COCA-COLA no necesita presentación, ni tampoco publicidad. Lleva tanto tiempo formando parte de la historia reciente que no todos conocen sus orígenes. Ni son conscientes de su amenaza. Su creación se remonta a mayo de 1886 y en la actualidad únicamente dos individuos se pueden considerar afortunados de conocer la fórmula. Estas personas no mantienen ningún tipo de contacto y no se permite una coincidencia casual. A pesar de todo, los ingredientes han pasado por las manos de muchos sin poder constituir una garantía solvente.

Coca-cola no tiene rival, y sí el prestigio de una gran marca. Durante años ha buscado la manera de utilizar su producto para proteger y sostener su reputación. Un gran número de slogans han conseguido que la empresa se mantuviera viva gozando de la aprobación de los mercados y de los consumidores. “La pausa que refresca”, “Signo de buen gusto”, “Siempre Coca-Cola” han sido escuchadas por todos nosotros, apagando nuestra sed desde pequeños. Su nacimiento se debe al afán de encontrar una bebida que mitigara la fatiga y redujera el cansancio. Una bebida que, en definitiva, facilitara la digestión.

A día de hoy México es uno de los principales consumidores de Coca-Cola del mundo. Sus habitantes llegan a beber más de 600 litros al año. Pero nunca seremos responsables de los efectos que causa. En el momento de entrar en el cuerpo, la lata provoca la incorporación al organismo del equivalente a diez cucharadas de azúcar. El ácido fosfórico que contiene evita que expulses lo ingerido. La tensión aumenta, después de estimular los niveles de glucosa haciendo que la insulina eleve su proporción. La Coca-Cola actúa de la misma forma que la HEROÍNA, facilitando un aumento del placer en el individuo. El cuerpo resiste en alerta después de inhibir las enzimas que originan el sueño y la sensación de euforia se apodera del sujeto.

Esto compromete la digestión, ya que elementos tales como el magnesio o el calcio -que resultan necesarios para el cuerpo- son eliminados por la orina, obligándolo a perder su equilibrio y provocando un déficit que conlleva un riesgo de enfermedad. El ASPARTAMO o el ciclamato sódico son ingredientes altamente perjudiciales, que al combinarse pueden desencadenar ceguera o importantes trastornos físicos.

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