continúa porque ella a su vez le dirá fea a su amiga que no le quiso escuchar mientras le hacía el cuento del niño que la empujó. Y esta niña que se sintió fea llegará a su casa y golpeará a su gato con mucho odio porque se le atrevesó en el camino, ya en este punto la cadena es indetenible, y por poco se cae y  a su vez el gato arañará a la abuela porque no le dio comida y la abuela le gritará a su hija llena de odio hacia los animales, que está cansada de cuidar ese gato y así sucesivamente el odio se irá propagando sin poder detenerse.

Detener el odio depende de uno

El ser humano es egoísta por naturaleza y hace prevalecer su criterio ante el resto de la humanidad lo que ha provocado más de una guerra. Cuando las cosas no suceden según lo planificado nace el odio, esa ira incontrolable que nos ciega. La cadena de odio se puede detener y empieza por uno mismo, por aceptar que no somos iguales, que tenemos diferencias y malos días y momentos peores pero que siempre se encuentra una solución aunque no sea la mejor. Detener el odio comienza por entender al otro como ser social que también siente y padece. El primer paso es lograr la calma y el nexo preciso que nos haga pensar antes de emitir un gesto o palabra ofensiva. Ese tiempo de pensamiento es el que puede evitar que se derrame una cadena de odio.

Romper la cadena del odio

Suponga que despierta en la mañana luego de un mal dormir y en vez de gritarle a su esposa con odio porque el agua no está caliente, le pide por favor que le encienda el calentador que al parecer quedó apagado toda la noche y no se ha podido dar un baño para aliviar su pesar, esto implica que su esposa encienda el calentador y que para compensar su pesar comente con usted cualquier tema que le haga olvidar la mala noche.  Su esposa saldrá al mercado y le comentará al vendedor que le tomó tarde porque conversaba con su familia y aunque la lechuga no esté fresca tratará de buscar la mejor o simplemente no la comprará. De seguro no le pegará a su hijo porque este aunque inquieto sabrá alegrarle el día con una sonrisa. El niño al llegar a la escuela compartirá con su compañero de aula y este a su vez le dará su asiento a la niña que juega con su amiga aunque esta sea fea. Y esta niña que se sintió llena de amigos y querida, sin odio, llegará a su casa y abrazará a su gato porque se le atrevesó en el camino y jugará con él y a su vez el gato ronroneará a la abuela para que le de su comida y la abuela le dirá a su hija que tener un animal en casa siempre es una buena compañía y así sucesivamente el odio se irá desvaneciendo y todo comenzó por un tiempo para pensar qué decirle a esa persona que tenemos cerca.

El ser humano es el único capaz de detener el odio

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