Ribadelago y el lago de Sanabria

El pequeño pueblo de Ribadelago pertenece a la provincia de Zamora, está situado en la comarca de Sanabria 

El pueblo lo fundaron unos frailes cordobeses que pertenecían a la Orden del Abad Juan. Tenía una población de 549 habitantes, en su mayoría dedicados a la agricultura y la ganadería. Los fundadores, asentaron el pueblo en la ribera superior del lago de Sanabria, sobre la aparición del mismo existe una leyenda. 

La leyenda del lago de Sanabria

En el lugar que en la actualidad ocupa el lago, existió un pueblo que tenía el nombre de Villaverde de Lucerna. La leyenda, comienza el día en el que en el pueblo recibió la visita de un mendigo que pedía limosna. En todas las casas le cerraron la puerta, menos unas mujeres que estaban haciendo pan en aquél momento y que no dudaron en ofrecerle algo de comer. Metieron un trozo de masa en el horno para hacer el pan, pero este creció tanto que tuvieron que cortarlo para poderlo sacar, metieron un trozo más pequeño y el pan creció más que el anterior. Cuando el mendigo había saciado el hambre decidió castigar al pueblo. Les dijo a las mujeres que había pensado en anegar el pueblo, a ellas les dio tiempo a escapar a un lugar más elevado. Entonces el mendigo pronunció las siguientes palabras: "Aquí finco mi bastón, aquí nazca un gargallón, aquí finco mi espada, aquí nazca un garrgallón de agua". Después de decirlo, de la tierra surgió un enorme surtidor de agua, el pueblo quedó anegado, menos una isla a la que nunca afectan las crecidas y, que era el lugar en el que estaba situado el horno donde las mujeres habían cocido el pan, para socorrer al mendigo. 

La tragedia de Ribadelago

La noche del 9 de Enero de 1959, hacia mucho frío, tanto que los termómetros llegaron a marcar 18 grados bajo cero. Todos los habitantes estaban en sus casas protegiéndose del intenso frío.

Pero, la tranquilidad que vivían los habitantes del pueblo, no era la misma que tenían los responsables de la cercana presa de Vega de Tera, ya que las intensas lluvias que habían caído días anteriores, habían puesto al dique al límite de su capacidad. Lo más importante en aquél momento era desembalsar el agua, pero no era fácil puesto que había que abrir a mano, una compuerta a la que solo se podía llegar a través de una coronisa de cemento que no tenía ninguna protección, a lo que había que añadir que estaba helada y el viento la azotaba con intensidad. Después de numerosos esfuerzos pudieron abrirla, pero no mucho ya que estaba helada al igual que el agua. A eso había que añadir la mala calidad de los materiales, algo que todos sabían pero que ninguno decían. El resultado fue que el hormigón no resistió la presión del agua, se abrió un boquete por el que salieron 8 millones de metros de agua. Algunos habitantes oyeron la avalancha y tuvieron tiempo para escapar, pero el resto fue arrastrado por el agua hasta el fondo del lago. Murieron 144 personas, el resto de habitantes  junto al pueblo todavía están sin rescatar en el fondo del lago de Sanabria. 

 

 

 

 

 


Ribadelago y el lago de Sanabria

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