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La relación amorosa en nuestros tiempos

En nuestros tiempos, los que estamos viviendo, actualmente, ahora, son; ingentes la cantidad de voces que emiten su opinión sobre las crisis que se presentan en las relaciones de pareja y las diferentes dificultades que enfrentan los enamorados cuando, tratan de transmitirse sus sentimientos, hablar de su amor, acercarse al sexo, lo que conlleva el compromiso al matrimonio, la fidelidad mutua, las obligaciones de la vida en común, el papel que juega cada quien en la construcción de la pareja.

Sabemos de la buena intención de estas opiniones, de estas voces externas que nos aconsejan, como debemos ser o hacer, como tener un justo comportamiento, el acercamiento a la persona que nos interesa, además; de cómo alejarnos por quien no nos sentimos atraídos (as), cómo darle punto final a una relación inconveniente y, en ese mismo orden de ideas cómo seducir, acariciar, besar, hacer el amor, cómo verán; un tutorial completo para lograr que la relación amorosa que en principio nos liga con el otro (a), sea capaz de sostenerse en el tiempo.

Pero; aún con tanto análisis y reiteradas recomendaciones, existe una gran cantidad de parejas que no son capaces de mantenerse y luego se separan. Son contadas las parejas que están revestidas de solidez, resultando generalmente que son notables a simple vista, las bien estructuradas, que han resistido valientemente los rigores de la convivencia, y las distintas pruebas de la vida, logrando sostener su amor y compañerismo para ser una sólida pareja

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No es descartable pensar en que el exceso de mandatos e información nos ha alienado la manera de relacionarnos, en el entendido de que guardamos las formas para lograr un fin, pero ignoramos lo que nos motiva en el fondo. Es válido pasearnos por la idea de apartarnos del exceso de palabrería y la argumentación externa, para oírnos, escucharnos en voz propia, lo que nace del alma; es auténtico e inequívoco. Es la que por su origen y pureza puede decirnos como, cuando, debemos entregarle nuestro amor a otro (a). Imposible que exista una buena relación con otra persona si no nos relacionamos con nosotros mismos. Para seguir la dirección que nos indica el corazón, antes tenemos que escucharlo

Una vez que estemos dispuestos a amar, nunca es excesivo amar demasiado. Estamos felices cuando damos lo mejor porque; estamos regocijados en el gozo del amor del otro. Se ama sin miedo, sin ser mezquinos.

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