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El retorno tras la emigración o ¿por qué los emigrantes no retornan?

A lo largo de la historia de la Humanidad, es común encontrarse con oleadas de emigraciones en las distintas épocas, generaciones y siglos. Las razones para este movimiento demográfico igualmente se repiten. Éstas, las razones para una migración, pueden darse por distintos aspectos:

- Políticos

- Socioculturales

- Laborales

- Económicos

- Por amor o

- Curiosidad, querer experimentar simplemente un cambio.

Son muchas las personas que, desde una situación de hambre y miseria, hayan decidido abandonar su hogar e, incluso, su patria y entorno familiar para probar suerte en otro lugar, debido a que no tuvieron nada que perder, pero mucho que ganar a pesar de que tal decisión siempre puede resultar arriesgada. Nunca podemos saber de antemano lo que el futuro nos depara. Aprender a adaptarse y a integrarse no es fácil, mas no imposible. Muchos lo consiguen, pero siempre habrá a quien le cueste más que a otro.

No obstante, una vez que el emigrante se establezca en su nuevo hogar, éste se convierte, en la mayoría de los casos, en su nueva o segunda casa. La ADAPTACION llega a tal grado de profundidad que, aunque se añore hasta cierto punto el pasado, la mayoría de las personas que hayan emigrado no se imaginan regresar definitivamente a sus orígenes. Tal vez sí para pasar unas vacaciones o un reencuentro con la familia, pero siempre de corta estancia. En realidad, son muy pocas las personas que deciden regresar definitivamente tras haber resuelto sus problemas que le llevaran a abandonar su casa.

Ante esta situación surge la siguiente pregunta: ¿POR QUÉ NO REGRESAMOS?

Basándome en mi propia experiencia y en aquella que compartí con varias personas en situación semejante, puedo afirmar que, aunque se decidiera regresar al lugar de origen, la situación con la cual nos encontramos nunca volverá a ser igual como antes. Integrarse de nuevo en la sociedad a la cual una persona pertenecía durante una época anterior se convierte en un hecho bastante difícil por no decir casi imposible. Se asemeja a volver a comenzar desde cero.

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¿Qué es lo que cambia?

En primer lugar, el entorno. La familia y amigos, aunque contentos por el regreso y de la presencia del (nuevo) miembro que se había ido y ha regresado, no suplen la ausencia que han vivido durante el período que duraba la emigración. Hay un lapso de tiempo en el que han ocurrido vivencias o experiencias en la cual uno, como retornado, no ha participado, por lo cual queda un poco al margen de los hechos, mientras aumenta más la conspiración entre aquellos que nunca se habían ido. En circunstancias, se llega a sentir incluso un poco excluido o al margen de los hechos.

Además, estas personas, que nunca han salido de su entorno, desconocen lo que significa vivir en otro país, aprender otro idioma o comenzar de nuevo desde la raíz. Por lo tanto, en muchas ocasiones no comprenden las experiencias vividas del emigrante, por mucho que éste intente explicar sus vivencias. Queda como un aventurero. El contraste entre las personas que no conocen otra cosa que su propio país y aquél que vivió en diferentes países abre una brecha enorme entre las personas.

En segundo lugar, el emigrante aprende tantas cosas al emigrar, entre vencer miedos y temores, otros idiomas, costumbres y culturas, que choca a la hora de volver a sus orígenes, debido a que es difícil de compartir las vivencias que otros desconocen. Se afrontan, más bien, a incomprensión y, en ocasiones, a ENVIDIA. Exactamente, envidia por parte de aquellas personas que tal vez hubiesen querido emigrar también para abrir sus horizontes, pero no hallaron el valor de empezar de nuevo, de separarse de sus familias y amigos, que creían en que lo que iban a perder era mayor que aquello con lo que se iban a encontrar.

Cuando intentas regresar, los antiguos amigos tal vez te darán la bienvenida, dirán de estar contentos de volver a tenerte entre ellos, comenzarán a formular preguntas de curiosidad, preguntas como: ¿dónde has estado? ¿Qué has hecho durante todo este tiempo? ¿Cómo te ha ido? O ¿por qué has vuelto? No obstante, una vez saciada la primera curiosidad, seguirán haciendo su vida como han hecho durante toda tu ausencia. Parece que les es más fácil acostumbrarse a tu ausencia que a tu regreso. Y, como ellos no cuentan con las mismas experiencias ni se imaginan pasar por ellas, con el tiempo la relación o la amistad se va enfriando.

Como conclusión se puede afirmar que el emigrante adquiere una personalidad múltiple y que solamente puede compartirla con personas que se han aventurado a llevar una vida parecida. Mientras aquellos que nunca se han aventurado pueden llegar a llamar al emigrante cobarde por no haberse enfrentado a sus problemas en su propio país y salió huyendo como un fugitivo, el emigrante en cambio vio la única respuesta o solución a sus problemas en la emigración y enriqueció de este modo su vida.

La emigración es, finalmente, un reto que no todas las personas están dispuestas a afrontar. Pero puedo afirmar que abre los HORIZONTES.

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