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Acabando el verano, entramos en un tiempo del año que invita a la melancolía pues los campos se tiñen de ocres y marrones y las hojas revolotean hasta caer inertes para fertilizar la tierra que les dio la vida. En esta estación del año parecen brotar recuerdos que ignorábamos, que estaba ocultos tras una neurona perezosa y de repente asoman para sorprendernos. Y nos viene como una regresión a los días felices de la infancia cuando  ignorábamos todo lo malo del mundo y aparece la tristeza sin un motivo ni razón...

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Los días otoñales son como un espejo de nosotros mismos pues tras la explosión de vida de la primavera y verano donde todo crece y florece con la fuerza imparable de la naturaleza, con la llegado del otoño aparece la calma y todas las flores desaparecen y se impone el reposo en los campos, lo mismo pasa con nuestras vidas al llegar el tiempo de madurez.

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El otoño invita a coger un libro, a mirar tras los cristales las gotas caer de las primeras lluvias. Los días se hacen más cortos y nos producen una frustración que no entendemos, como si nos estuvieron robando algo que apreciábamos y el descontrol contribuye a la tristeza... Algunas veces una lágrima revoltosa se escapa y resbala por la mejilla y no conseguimos saber la razón ya que no estamos llorando.

Sabemos que el otoño no es el final de nada porque en la naturaleza todo rueda, se repite y se retro alimenta pero sin embargo sentimos que estamos perdiendo algo, como cuando alguien muy querido se ausenta y no sabemos si le veremos más. En otoño, y sin saber la razón, sentimos deseos de releer aquellas cartas amarillentas de nuestros primeros amores que nos despertaron a las estremecedoras sensaciones del amor primero.

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El sol también se muestra triste y lejano, como temeroso o con pereza de querer salir y de repente nos damos cuenta que sentimos frío cuando un suave escalofrío nos recorre el cuerpo y nos abrigamos y el calor nos reconforta y nos alivia y todo poco a poco, nuevamente parece volver a empezar... Y de repente, una incipiente ilusión aparece en nuestra mente como un tímido rayo de sol pero que nos da esperanza y nos ayuda a caminar. 

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