Las fuerzas de seguridad marroquíes han atacado el campamento saharaui del Aaiún. La más moderna tecnología armamentística, soldados bien entrenados y preparados para el combate, contra latas vacías de agua y alimentos, alguna piedra que otra y un ejército compuesto en su mayoría por mujeres y niños. Dado que el dictador alauita no permite la presencia de observadores en la zona desde hace algún tiempo y visto como impide cualquier información que no pase por su filtro, una vez sus esbirros hayan arrasado con todo y quemado tiendas y enseres, ya se encargarán de depositar restos de armas y otros elementos con los que continuar con su mentira y justificar la acción. Lo definirá como un ataque preventivo, ante el claro peligro que suponían los más de veinte mil refugiados que, armados hasta los dientes con cuchillos de cocina y tirachinas, amenazaban con desestabilizar su estado totalitario. O bien lo calificará como un acto humanitario, para protegerles de la furia descontrolada de la población de Marruecos, dispuesta a lincharles a la menor ocasión. Basura y manipulación.

 

La maniobra es muy clara. Antes de iniciar el contacto con los independentistas saharauis Mohamed VI expone sus intenciones y marca con hierro al rojo la que va a ser su postura: o se hace lo que manda, o extermina cualquier oposición. Sin más, sin que nadie le tosa. Utilizará la fuerza cuándo, cómo y dónde le apetezca. ¡Cuánto será su poder para que las naciones democráticas no se atrevan a ponerle en su sitio! No lo entiendo. Vamos a asistir a la destrucción de un pueblo sin mover un dedo, más pendientes de los fosfatos, la sardina, el jurel y la caballa, que de la vida y deseos de una nación aplastada por la bota militar de la represión.

 

Creo que es una absoluta pérdida de tiempo cualquier intento por parte de los saharauis de alcanzar un mínimo entendimiento con Marruecos mientras no exista una clara condena internacional contra el régimen feudal. Hasta que todos los países democráticos no expongan al Duce del Magreb su determinación de no consentir más agresiones y abusos, cada día que pase el fin de todo un pueblo estará más cercano; un genocidio consentido que nos cubrirá de vergüenza a todos.

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