En varias ocasiones he repetido insistentemente que la promoción de la lectura requiere de mucha pasión y entrega, así como el pleno convencimiento de que los beneficios obtenidos del leer son tantos y tan maravillosos que nada nos pueda detener. No obstante, en estos días, escuchando a mis alumnos del V Semestre de Educación, exponer la vida y obra del célebre autor de literatura infantil Armando José Sequera, tuve que reconocer que hay quienes en definitivo no les gusta leer. En palabras del propio autor, a quienes mis alumnos diligentemente contactaron por e mail: “La lectura no es para todos. Su deber como docentes es como el del rescatista después de una catástrofe, salvar a los que puedan y a los que quieran ser salvados. Pues así como hay quienes les gusta la coca-cola, la pasta, hay quienes de ningún modo les gusta leer.” Debo confesar que mi primera reacción fue de incredulidad: no podía aceptar que alguien tan brillante, pero sobre todo tan leído en nuestro país, afirmara que salváramos sólo a quienes quisieran ser salvados, pero luego de una profunda reflexión, reconozco que tiene razón. Y aunque pueda sonar contradictorio, es importante respetar los gustos de los demás, aún cuando esa inclinación no sea de nuestro agrado. Para mí, todo el mundo debería leer y mucho. Considero que es un medio liberador, capaz de trasladarnos o tele transportarnos -como diría Echeto en su columna- a otros mundos, generador de nuevos e infinitos saberes, alimentador de la fantasía y la imaginación, pero….Ahora bien, cabe preguntarnos si ¿Aquellas palabras de Sequera no serán un estrategia de animación? Porque recordemos que su famosa “Teresa” se caracteriza por el humor y el doble sentido. ¿Será acaso que su discurso, como muchos otros que definen su obra, es paradójico y más bien lo que quiere es que todos los niños de Venezuela les guste, como la coca-cola y los pepitos, leer, leer y leer? También cabría plantearse que si lo dicho por él es cierto, entonces todavía nos quedan muchos por salvar! Que esperan ansiosos que les llevemos la plenitud y aventuras que los libros ofrecen. Que requieren una tabla de salvación para tanto caos y tragedia diaria. Que sueñan con poder evadirse de una realidad avasallante y devoradora. Transformarla en mundos paralelos llenos de ogros, goajiros, hadas, duendes, piratas, reyes, princesas, aldeanos, vaqueanos, yanomamis, elfos, detectives, así como niñas tan dulces y preguntonas como “Teresa”.

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: