Rincones con misterio en Madrid

Aún en la actualidad quienes recorren las calles del casco antiguo de la capital, pueden seguir la pista de amantes despechados y duendes. Son leyendas que no han desaparecido con el paso del tiempo. 

Son conocidas las voces extrañas que se escuchaban en el Palacio de Linares, las sombras que durante la noche recorrían el Museo Reina Sofía, y quizás la leyenda más simpática y curiosa que decía que un duende hacía brotar flores nuevas cada vez que el rey Felipe V iba al retiro 

Las leyendas de la Plaza Mayor

En el siglo XVII, era habitual que en la plaza se celebrara algún festejo taurino, a uno de estos acontecimientos acudió un día el Conde de Villamediana, también estaba presente el rey Felipe IV acompañado por su mujer. El conde llevaba un collar fabricado con monedas, en aquella época la moneda que circulaba era el real, en él mismo había una inscripción que decía: "Son mis amores". No fueron pocos los que entendieron que el mensaje que el Conde quería transmitir era el de su amor por la Reina, ya que interpretaron que en realidad el mensaje era: "Reales son mis amores". El Conde quiso brindarle un toro a la reina, esto no le sentó bien al rey. Y pasados unos días el cuerpo del Conde fue encontrado cerca de la iglesia de San Ginés. Nunca se supo si fue una casualidad o si pasó algo más. 

También la Plaza Mayor sería un buen sitio para encontrarse con espirítus vagando por ella, ya que fue utilizada para realizar las ejecuciones  que dictaba la justicia. 

La leyenda del Caserón del Duende

Era un edificio del siglo XVIII, que estaba situado en la calle Conde Duque. Su propietaria era la Marquesa de Hornazas, en el piso inferior había una taberna, en la que una noche en verano se presentó un pequeño personaje que reclamaba silencio. Los que estaban sentados en la terraza sintieron miedo por la presencia del personaje que estuvieron varios días callados. Pero una noche un grupo decidió romper el silencio tuvieron que enfrentarse a unos enanos que les atacaban con porras. Poco tiempo después, la Marquesa que vivía en el primer piso del edificio, les pidió a sus doncellas que fueran a por tela puesto que quería hacer unas cortinas. Cuando estas se fueron llegaron tres enanos que le dieron a la Marquesa toda la tela que necesitó. 

Llegó el año en el que iban a derribar  el edificio, cuando empezaron las obras, los albañiles encontraron detrás de un tabique, a unos duendes que estaban falsificando monedas. La leyenda se creó con el fin de evitar que fueran por allí los curiosos. 

 

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