Si por definiciones conceptuales, cuantitativamente hablando, nos referimos a la palabra AMOR, las tiene todas en infinidad; más que seres ha habido, hay y habrá en todos los mundos. Claro, porque el amor es Dios. Y Dios ¿qué es?; La Existencia, indescriptible e indefinible para la mente humana dentro de ella. Para la mente humana es inconcebible “La Existencia”, por la aberración que como existencia entiende; nuestra mente nos concibe como existencia al igual que a todo lo que nos rodea, no entiende que lo perecedero no existe sino que solamente está. Cuando por nuestra limitación no es posible entender, entra en juego el sentir (no la emoción); y con el sentir se puede llegar a entender lo que con el entendimiento no (como tampoco es posible entender esta exposición con el entendimiento). Siendo Dios realmente inimaginable para la mente humana (las finitas imágenes corpóreas de Dios que en determinados momentos podemos tener no son Dios ciertamente), el amor es inimaginable también (siendo que es lo mismo Dios que Amor). El amor, en cada persona, como finita en este plano, es la concepción de sus sentimientos (incluidas las emociones) y seguirá siempre siendo lo que es: Dios. ¿Qué ser humano puede liberarse de sentimientos y emociones? (sólo en los momentos de meditación profunda, pero nunca definitiva ni indefinidamente mientras cuerpo físico posea). El amor es una de las infinitas expresiones de Dios (de lo que es Dios) que se nos ofrece como recurso gradual para sentir a Dios; recurso gradual porque, cual escala tonal infinita, requiere comenzar desde lo infinitamente más bajo hasta lo infinitamente más alto (asusta, ¿verdad?) ¿Qué no es Dios? ¡Dios es todo!. Conocer a Dios es el objetivo, el amor es su expresión (él mismo) mediante la cual ello se facilita; el objetivo no es conocer al amor a través de Dios sino a Dios a través del amor. ¿Entonces…?, todo es amor porque todo es Dios. Siendo Dios todo, también es nosotros (aunque paradójicamente nosotros no somos Dios), por eso sólo nos asemejamos (eso se ve claramente muy cierto). Dios es; nosotros estamos. El estado sólo se parece al Ser, mas, nunca es igual. Conocerse a sí mismo es tan hermoso como necesario; pero ello sólo es un trampolín hacia el conocimiento del Ser (Dios). Conocerse a sí mismo es sólo conocer el estar (sólo a la semejanza de Dios, mas no a Dios genuinamente), porque conocer a Dios es conocer La Existencia y la existencia es infinita; eso en estado físico es irreal. No es real pretender conocer la infinitud del amor mediante el finito conocimiento de nuestro propio estar; iremos conociendo gradualmente el amor desde lo más pequeño y aparentemente insignificante de él. Ciertamente, la más pequeña expresión de amor es la que implica amarse a sí mismo y luego, en la misma gradualidad, amar al entorno todo: personas, animales, plantas, paisajes… y todo cuanto de que natura nos proveyó. Dios es una palabra, sólo una; pero LA ETERNIDAD no cabe entre todas las palabras, tienen muy poca energía y LA ETERNIDAD es la energía toda infinitamente: es la definición suprema de “AMOR”.

Dios es Amor

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