Reseña de los dislates de Alberto

Con indolencia recostado de su auto, con un cigarrillo entre los labios, su rostro no dejaba traslucir ninguna expresión en particular, si acaso denotaba una actitud neutra, desinteresada de todo lo que ocurría en su rededor. Por la acera de enfrente se acercaban un grupo de estudiantes que; entre risas, manotazos, y jaleos se divertían de lo lindo aparentemente. Alberto que así se llama el protagonista de nuestra historia, de pronto se sintió trasladado a la época en que el, siendo estudiante, obviamente se divertía de la misma manera o parecida, como el grupo de muchachos que, en este momento le pasaban por el frente.

Estaba por terminar su cigarrillo, dirigió la mirada distraídamente avenida abajo, antes de tirar la colilla del cigarrillo y meterse dentro de su automóvil, con el pensamiento de dirigirse al apartamento donde habitaba a unos cientos de metros más allá.

Tenía poco tiempo viviendo en esta pequeña ciudad, donde lo había destinado la empresa comercializadora para la cual trabajaba, como agente de ventas, para crear una nueva cartera de clientes en la misma y, localidades vecinas. Una ciudad de provincia, muy sana y tranquila, de la cual; Alberto, tenía una opinión bastante favorable, por ser cuna de buena cantidad de mujeres bonitas, esa notable cualidad trascendía los límites de la región. Estos pensamientos pasaron raudamente por su mente, en segundos. ¡Y, lo que es la vida! Para refrendar las cualidades de sus enjundiosos pensamientos con respecto a la ciudad. En ese momento le pasa por enfrente; la chica más linda por sus ojos vista, de mediana estatura, su cuerpo, una delicada escultura, a la que nada le faltaba.

chica linda

La aparición

Vestía, un ajustado vestido amarillo pálido, calzado de medio tacón. Sin embargo no pudo detallar su rostro, si lo hubiera hecho, su admiración fuera subido en grado superlativo. Su faz ocarina, de blanca piel aterciopelada, enmarcada por una mata de pelo muy negro, cejas arqueadas, grandes ojos marrones, nariz recta, rematada en una boca grande de labios bien delineados y gordesuelos, muy rojos.

Ella caminaba con paso seguro, ajena al efecto causado por su persona en el ánimo de Alberto, sin mirar a ninguna parte. Su caminar; un suave contoneo de caderas, como una palmera mecida por el viento. Él, de pronto echó a caminar en pos de ella, sin darse cuenta, sin ningún fin en sí mismo, iba como un poseso, sin voluntad ni dirección.

La muchacha se detiene brevemente y entra en una cafetería que está en su camino. Alberto llega dos segundos después y mira a través de la puerta encristalada al interior del local y, la mira hablando con el hombre detrás del mostrador, asiente; y luego se dirige a una mesa cercana, tomando asiento. Nuestro hombre empuja la puerta encristalada y va directamente a la barra.

–Diciendo- ¿que ordenó la señorita?

- El hombre detrás de la barra- ¿conoce usted a la dama?

–Por supuesto, miente descaradamente- ordenó un café- Alberto- yo le sirvo- cómo guste-

-Toma el café y se dirige a la mesa, de la niña bonita-

Buenas tardes- su orden- poniendo de seguidas la taza de café en frente de la bonita mujer-

Las incognitas

Se queda parado frente a la hermosa joven- -piensa- de cerca es más linda, que ojos, qué toda ella-A la muchacha le baila una sonrisa en el fondo de las pupilas- No pronuncia palabra alguna- Solo toma un sorbo de café-

-Alberto- ¿me puedo sentar?- no espera respuesta y toma asiento frente a ella- Ella no dice nada, entreabriendo sus labios con una tenue sonrisa- Lo mira especulativamente, como preguntando; quien eres, que te trajo hasta acá-

El hombre entrecierra los ojos y farfulla, me llamo Alberto, soy nuevo en esta ciudad, no tengo amigos, conocidos, nada-

La linda niña hace un rictus con sus labios y aprieta sus manos, una contra otra- Se produce un pesado silencio, tan pesado que parece no romperse con nada-

La muchacha mira de reojo su diminuto reloj pulsera, dibuja una delicada sonrisa, se pone de pie, y le tiende la mano- Él la toma entre las suyas y murmura- Eres adorable- Ella ríe ahora abiertamente, rescata su mano, da media vuelta y se dirige a la salida del local-

-Alberto, se entretiene unos segundos pagando la consumición, y luego sale apresuradamente de la cafetería, viendo a lo lejos la silueta amarillo pálido adentrándose en la pequeña plaza del lugar- Alberto camina con premura en esa dirección- Se detiene ya en la plaza mira a todos lados buscando a la muchacha-

-¡Y la mira!

En un ángulo de la misma, colgada del cuello de un hombre joven, alto, bien parecido- Se queda inmóvil, estático, inerme, siente que el mundo se hunde a sus pies-

-Ella le queda de frente-

-A la distancia, le obsequia una sonrisa, acompañada de una mirada preñada de oscuras incógnitas-

mancha1

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