RESCATE IMPOBLE SEGUNDA PARTE

 

Al día siguiente se levantó muy temprano .Por estar preocupado con la enfermedad de su hija no había tenido tiempo para arreglar su casa. Después de terminar con sus quehaceres, subió a su carro y se dirigió a la casa de Roni. Había pasado mucho tiempo sin que supieran el uno del otro y esto hacia más difícil el encuentro, pero como necesitaba con urgencia el dinero, tuvo que armarse de valor y enfrentar su timidez.

Al llegar a la casa un empleado abrió la reja para que entrara. Después de parquear el carro se dirigió hacia la puerta. Un guardia le había dicho que Roni se encontraba en casa, así que tocó la puerta y una empleada salió. Como lo conocía lo invitó a entrar.

Roni y su familia se encontraban en el comedor. Cuando lo miró se levantó de su asiento y fue a saludarlo. Luego lo invitó a desayunar.

Roni no estaba bien físicamente. Había sufrido un accidente y se recuperaba de sus heridas. Como no habían tratado con Keyn desde hacia algún tiempo, no sabia lo de la enfermedad de su hija, ni Keyn sabía sobre el accidente que había tenido él. Se enteró al momento de entrar a su casa cuando se levantó con dificultad de su asiento, apoyado por un bastón.

Cuando terminaron el desayuno Keyn le dijo a Roni:—Me gustaría hablar contigo.

Como entendió que era en privado le dijo:—Salgamos. Y tomando el bastón salieron de la casa. Mientras se paseaban por el jardín Roni le preguntó:—De que quieres hablar.

Cruzando los dedos para que no le negara la ayuda, le comentó sobre el problema que tenía y sobre el dinero que necesitaba.

Sin imaginarse la cantidad le preguntó: —Y cuanto necesitas.

Su corazón se sobre saltó emocionado al escuchar esas halagadoras palabras, pero cuando le menciono la cantidad se quedo callado. Lo que había presupuestado no alcanzaba para cubrir semejante monto.

—Es mucho dinero y no tengo esa cantidad.

Desilusionado por la respuesta inesperada, bajó la cabeza.

—No te preocupes. Sé los problemas que has tenido. Además, tienes razón, es mucho dinero y cualquiera no lo tiene a mano.

Al mirarlo con lágrimas en los ojos, le puso la mano en el hombro. Impotente por no poder ayudarlo expresó:

—Si yo tuviera ese dinero con mucho gusto te lo prestaría.

Luego le sugirió:

—Porque no vas donde nuestro jefe, él puede ayudarte.

Keyn le informó que ya estuvo allá y nada logró porque ya no trabajaba para ellos.

Después del dialogo se despidió de Roni y se dirigió hacia donde estaba el carro.

Cuando se aprestaba a subir, Roni se acordó que el comandante Michel Smid, le había pedido que consiguiera una persona para realizar un trabajo fuera del país. Lo llamó, y apoyándose en su bordón le dijo:—Si quieres tengo un trabajo para ti.

Después de escuchar la explicación Keyn respondió;—Sabes que yo no hago ese tipo de trabajos.

Como sabia que necesitaba con urgencia el dinero le insistió;

—Esta dispuesto a pagar lo que sea. Necesita una sola persona para que haga el trabajo y tú eres el indicado.

—No puedo. Se lo prometí a mi esposa antes de morir y tú lo sabes, replicó Keyn.

Roni no insistió porque no quería aprovecharse de la situación en la que se encontraba. Le dijo que lo pensara.

Mientras se dirigía a la clínica recordaba la propuesta de Roni. Sabia que no tenía más a quien recurrir y este era el único camino que le quedaba, pero no podía aceptar un trabajo tan peligroso, puesto que su hija lo necesitaba en estos momentos y no podía arriesgarse y dejarla sola. Pensando en todo esto, desistió de la idea de aceptar ese trabajo.

Llegó un poco triste a la clínica y se dirigió al cuarto donde tenían internada a su hija. Cuando lo vio atravesar la puerta, su puso muy contenta. Estaba feliz porque el medico le había dicho que había conseguido el donante y que solo se necesitaba costear la operación.

Le preguntó sobre el dinero. Keyn, que la miraba a través de su encierro de invernadero, al ver su cara de angustia esperando una respuesta positiva sintió que se le partía el corazón y no tuvo más remedió que decirle que ya lo había conseguido. Se alegró al escuchar la buena noticia, pues llevaba muchos días en la clínica y quería que la operación se realizara pronto.

Ella preguntó cuándo me operarían.

—Precisamente en estos momentos hablaré con el médico, le respondió.

Su corazón estaba destrozado. No sabia si había hecho bien o mal con la mentira, pero la circunstancia lo había obligado y ahora se encontraba en una encrucijada para cumplir con su palabra.

Pensó en la propuesta de Roni, pero la promesa que le había hecho a su esposa antes de morir también rondaba por su cabeza y no sabia que hacer. Cuando entró al consultorio, el médico le informó que ya había conseguido el donante. Hubiera sido una de las mejores noticias en ese día pero no lo era.

—Le dije que era mucho dinero y que no le sería fácil conseguirlo, dijo el Médico observando la expresión triste de su rostro.

Decidido a hacer lo que sea para salvar a su hija, ordenó;

—Prepare todo para la operación. Yo conseguiré el dinero. Y salió del consultorio.

Mientras conducía hacia su casa se decía así mismo;—No dejaré que mi hija muera, prefiero ser el muerto yo y no ella.

Al llegar ya había tomado una decisión. Levantó el teléfono, pero no tuvo fuerzas para marcar. El recuerdo de su esposa pidiéndole que nunca dejara a su hija sola venía una y otra vez a su mente. No sabia que hacer. Alcanzó una botella de licor y con desesperación tomó un trago, luego otro, y regresó al teléfono. Decidido a terminar de una vez con su calvario marcó y esperó a que contestaran. Pero no respondieron, colgó y siguió esperando. Mientras se paseaba de un lado a otro en medio de la sala, recordaba a su esposa bañada en lágrimas pidiéndole que le prometiera que nunca volvería a trabajar para el gobierno. Acosado por estos recuerdos y luego de tomarse unos cuantos tragos, volvió a marcar.

Esta vez Roni contestó. Estaba un tanto sorprendido por la llamada, ya que no esperaba una decisión tan pronto.

—He decidido aceptar tu propuesta, prepara todo para mañana, le dijo.

Las circunstancias lo habían obligado a tomar una decisión en contra de su conciencia.

Roni insistió en que no colgara, pues estaba sorprendido que no le hubiera preguntado nada sobre el trabajo que tendría que realizar. Como se dio cuenta que había tomado licor le preguntó:—Estas bien¿.

Con la botella en la mano le respondió:—Estoy bien.— Luego colgó.

Roni se quedo muy preocupado al darse cuenta que estaba tomando. Lo conocía desde hacía mucho tiempo y nuca lo había visto ebrio. Así que no tomó en serio la decisión y prefirió esperar hasta el día siguiente para confirmar. Al otro día, muy de mañana, Roni habló con Keyn.

Cuando estuvo seguro, llamó al comandante y le dio la buena nueva. Este se alegró al saber que su amigo Roni había conseguido la persona capacitada para esta misión. Durante muchos días había esperado ésta noticia.

Como el plazo dado se vencía no quiso esperar, y pidió a Roni que vaya a su casa para que le explique de quien se trataba, pues deseaba conocer de antemano sus antecedentes, ya que no quería a cualquier persona en esta misión. Conocía muy bien a su enemigo, por lo que necesitaba una persona que pudiera enfrentar a su adversario y rescatar a su hija. Roni le entregó la hoja de vida y el comandante quedó complacido. No dudó de la confianza que Roni tenía en su hombre, pero cuando supo que estaba retirado hacia mucho tiempo, dudó. Roni insistió, pues se trataba de ayudar su amigo, y logró que lo acepte. El comandante pidió que lo citara para hablar con él. Pero no quería que nadie lo supiera por tanto le sugirió que se entrevistaran en el parque, en las afueras de la ciudad. Fijaron una hora.

La misión era secreta, no quería que lo relacionaran con Roni, ni con ningún miembro de su organización, pues tenía temor que lo vigilaran.

Roni salió de hablar con el comandante y se dirigió a casa de Keyn. Quería enterarlo de todo, y saber si estaba consiente de lo que haría, ya que la noche anterior lo había dejado muy preocupado al no mostrarle mucho interés y eso no le gustó. El comandante prefería una persona que no llevara mucho tiempo retirada y esto lo había puesto a pensar.

Ya en casa de Keyn lo primero que hizo fue recriminarlo por la borrachera de la noche anterior, aunque entendía los motivos por los cuales lo había hecho. Como no tenía mucho tiempo le preguntó si estaba seguro de querer hacer el trabajo.

La decisión no había sido fácil, por eso no le ocultó los motivos que tenía para hacerlo y esto era lo que preocupaba a Roni quien trató de explicarle lo que tendría que hacer.

Cuando escuchó que era un comandante quien requería sus servicios le dijo a Roni:

—Espera, espera. Creí haberte escuchado que era particular la persona para la cual voy a trabajar.

Entendió que se sorprendió al escuchar la palabra comandante y trató de explicarle que aunque pertenecía al gobierno, la misiòn a realizar sería particular y que el comandante había pedido que fuera lo más secreta posible para no poner en peligro la vida de su hija. El secuestrador lo había amenazado con matarla si llamaba a la policía o intentaba un rescate por otro medio.

Las explicaciones de Roni lo convencieron, pero sabia que el trabajo no sería fácil. Era muy poca la información que Roni le había proporcionado y no sería mucha la que el comandante le daría. Keyn confiaba en Roni, sabia que él no permitiría que fuera a una misión de la cual no podría regresar y así se lo hizo saber.

Visitó a su hija en la clínica y se dirigió al lugar de la cita. Después de presentarlos el comandante sacó una carpeta con papeles y le entregó a Keyn diciéndole; —Ahí está lo que necesita saber del maldito que tiene secuestrada a mi hija.

Leyó a vuelo de pájaro algunos papeles pero consideró que eso no era suficiente.

El comandante le había entregado información con respecto a San John y lo que decía el informe no era muy alentador. Sabía que debía leerlo con más detenimiento. Cerró la carpeta y preguntó:--Esto es todo¿

El comandante, que confiaba en que haría bien el trabajo, contestó;—Claro que no. Esto es solo para que te informes de la persona que secuestró a mi hija. La información sobre el lugar donde la tiene te la dará alguien que le a hecho el seguimiento desde el día en que me informaron del secuestro.

Satisfecho con la información no preguntó mas.

Se le había dicho que la persona con la cual se contactaría le conseguiría lo que necesite, ya que no podría llevar nada por motivos de seguridad. Cuando terminaron de hablar de la misión Keyn le dijo al comandante:

—Usted debe saber porqué lo hago.

Roni se despidió de Keyn y se dirigió a su carro, no sin antes desearle buena suerte.

Para que no se preocupara Roni se hizo cargo de todo. Le prometió que se encargaría de hacer lo necesario para que la operación se realizara lo más pronto posible. Como el donante ya lo habían conseguido, solo se necesitaba el dinero para costear la operación y ya lo tenía.

Contento se fue a su casa. Ahora solo tendría que hablar con el medico que la atendía para que le confirmara cuando se realizaría la operación.

En su casa estudió detenidamente la información que el comandante le había entregado. Recordó que nada de lo recibido podía llevar por motivos de seguridad. Esto no lo entendía muy bien, solo después de estudiar el informe lo entendió. San John había pertenecido a una central de inteligencia de ese país y como todavía tenía influencias en esa organización no debía llevar nada que lo relacionara con él.

Fue a visitar a la cuñada a su casa para pedirle que se encargue de su hija mientras él viajaba, ya que ella, desde que nació, se había encargado de ayudarla y era como su madre.

Al salir y verlo apoyado sobre la pared se sorprendió y pensó que algo malo le había pasado a su sobrina en la clínica.

La enfermedad de su sobrina los había vuelto a unir y la esperanza que había perdido de ocupar el lugar de su hermana volvía a revivir. Desde el día que su hermana había muerto ella se había ido a vivir a la casa de Keyn y se había dedicado a criar a su sobrina como si fuera hija suya. Esperando que se fijara en ella, lo que nunca paso, pues él en todo el tiempo que ella había estado a su lado nunca la había mirado como a una mujer y ella no había podido demostrarle el gran amor que sentía por él. Pues su recatado pudor no le permitía ir mas allá de un beso amistoso y por eso, él no entendía lo que ella sentía por él. Por eso al saber que tenía que salir del país a realizar un trabajo por el dinero que necesitaba y que el trabajo era muy peligroso, sus azules ojos se inundaron de lagrimas y no pudo ocultar más sus sentimientos, pero justificó sus lágrimas ocultándolas detrás de su sobrina y de la promesa que le había hecho a su hermana antes de morir. Pero un fuerte abrazo significaba lo contrarió y Keyn así lo entendió. Por primera vez la miró como una mujer y no como la cuñada. Su mirada amorosa y dulce había despertado sentimientos dormidos por mucho tiempo y por un momento miró en ella a la mujer que había perdido. Pero sus problemas eran bastante grandes para estar pensando en sus sentimientos.

La hora de partir se acercaba y aún faltaba por hacer algunas gestiones. Le recomendó que se encargue de su hija si algo le sucedía y se despidió.

La lluvia arreciaba torrencialmente en esos momentos y muchas preocupaciones rondaban por su cabeza. Le habían dicho que si llegaba a caer en manos de sus enemigos no lo ayudarían, pero también le preocupaba el tener que decirle a su hija que no estaría con ella en la operación. Antes de ir a la clínica fue a la escuela a recoger unos papeles y le pidió a uno de los mejores estudiantes que se encargue de la escuela mientras duraba el viaje. Después se dirigió a la clínica para hablar con el medico y a despedirse de su hija.

Le esperaba un viaje de michas horas de vuelo. Como sabia que su pasaje solo era de ida, ya que no estaba seguro de regresar, quería asegurarse de que la persona que lo contrató cumpla con su palabra de pagar los gastos para la operación de su hija. Con la buena noticia entró al consultorio a hablar con el medico.

Este le dijo:—Ya se que consiguió el dinero para la operación de su hija.

Sorprendido le preguntó:—cómo lo sabe.

Una persona influyente habló conmigo y me dijo que no me preocupe por los gastos.

Se alegró al saber la buena noticia. No se había imaginado al comandante ocupándose tan pronto de su problema, ya que en su momento pareció no preocuparle la situación de su hija. La imagen de hombre recio y autoritario había quedado atrás. El problema estaba resuelto, ahora lo más difícil era decirle a su hija lo que haría. El médico, quien sabía de su problema, lo acompañó al cuarto de su hija para que se despida. Fue necesario sacarla de su encierro de invernadero en el cual la tenían por el avanzado estado de su enfermedad. Al saber que su padre no estaría con ella el día de la operación, se recostó sobre su hombro a llorar inconsolablemente. La escena era desgarradora para los presentes, pero no había manera de resarcir la situación. El comandante ya había cumplido con parte del trato, ahora él debía cumplir con su parte.

Al despedirse, con ternura pero con tristeza, la separó de sus brazos y le prometió que pronto regresaría. No pudo contener sus lágrimas y se apresuró a salir de la habitación. Afuera, escuchaba los gritos desesperados. Difícilmente las enfermeras la pudieron consolar, y tuvieron que recurrir a un sedante.

Era un Padre con el corazón destrozado por tener que abandonar a su hija de manera tan imprevista, pero lo hacía para salvar su vida. Ella era lo más importante y su razón de vivir.

Fue rápidamente a su casa por el pasaporte y el boleto de avión, luego se dirigió al aeropuerto con la esperanza de alcanzar el vuelo, pues estaba retrasado. Pero la fuerte lluvia que había caído había retrasado todos los vuelos, y tuvo tiempo para hacer una llamada a su cuñada para pedirle que la fuera a visitar. Luego abordó el avión que lo llevaría rumbo a Hong Kong.

Después de muchas horas de vuelo llegó a Hong Kong, se bajo del avión y recorrió el camino asta la salida. Al atravesar la puerta esperaba ver a la persona que presuntamente lo estaría esperando. Con diligencia busco entre la multitud a alguien con un cartel que tuviera su nombre, pero a nadie miró por ninguna parte. Esperó a que alguien lo recogiera como le habían dicho pero nadie preguntaba por él. Entonces decidió tomar un taxi que lo llevara a la casa del supuesto contacto. Afortunadamente el comandante le había advertido y le proporcionó la dirección en caso de que no se presentara.

Salió cargado un pequeño maletín en el cual llevaba una poca ropa y algunos objetos personales, además del pasaporte y los papeles que lo identificaban. Al salir un taxi se le acerco. Sin sospechar nada abrió la puerta y subió.

Un poco más adelante el taxista le preguntó:—Tú no eres de aquí.

Aunque no tenía cara para ser un turista que andaba de placer le dijo:—Vengo de vacaciones. Es la primera vez que lo hago y no conozco por acá. Me puedes llevar a esta dirección?. Moviendo su cabeza mientras lo miraba por el espejo retrovisor el conductor le dijo:—Sí, sé donde queda.

Mientras recorrían el camino desde el aeropuerto a la ciudad, tres hombres que se encontraban un poco más adelante levantaron la mano y el taxista paró. Uno de ellos se subió en la parte de adelante y los otros atrás, quedando Keyn en medio de los dos.

Sin decir una sola palabra el taxista siguió su marcha. Un poco más adelante dos motos con dos personas cada una y una camioneta cuatro puerta con cinco personas a bordo se le acercaron por de tras. Preocupado porque sospechaba que algo no andaba bien los observaba a través de los cristales.

Éstos solo lo miraban pero no le decían nada, ni los hombres que se habían subido al taxi le habían dicho una sola palabra asta ese momento, pero él sabia que el taxista y todos aquellos hombres se conocían entre sí. Dentro de sí pensaba—éstos solo quieren robarme, pero yo no tengo nada de valor que les pueda interesar.

Al darse cuenta que el taxi no iba para la ciudad como debía a verlo echo, sino que miró que tomo otro camino muy distinto al que él le había indicado el cual conducía hacia las montañas. Dándose cuenta de eso le dijo al taxista—ese no es el comino que va hacia la ciudad, paré que yo aquí me quedo—y haciendo un movimiento brusco intento abrir la puerta del taxi para bajarse. Pero aquellos hombres le pusieron un arma en el cuello y lo obligaron a sentarse.

Un poco preocupado porque no entendía lo que estaba pasando les dijo—que es lo que quieren, si es dinero creo que se equivocaron de cliente porque yo no tengo.

Mirándose entre ellos con caras de sorpresa porque la víctima no parecía entender porque le estaban haciendo eso, uno de ellos tomo la palabra y le dijo—no queremos tu dinero—luego le quitó el arma del cuello y volvió a su asiento.

Como no entendía los motivos por los cuales lo habían obligado a tomar un camino alterno sino era para robarlo pregunto—entonces que es lo que quieren conmigo.

Aunque se mostraban reacios a responder a su pregunta, uno de ellos le dijo—cuando lleguemos al lugar donde vamos te diremos que es lo que queremos de ti, ahora puedes callarte—y siguieron su marcha.

Como se dio cuenta que no iba a poder con todos ellos no intento escaparse, puesto que eran muchos los hombres que lo custodiaban en el recorrido, por eso mejor se quedo quieto esperando a ver que era lo que iba acontecer. Se había dado cuenta que no era para robarlo que lo llevaban, ya que si lo hubieran querido hacer lo hubieran hecho en el momento de interceptarlo en la carretera y no esperar a llevarlo tan lejos de la ciudad como lo estaban haciendo. Como todos eran hombres de aspecto oriental y por lo con siguiente expertos en artes marciales, esa fue la causa por la cual no realizó ningún intento de escape y prefirió esperar a ver que era lo que querían de él. Como lo que había sucedido era muy sospechoso, muchos pensamientos empezaron a pasar por su cabeza, pero no se mostraba preocupado ante ellos. Sin oponer resistencia acepta ir con ellos, ya que no le quedaba otra salida. El camino que habían tomado era una carretera destapada que conducía a la cima de una montaña. El terreno era bastante quebrado, a través de los cristales se podía mirar grandes peñascos y altos precipicios, que a lado y lado adornaban la estrecha carretera por donde subían. Al llegar a la cima de la montaña un hombre llamado Coisumi los estaba esperando con muchos hombres más en una casa en la cual se llevaban acabo importantes reuniones con traficantes de armas de diferentes partes del mundo. Esta casa se encontraba ubicada a las afueras de la ciudad y era custodiada por muchos hombres. Rodeando el taxi lo obligaron a bajarse y lo llevaron de inmediato donde se encontraba Coisumi. Éste era el hombre de confianza de San John y el que dirigía las operaciones sucias de trafico y contrabando de armas. Sin oponer resistencia lo llevaron a la presencia de Coisumi que se encontraba sentado detrás de un escritorio.

Uno de sus hombres le dijo—aquí esta la persona de la que le hablamos—y lo empujaba con la culata de su arma hacia la mitad de la sala.

Coisumi se quedo mirándolo por un momento, luego le preguntó—como te llamas.

Sin mostrarse nervioso ante la presencia aterradora de su enemigo le respondió—para que quieres saber como me llamo—y volteo a mirar a todos sus perros guardianes que lo custodiaban.

En ese momento uno de los hombres le dijo—mire aquí esta el maletín es de su propiedad—y se lo paso.

Coisumi lo recibió de mano de aquel hombre, lo abrió y empezó a sacar cosa por cosa. Lo primero que saco fue el pasaporte, después de leerlo lo miro y se quedo comparando la fotografía, con su apariencia física—como que te llamas San Keyn—le dijo y siguió sacando más cosas del maletín. De pronto sacó una fotografía de Katherine, sin entender como pudo haber llegado esa foto a las manos de un desconocido se quedo mirándola sorprendido, luego dijo—que mujer tan bonita. Como si no supiera quien era ella le preguntó—es tu novia.

Mirando a todos respondió—si, es mi novia, porque.

Riéndose le dijo—creo que a tu novia la conocemos—y en tono irónico les dijo a sus hombres—no es así—y les mostró la fotografía.

Todos se rieron cuando la vieron pues sabían perfectamente quien era ella, ya que ellos fueron los que la secuestraron, por lo tanto la conocían. Estos se encontraban en la sala de la casa en un cuarto muy amplio cuando les mostró la foto de ella.

Desconcertado frente a todos ellos se preguntaba—como es que la conocen, será que éstos la tienen secuestrada—y empezó a mirar hacia los lados.

Sus presentimientos no eran buenos, si lo que había sucedido asta ese momento era bastante sospechoso. Que conocieran a la persona que precisamente él había venido a rescatar lo era mucho más y esto lo puso a pensar—tengo que salir de aquí—se dijo así mismo—si no lo hago no se que aran éstos conmigo—y empezó a planear como hacerlo.

Pero la sala estaba repleta de hombres y todos estaban bien armados, detrás de él había dos hombres que lo custodiaban, otros cuatro se encuentran a los lados y cada uno tenía de a una metralleta en sus manos y otros más se encontraban a lado de Coisumi revisando su maletín. Como eran muchos sabia que no le iba hacer fácil escapar de allí. Pero antes de entrar se había dado cuenta que a la entrada habían dejado las motocicletas—solo tengo que esperar un descuido de ellos—se dijo así mismo—salir tomar una de ellas y escapar—ese ara su pensamiento en esos momentos.

Mientras ellos disfrutaban de su nerviosismo al verlo un poco confundido sin entender lo que estaba pasando se descuidaron y por estar disfrutando de su desgracia no sospecharon lo que planeaba su prisionero.

Coisumi les dijo a sus hombres cuando vieron la fotografía—esto le va a interesar mucho a nuestro jefe—y tomo el teléfono para llamar.

Mientras marcaba el número sus hombres se descuidaron por un momento, esta pequeña omisión fue aprovechada por Keyn que al mirarlos desprevenidos se volteó rápidamente y le quito el arma a uno de los hombres que estaba detrás de él y le pego un fuerte empujón con el pie derecho mandándolo de para tras. De la misma manera hizo con el otro que estaba a su lado y a los demás hombres que estaban a los alrededores les soltó una ráfaga de tiros como si los estuviera fumigando de tal manera que todos se tuvieron que tirarse al piso para protegerse. Mientras les disparaba corría de para tras hacia donde estaba la puerta.

Todos aquellos hombres se sorprendieron con la inesperada reacción de Keyn, pues todos estaban desprevenidos y no esperaban que reaccionara de esa manera tan violenta, ya que lo tenían en medio de la sala y no esperaban que estuviera planeando escaparse. Se confiaron y eso les costo un buen susto porque tuvieron que protegerse detrás de cualquier cosa para no ser impactados por las ráfagas de tiros que destrozaba todo a su paso, ya que les rociaba plomo a diestra y siniestra y no permitió que ninguno de ellos le pudiera disparar asta que logro alcanzar la puerta. Antes de salir se detuvo un momento para hacerles los últimos disparos. Cuando se le agotaron las balas a la metralleta serró la puerta tras sí y corrió asta una de las motocicletas que estaba aparcada a las afueras de la casa. Rápidamente se subió a una de ellas, la prendió la aceleró y arrancó a toda velocidad hacia la reja que era por donde se salía de aquella casa, pero dos hombres se presentaron en la puerta con sus armas en la mano y le serraron la salida. En medio de una lluvia de balas que provenían de un lado y del otro se regresó asta una de las esquinas de la casa donde dio la vuelta. Al darse cuenta que tenía suficiente espacio para saltar aceleró la moto a toda su potencia y tomando gran impulso se elevo por encima de aquella alambrada. Sin problemas logro atravesar aquella cerca que resguardaba la casa, escapándoseles de las manos y esto no le gusto a Coisumi que no lo podía creer. Enfurecido y golpeando el aire con todas sus fuerzas con la mano hecho puño les ordeno a sus hombres que lo persiguieran, diciéndoles—quiero que me lo traigan vivo o muerto, pero quiero que me lo traigan.

Obedeciendo la orden de Coisumi subieron a las otras motos y tomando impulso saltaron la cerca de la misma manera que lo había hecho su enemigo y lo empezaron a perseguir.

Coisumi y sus demás hombres subieron a los otros carros y tomaron la carretera a toda velocidad para tratar de cortarle el paso kilómetros más abajo.

Keyn no pudo tomar la carretera porque había saltado para el lado opuesto, por lo que le toco tomar un camino muy difícil, pues el terreno era demasiado inclinado para poder transitar por el. Pero los que lo perseguían detrás también tenían muchas dificultades para poder mantener el equilibrio, ya que algunos de ellos se habían estrellado al no poder dominar las motos.

Los que habían tomado los carros sabían perfectamente que había una sola parte kilómetros más abajo por donde tendría que pasar. Este lugar se encontraba localizado momentos antes de caer a la carretera y hacia allá se dirigieron a esperarlo.

El día era uno de los más hermosos del año, con un cielo claro y un sol radiante. Solo unas escasas nubes atravesaban rápidamente los cielos en esos momentos. El improvisto sucedió aproximadamente a las tres de la tarde y enseguida se inicio la persecución.

Coisumi pensando que se les podía escapar de verdad si es que lograba traspasar la barricada que ellos iban a instalar en esos momentos, llamo a su jefe por radio y le pidió que le mandará el helicóptero. Cuando San John se entero que se les había escapado se puso furioso con Coisumi, pero se lo mando de inmediato para que lo ayuden a capturar, pues estaba enterado que este hombre que él no conocía, sabia sobre la persona que él tenía secuestrada y quería saber quien lo había enviado.

Uno de los hombres que lo perseguían se le acerco rápidamente por detrás y cuando lo tenía muy cerca trato de empujarlo hacia un barranco. Pero Keyn haciendo una maniobra inesperada logro esquivar a su adversario y éste no pudo hacerlo. Descendiendo de la montaña por una ladera llegaron asta la parte superior de un peñasco que tenía mas de ciento cincuenta metros de altura y allí nuevamente uno de ellos trato de empujarlo hacia el abismo. Pero Keyn frena sin previo aviso dejándose caer al piso y al arrastrarse la moto se llevo a su enemigo con la llanta trasera, el cual no pudo detenerse a tiempo y se paso hacia el fondo del barranco con todo moto. Solo se escuchó un estremecedor grito antes de caer al fondo del abismo. Keyn fue arrastrado por la otra moto asta el filo del peñasco donde quedo colgado como los alpinistas sosteniéndose con la yema de los dedos de un filo de la roca para no caerse, pero haciendo un esfuerzo sobre humano logro salir a la cima de aquel gigantesco acantilado. Tuvo que hacerlo rápidamente ya que muy cerca se escuchaba el rugir de los motores de las otras motos que se acercaban peligrosamente hacia donde él estaba tratando de arrastrar la moto que había quedado al filo de la peña a punto de caerse. Después de recogerla se montó nuevamente y empezó a descender de la montaña por un lado del peñasco.

Los de las otras motos lo seguían detrás a muy corta distancia pero no podían acercarse lo suficiente como para tratar de cortarle su avance, pues tenían dificultades para controlar las motocicletas y en algunas ocasiones habían ido a dar al piso.

Su enemigo no tenía las mismas dificultades de ellos, ya que rápidamente había logrado distanciarlos, pues el único que le había aguantado el paso estaba en el fondo del barranco. Solo el percance que había tenido con él les había permitido que se le acercaran un poco. Ahora no había nadie que le estorbara su avance, pues no tenía dificultades para seguir su camino. Convencido que se les había escapado definitivamente siguió adelante, pero rápidamente se dio cuenta que eso no era así. El ruido del motor de un helicóptero que se acercaba al lugar de la batalla era más intenso. Lo que lo hizo pensar que su odisea recién empezaba, ya que pocos metros mas abajo lo estaban esperando los de la camioneta y los del carro. Éstos ya han instalado la barricada en un lugar muy estrecho por donde sabían con exactitud que tenía que pasar y se prepararon para esperarlo, puesto que ese era el único camino por donde por fuerza tenía que pasar.

Cuando Coisumi escucho que se acercaba les dijo a sus hombres—lo tenemos, lo quiero vivo o muerto, así que tiren a matar.

El ruido de las motos se escuchaba muy cerca. Al mirarlo que se acercaba Coisumi les dijo a sus hombres—prepárense porque ya viene—y enseguida tomaron posiciones detrás de los carros que estaban atravesados a la salida del camino.

Sin darse cuenta de la emboscada que le tenían tendida un poco más adelante, descendía rápidamente por medio de un estrecho camino. Al mirar los dos carros atravesados impidiéndole la salida hacia la carretera se detuvo un momento a una prudente distancia.

Coisumi y sus hombres se ocultaron detrás de los carros esperando su investida porque sabían perfectamente que no había otra salida, ya que el único camino para salir a la carretera era ese y lo tenían taponado.

Mirando hacia atrás para ver cuanto se le habían acercado sus adversarios, tuvo que pensar rápidamente lo que iba hacer porque se le acercaban peligrosamente y retroceder no podía. Mucho menos tomar un camino alterno ya que para un lado había un abismo demás de cien metros de altura y para el otro lado una peña imposible de sortear. Atrapado entre dos peñascos y sus enemigos aceleró la moto a toda su potencia y se dirigió hacia donde estaban los carros.

Al verlo que se acercaba a gran velocidad Coisumi y sus hombres se levantaron y le empezaron a disparar. Mientras se dirigía hacia donde estaban ellos se hacia pequeño detrás de la dirección de la moto tratando de ocultarse de los disparos que peinaban su cabeza. Después que hubo tomado bastante impulso saltó por encima de los carros sobre los cuales se protegían. Todos juntos le disparaban mientras surcaba los aires volando como las aves a gran velocidad en su poderosa motocicleta. Aunque le dispararon a quemarropa no pudieron acertar ninguno de ellos y esto puso de mal humor a Coisumi que miraba impotente como su enemigo se alejaba y se perdía de vista tras una curva. Después que traspaso la barricada, tomó la carretera que lo llevaría hacia la autopista donde le sería más fácil escapar de sus persecutores. Las estrategias de Coisumi no habían funcionado asta ese momento para poder darle captura, pero no se resignaba a perder tan fácilmente. Convencido que con el helicóptero le sería más fácil darle alcance, le ordeno al piloto por radio que lo persiguiera. La misma orden les dio a sus hombres.

—No podemos dejarlo escapar—les dijo antes de subir a la camioneta.

Los que venían detrás pasaron por encima de los carros como flechas al igual que lo había hecho su enemigo. Acelerando las motocicletas a toda su potencia para poder darle alcancé siguieron en su persecución, pues les había tomado cierta ventaja. Aunque la carretera era destapada, era bastante buena, ya no tenían las dificultades que habían tenido bajando de la montaña donde uno de sus compañeros había perdido la vida y ellos ni siquiera se le habían podido acercar una sola vez. Ahora era deferente, rápidamente se le habían acercado aunque no lo suficiente para poder dispararle.

El helicóptero sobrevolaba encima de su cabeza y esto lo obligaba a maniobrar para que no pudiera tener un blanco fijo.

Cuando Coisumi se dio cuenta que lo tenía en la mira le ordeno al piloto por la radio que le dispare. Pero este no podía hacerlo por la cantidad de arboles que había en ese lugar, pues le impedían volar bajo. La carretera pavimentada estaba muy cerca para el fugitivo y no podían permitir que llegara allá. Sabían que si se lo permitían les sería más difícil darle captura y quería evitarlo a como de lugar. Aunque lo intentaron no pudieron evitar que cayera al terreno plano y tomara la autopista que era su objetivo principal desde que comenzó la persecución. Los que lo perseguían apenas lo tuvieron a su alcance le empezaron a disparar, al igual que desde el helicóptero.

Para poder esquivar las balas llevaba la moto de un lado al otro de la carretera, tratando de abrirse paso por en medio de la cantidad de automóviles que transitan por esa autopista en esos momentos, lo que hacia que fueran muy peligrosas esas maniobras. Pero a sus enemigos también les costaba trabajo esquivar la cantidad de carros, por eso no podían acercársele fácilmente. Para el helicóptero ya no había arboles que le estorbaran porque el terreno era completamente plano a más de eso era una llanura, por eso se le facilitaron las cosas, ya que podía descender y volar a muy baja altura por un lado de la carretera. Para poder esquivar los disparos que provenían del helicóptero se protegía detrás de los carros. Esto les daba tiempo a los que lo perseguían para acercársele y dispararle. Cuando su peor pesadilla se alejaba volvía a la orilla de la carretera por donde le era más fácil adelantar a la cantidad de automóviles que transitan por delante. Pero rápidamente el helicóptero volvía nuevamente al ataque y lo hacia volando a muy baja altura, cuando pasaba por un lado de el le disparaba largas ráfagas de tiros y volvía y se alejaba dejando estelas de polvo a espaldas del fugitivo por los impactos en el pavimento. Cuando se alejaba los que volvían al ataque eran los otros, ya que por ocultarse de los disparos que provenían del helicóptero permitía que se acercaran y por eso no podía alejarse de ellos. Parecía no tener escapatoria, cada minuto que pasaba sus enemigos se reagrupaban y él no tenía un arma para poder enfrentarlos, por eso no tenían temor para acercársele. Luego de una larga persecución el helicóptero que sobrevolaba a muy baja altura por un lado le hizo los últimos disparos y se atravesó en medio de la autopista volando muy bajo. Cuando lo miró suspendido sobre el aire como un ave lo hace en contra del viento esperando a que se acercara para poder dispararle, aceleró la moto a toda su potencia y aprovechando que un carro llevaba una rampa encima, miró la oportunidad de saltar sobre ella y llegar asta donde estaba el helicóptero estacionado. Como lo tenían acorralado no lo pensó dos veces y se lanzó a conquistar los cielos, subió la rampa a toda velocidad y llegó de un salto a donde estaba el helicóptero, se tomo de una de las barras quedando colgado como un primate de una rama. La motocicleta se hizo pedazos al chocar contra el pavimento. Muchos conductores que transitaban por esa autopista en esos momentos al ver tan grato espectáculo digno de al mirarse, se detuvieron sorpresivamente causando más de una colisión entre ellos. También se detuvieron un momento los que venían en su persecución para al mirar el mismo espectáculo que todos estaban viendo, pues quedaron sorprendidos con ese salto mortal digno de un héroe. No podían creer lo que estaban viendo sus ojos, eso solo lo habían visto en el cine, pero ahora lo estaban viendo en vivo y en directo. El helicóptero se tambaleaba en el aire dando vueltas sobre sí tratando de equilibrarse. Mientras tanto Keyn hacia esfuerzos desesperados para poder subir a su interior. Pero uno de los hombres que acompañaba al piloto y que era el que le disparaba desde el helicóptero con la eme sesenta trataba de impedírselo para que no pudiera hacerlo. Pelearon duramente unos cuantos minutos. Mientras lo hacían el helicóptero se tambaleaba para un lado y para el otro. Asta que logro pegarle un fuerte golpe en el rostro que lo mando de para atrás, ocasión que aprovecho para poder subir al interior del helicóptero. Cuando se levantó la pelea continuo, pero esta vez ya no era para impedirle que subiera, ya que los dos se encontraban en igualdad de condiciones. La pelea continuo en su interior, golpes iban y venían de parte y parte, asta que su enemigo logro pegarle un fuerte golpe en la cara y mandarlo al piso, luego se le fue encima y le puso las dos manos sobre el cuello y se lo apretaba fuertemente para asfixiarlo. Con mucha dificultad Keyn logro quitárselo de encima después de ponerle las dos manos sobre el rostro y con fuerza voltearlo hacia un lado donde lo remato a golpes, luego lo empujó hacia el vació.

Cuando el piloto miró que tiro su compañero pensó—conmigo también va hacer lo mismo—por eso cuando Keyn quiso pasar a la cabina se asusto y soltó los controles y abriendo la puerta se tiro.

Como él no podía pilotarlo aquel pájaro de acero quiso detenerlo y le dijo—no lo hagas.

Este no escucho sus palabras y no pudo evitar que salte, pues el helicóptero sobrevolaba a muy baja altura sobre la superficie de un lago por lo que se le facilito al piloto hacer ese salto, pues sabia que si caía sobre la superficie del agua sobreviviría a su aventura. Ahora el que se encontraba en grandes problemas era Keyn, el piloto había saltado al agua y él no sabia pilotear un aparato de esos. Trato desesperadamente de mover algunas palancas pero el helicóptero no se elevaba y al ver que se iba a estrellar contra una montaña que tenía al frente, decidió que era el momento de saltar si es que quería salvar su vida. En el momento de hacerlo el helicóptero sobrevolaba la orilla del lago y estaba apunto de abandonarlo, cayendo sobre un lago fangoso, quedando hundido en lo profundo y sin poder respirar, ya que el agua lo cubría completamente. Pero haciendo un esfuerzo sobrehumano logro zafarse del fango y salir a la superficie lo más muerto, luego se quedo acostado por un momento mientras se recuperaba del gran esfuerzo que había tenido que hacer para poder liberarse del lodo cenagoso. El helicóptero se fue a estrellar contra una montaña, mirando sus enemigos solo una nube de humo que se elevaba hacia al cielo. Como todos pensaron que había muerto en el choque contra la montaña, no se preocuparon por asegurarse de que eso hubiera sido así. Después de recoger a su compañero que había caído sobre el agua lo subieron a un carro y se fueron.

Keyn no estaba lastimado a pesar de todo. Después busco la forma de salir a la carretera, rodeando el lago logro salir a la autopista con la esperanza de que un carro le pudiera dar un aventón asta la ciudad. Como la carretera no queda muy lejos rápidamente logro salir a la autopista. Luego le levanto la mano a un carro que pasaba por ahí en esos momentos, pero este no lo quiso llevar. Le alzó la mano a otro y este tan poco quiso detenerse, pues su ropa estaba muy sucia y por eso nadie quiso darle el aventón. Asta que paso una camioneta bastante vieja, más era el ruido que hacia que lo que movía, pero como no había más le alzó la mano. La camioneta se detuvo pero no le permitió subir adelante.

Cuando estaba muy cerca de la cuidad le preguntó al chofer—usted conoce esta dirección—y se la menciono.

Como sabia donde queda siguió un poco más adelante—creo que queda por aquí—le dijo—y se detuvo para que se bajara.

Aunque la dirección estaba un poco borrosa todavía se podía leer. Este papel era lo único que había logrado rescatar de su equipaje, lo demás había quedado en manos de sus enemigos, pero era lo único que necesitaba para poder dar con el paradero de su contacto. Con precaución cruzó la autopista porque le habían dicho que la dirección que buscaba quedaba al otro lado. Camino unos cuantos pasos asta que la encontró, ya que la casa estaba ubicada a las afueras de la ciudad, por lo que no le fue muy difícil dar con ella. Al llegar a la casa tocó la puerta.

Alguien contesto desde adentro—ya voy.

Cuando le abrieron pregunto—aquí vive Yochi.

Mirándolo de pies a cabeza por la ropa tan sucia que llevaba le respondió—yo soy, quien lo busca. Entendiendo que sabría su nombre le dejo—soy Keyn, San Keyn.

Al escuchar mencionar su nombre se dio cuenta de quien era, así que lo invito a pasar—que fue lo que té paso—le preguntó al verle la ropa puro barro.

Mirándolo fijamente a sus ojos le dijo—es que alguien trató de matarme.

Apartando la mirada porque se sentía un poco incomodo le dijo—quien querría matarte.

Mientras se paseaba en medio de la sala le dijo—no se, creí que tú me ibas a ir a recoger al aeropuerto.

—Si, fui a esperarte—le dijo—a cabo de llegar de allá y como no te encontré me regrese, en estos momentos estaba tratando de llamar a los Estados Unidos para preguntar por ti, pero creo que no va hacer necesario. Luego le volvió a preguntar—quien querría matarte.

Como sus sospechas lo conducían a él, le conto todo lo que le había pasado tratando de encontrar en sus palabras indicios de su culpabilidad. Pero sus sospechas no parecían tener fundamento porque el sospechoso se mostraba más sorprendido que él tratando de buscar una explicación a lo que había pasado.

—Eso no es posible—le dijo—nadie más aparte de mi sabia que tú venias para acá.

La posibilidad de una coincidencia entraba en juego y aunque las palabras de Yochi parecían ser sinceras, no disipaban completamente las dudas que tenía, pero no se mostró desconfiado. Había pensado bastante en lo que le había pasado tratando de encontrar una prueba que lo vinculara a sus enemigos, pero no la había podido encontrar, porque nada de lo que habían dicho o echo lo relacionaba con ellos. Ya que ni siquiera sabían como se llamaba y cuan sorprendidos se habían visto cuando encontraron una fotografía de la secuestrada en su poder que fácilmente lo confundieron con su novio. Esto lo tenía muy confundido y no sabia que pensar. Sabia que tenía que hacer una llamada urgentemente para que le explicaran lo que estaba pasando y eso fue lo primero que quiso hacer.

Pero Yochi se adelantó para decirle—cámbiate de ropa y después haces esa llamada porque mira como estas. Además, allá todavía es de madrugada y nadie te va a contestar.

Luego fue asta su cuarto a buscar un pantalón y una camisa para prestarle—espero que te queden bien porque más no tengo— le dijo y le paso—ve allá dentro esta el baño, date una buena ducha y cámbiate.

Cuando salió del baño la ropa que Yochi le había prestado le quedaba muy estrecha. La camisa le quedaba pegada al cuerpo y el pantalón a las rodillas.

Cuando Yochi lo mira en esas condiciones se ríe—creo que vamos a tener que lavar tu ropa o ir de compras—le dijo—donde la dejaste, la voy a meter en la lavadora y en un momento estará limpia.

Como eran como las seis de la tarde y Yochi no le había ofrecido nada de tomar asta ese momento le preguntó—tienes hambre.

Como no había comido nada en todo el día le respondió—si, creí que no lo ibas a preguntar nunca.

Yochi había preparado unos espaguetis y se disponía a servirlos. Mientras transcurría el tiempo de la cena le pidió que le rindiera un informe completo de todo lo que había investigado, ya que el comandante solo le había proporcionado información de quien era el secuestrador, pero no de donde la tenía y quería saber a que era lo que se estaba enfrentando. El informe de Yochi no fue lo que él esperaba, ya que se había imaginado algo muy distinto y esto era diferente a lo que él había creído. Pero no había tiempo para arrepentimientos, un trato era un trato y echarse para atrás no podía. Aunque la información que Yochi tenía era precisa, la recomendación que le hizo era que debían esperar a que la trasladen de lugar porque el edificio donde la tenían era una fortaleza. Además de estarse llevando a cabo reuniones que no sabia precisar y hacer un rescate en esas condiciones extremas de seguridad era imposible. Aunque la descripción que Yochi le hizo del edificio era de una fortaleza infranqueable, esto no le preocupo a Keyn.

—Las prisiones más seguras tienen sus debilidades—le dijo—solo hay que buscarlas.

Solo que al escuchar que sabían donde estaba y que no era en la parte urbana como él se lo había imaginado, sino que era en la ciudad, esto le dio pie para hacerle una pregunta—si saben donde la tiene porque no llaman a la policía.

La respuesta que recibió era que el comandante no quería involucrar a las autoridades de ese país y aunque trato de buscar una respuesta a su pregunta, las evasivas de Yochi no le permitieron saber con claridad la causa por la cual no habían hecho la denuncia de su secuestro.

—Es mejor así— le dijo.

Ya que por ordenes explícitas del comandante no podía conocer toda la verdad asta no estar seguros que cumpliría con la misión. Después de una larga conversación, la información que Yochi le había proporciona no era lo suficientemente satisfactoria, por lo que le pidió que le consiguiera los planos del edificio.

Para Yochi eso no era ningún problema—mañana los tendrás—le dijo—y se dispuso a recoger los platos.

Como ya había esperado el suficiente tiempo para que aclare en el otro lado del mundo, le pidió permiso para hacer la llamada que tenía pendiente. Esperando que le expliquen lo que le había sucedido se levanto tomo el teléfono y marcó. Mientras esperaba impaciente a que le contesten pensaba en la actitud de Yochi, para él no había nada sospechoso que pudiera llevarlo a pensar que era él quien lo había traicionado. Como no le contestaron volvió a marcar, después que termino de timbrar y al ver que nadie le contestaba desistió.

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