La resaca de Navidad es inevitable. Pases la Navidad como la pases siempre te deja un sabor amargo porque las cosas en las fiestas navideñas nunca son como una desea. O falta un familiar querido o sobra un familiar malquerido o alguien te amarga los dulces con su depresión contada. Yo creo que los dulces de navidad los inventaron para endulzarnos las pernas y funcionan. Te tomas unos turrones regados con un cava y se te van de la cabeza los sinsabores de la vida.

Pasada la Nochebuena y el día de Navidad piensas que no deberían existir estas fechas o que al menos no deberían ser unas fiestas familiares. La familia, sobre todo la familia extensa, acaba con una. Cada día estoy más convencida de que sólo son felices las personas solas. Cerrar la puerta de tu casa y no estar temiendo la temperatura que traen los otros habitantes de tu hogar a veces no tan dulce como quisieras. Yo me he pasado toda mi vida temiendo la temperatura de los demás, es decir, ese cabreo que trae la gente para descargar sobre la mujer de la casa.

No sé qué sería de mí si tuviera que aguantar varias Navidades al año. Se me uniría una resaca de Navidad con la siguiente en una cadena de resacas encadenadas que acabaría conmigo. No sé quien inventó la Navidad, pero tuvo una mala idea al inventarla. Mi suegra dice que la inventó Dios. Otro fallo divino. Dios debió habernos fabricado solos, sin familias, sin tías que te fastidian las fiestas, sin suegras que meten cizaña, sin cuñadas, sin hermanos y hermanas, sin maridos. Soy consciente que estoy escribiendo este artículo víctima de la resaca de Navidad. Estas fechas no son para mí. Me hunden.

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