El retrato de Dorian Gray

Introducción

El retrato de Dorian Gray fue la única novela del genial Oscar Wilde, más conocido por sus obras de teatro y su poesía. Desde que se publicara por primera vez en 1890, Dorian Gray y su retrato se han apoderado de la imaginación popular, podría decirse que siempre ha sido un personaje atractivo a los ojos de los lectores, supongo que debido al juego que plantea el escritor: vender el alma al diablo con el fin de obtener placeres terrenales y sus desastrosas consecuencias. La versión que plantea Oscar Wilde sobre este tema, expuesto en otras obras como por ejemplo Fausto, de Goethe, es particularmente notable al relacionarlo con la alta burguesía inglesa de finales del siglo XIX y su estilo de vida hedonista. Esta sociedad apreciaba la belleza estética por encima de todo lo demás, significaba placer y no importaban las consecuencias morales que esta búsqueda pudiera tener.

La novela desató un escándalo entre los críticos de la época, que la percibieron como una muestra de la inmoralidad innata de Oscar Wilde; y, sin embargo, El retrato de Dorian Gray revela la filosofía del escritor, más que cualquiera de sus obras, y su lectura supone una clave esencial para comprender su visión artística en conjunto.

El retrato de Dorian Gray narra la historia de seducción de un joven hermoso e inocente, su corrupción moral y su caída, que se inicia con la presentación de los tres personajes principal en el primer capítulo de la novela. Basil Hallward, el pintor, y Lord Henry Wotton, un poderoso vividor, que discuten cuan perfecto es el joven Dorian Gray y sobre si esa perfección no es fácilmente corruptible.

Aunque el artista se niega a presentar a Dorian a su amigo, estos acaban por encontrarse. En el transcurso de un día, y gracias a la carismática personalidad del burgués Lord Henry, Dorian cambia su perspectiva del mundo y empieza a ver la vida como lo hace su admirado Henry Wotton; es decir, como una sucesión de placeres en la que las preguntas acerca del bien y del mal no tienen lugar.

Dorian Gray y sus dualidades

El personaje de Dorian Gray contiene tantas contradicciones que, en ocasiones, se nos escapan sin llegar a comprenderlas. Es bueno, malo, hermoso y horrible, es perfecto y al mismo tiempo deficiente, pero lo más importante es que es un ser humano y también un retrato, un reflejo visible del estado de su alma.

Aunque la mayoría de nosotros sepamos que hay mucho más allá de una cara bonita, Dorian Gray sólo se valora como un objeto ornamental. Tras ver el retrato que pinta Basil Hallward, identifica su belleza como si esta fuera toda su calidad humana sin tener en cuenta que su verdadera valía reside en su inocencia y bondad, y mientras sigua siendo bello, a nadie le importa lo que ocurra bajo la superficie. A fin de cuentas, no podemos olvidar que sus relaciones sociales están basadas en su perfección, algo que contribuye a fortalecer la equiparación entre la belleza interior y la exterior: la gente que le rodea no es capaz de apreciar el siniestro cambio que se da en el alma de Dorian Gray y no pueden creer los rumores que circulan por Londres de tan adorable criatura.

La eterna juventud es algo con lo que todo el mundo sueña y que nadie -excepto Dorian Gray- logra. Después de todo, la juventud se acompaña de belleza, de fuerza y de emoción y renunciar a ellas no es un plato de buen gusto. Es por eso que Dorian decide vender su alma, volcarla en el retrato, y mantenerse siempre joven. Para nuestro protagonista, es lo más importante y perderlas es impensable.

Pero mientras el aspecto del joven no cambia, el Dorian Gray que Basil Hallward pinta se corrompe. Todos sus delitos y faltas se reflejan en el lienzo, cuyo rostro envejece y deforma a medida que Dorian avanza por los placeres que Lord Henry le muestra. La depravación de sus actos, siempre presente en el retrato, lejos de convencer al joven de un cambio, consiguen aumentar su placer cada vez que mira la obra de arte. Aunque oculta el cuadro por temor a ser descubierto, Dorian Gray no siente ni un atisbo de culpa.

Cabe destacar que todos los personajes que aparecen en El retrato de Dorian Gray tienen su propia escala moral, hecho que da como resultado mundos en los que no están seguros de lo que está bien o mal. Aunque el asesinato de Basil Hallward, y su posterior descomposición química por orden del joven, sea definitivament un acto malvado, la gracia de estos personajes es que cada uno de ellos tiene una manera de ajustar sus códigos éticos personales para satisfacer sus propias necesidades, y al final acabamos por verlo como una cosecuencia natural.

Aunque para estos personajes no exista ningún recordatorio moral, Dorian Gray cuenta con su retrato, el símbolo principal de la novela: el cuadro representa el interior del joven, es la imagen de su verdadera naturaleza y a medida que el alma de Dorian se corrompe, la imagen del lienzo se vuelve cada vez más grotesca, se convierte en una especie de conciencia, y no consigue librarse de su influencia ni escapar de su propia mortalidad.

Un concepto clave, relacionado con el tema del bien y del mal, es el de la inocencia y el doble trato que recibe en la novela. En un primer momento, Oscar Wilde la presenta como la más alta de las virtudes, a medida que avanzamos en la lectura nos damos cuenta; y a pesar de ello también nos dice que la inocencia no es tan perfecta como debería. El escritor nos transmite una incómoda sensación, como si la pureza no existiera, y Dorian Gray, que al principio aparece como la más inocente y pura de las criaturas, acaba por transformarse en un ser malvado y carente de moral.

Lord Henry y el libro amarillo: malas influencias

Pero, ¿cómo llega Dorian Gray a tal deformación interior? ¿En qué momento comienza la transformación de su alma? Algunos podrían contestar esa pregunta con sencillez: dentro de cada alma inocente se encuentra un duende malvado que desespera por salir. Y, aunque aparentemente tengan razón, la explicación siempre puede ir un poco más allá. El libro amarillo que Lord Henry regala a Dorian, una clara referencia al À rebours de J.K. Huysmans, representa la influencia que el adulto ejerce sobre el joven en una especie de experimento que finalmente resulta bien.

El mensaje hedonista y decadente que se desprende del relato de Huysmans, cuyo protagonista dedica su vida a la búsqueda de sensaciones estéticas sin importar lo que suceda, intoxica a Dorian Gray, que lo toma como guía bajo el beneplácito y la satisfacción de Lord Henry.

El retrato de Dorian Gray y la Inglaterra hedonista

El retrato de Dorian Gray se desarrolla en pleno apogeo del movimiento decadente de finales del siglo XIX, así que el joven Dorian es contemporáneo de Oscar Wilde. Fiel defensor de esta tendencia iniciada en Francia, el escritor muestra la influencia gala a lo largo de toda la novela bien de forma directa, como por ejemplo con el poema de Gautier del capítulo catorce; o bien indirectamente a través de un Dorian Gray extravagante en el vestir. El contraste entre las estrictas normas sociales de la clase media, mojigata según los cánones de la era victoriana, y los pecados y corruptelas de los ricos hizo que el relato de oscar Wilde fuera uno de los más atrevidos y criticados del momento.

Podríamos decir que El retrato de Dorian Gray es una interesante combinación de elementos. Oscar Wilde teje una novela de terror al más puro estilo de Edgar Allan Poe, llena de simbología y de alegorías, sobre todo en las descripciones del retrato o a través de la desaparición y muerte de Basil Hallward; pero también contiene una parte literaria, muy adornada, si consideramos el empeño del escritor en mostrar los pensamientos de Dorian.

Así pues, lo que realmente importa no es acerca de los acontecimientos sino del mensaje que transmite: nadie puede salir indemne de todo, ni siquiera Dorian Gray, cuya muerte se presenta como una especie de castigo divino en pago de todos sus crímenes.

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