Puedo escribir de lo que conozco. No soy nada más que los lugares donde he estado. Uno de ellos, Arsèguel, me robó el corazón hace años. Cada vez que lo visito y vuelvo a pasearme por sus empinadas calles de piedra se me abre el corazón y el alma.

Arsèguel es un pequeño pueblo de no más de 100 habitantes que se encuentra bajo la imponente Sierra del Cadí, una cadena montañosa de 40 km. de largo que abarca parte de las comarcas de Berguedá, Cerdaña y Alto Urgell. Pertenece a la comarca del Alto Urgell, lugar montañoso y de clima frío. Pero tanto en invierno como en verano solo sentí calor dentro de los muros de piedra de Arsèguel. El pueblo está a 950 metros de altitud, que le aseguran nieve en invierno y brisa fresca en verano, lejos del sofocante sol húmedo del Mediterráneo.

Su origen es medieval, con la iglesia románica de Santa Coloma y la construcción arquitectónica de sus casas, de las mejor conservadas del Pirineo. Podemos ver en ellas balcones de madera, techado árabe y gruesos muros de piedra. Casi podemos sentir el paso del tiempo al pasearnos por sus calles, historia humilde de sus habitantes que no vivieron grandes gestas, sinó que sobrevivieron en la montaña y conservaron su esencia.

Arsèguel huele a madera húmeda, a pan caliente, a aliento frío, a silencio imperturbable en invierno. En verano huele a tibio sol, a cielo azul turquesa, a lluvia limpia, a nubes blancas como algodones. Nuestros pasos tímidos, al entrar en el pueblo, demuestran respeto por la vida que se esconde dentro. Un perro pasa solo, flaco, y tranquilo se tumba al sol en la plaza.

Al pueblo lo rodean varios caminos. Uno de ellos desciende hasta el valle hondo bajo la sierra del Cadí. Allí al fondo se oye un río;sí, aguas que corren. Es  frío y sombrío y en invierno se hiela entero. Sobre el río, un puente romano. Construido por romanos, llegaron hasta aquí y pusieron piedra sobre piedra para cruzar ese minúsculo río, para ir quien sabe donde. Roma nos contempla desde allí. El Imperio llegó hasta aquí, hasta este rincón olvidado en mitad del Cadí.

En Agosto el pueblo se llena de acordeonistas, que realizan un encuentro cada año, rememorando músicas que unen a todos los núcleos poblados del Pirineo. Las noches de verano en Arsèguel te permite tumbarte al raso, contemplar las estrellas y percibir por los poros el silencio majestuoso de la montaña.

Es posible alojarse en el pueblo. Podemos elegir entre un tranquilo establecimiento rural o un sencillo albergue con las mejores vistas de las riscos inmensos del Cadí. Arsèguel es bello durante todo el año. Embruja siempre, depende de la paleta de colores que prefiera el viajero. Podrá encontrarla entera y con todos sus matices.

Desde Arsèguel podemos seguir aún más adentro en el valle y llegar a pueblos aún más remotos, como Cava, núcleo de  4 casas perdido en la inmensidad con una vista privilegiada del Cadí, que parece poder tocarse con las manos.

Las sensaciones que provoca este lugar son tan intensas que os recomiendo su visita. Entrad en él con los ojos, el olfato y el oído bien abiertos, preparados para dejaros seducir por su lenta magia.

Solo lo he descrito para que podais imaginarlo. No he insertado ninguna imagen a propósito: buscadlo vosotros mismos y disfrutadlo.

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