¿Recuerdas Ana? Recuerdas aquellas noches en la que nos acostábamos con el nervio en el cuerpo, incapaces de dormir, pero deseosas de dormir para que llegara el día siguiente. Era el día de reyes, el día de recibir los regalos.

Nos metíamos en nuestras camas, después de haber colocado los polvorones, el agua para los camellos y un poco de whisky, y entonces nos acostábamos después de un beso de buenas noches, y comenzábamos a soñar: mañana nos traerían los regalos que queríamos, esos juguetes que habíamos visto una y otra vez en las tiendas, encerrados en sus cajas de cartón y que habíamos discutido a la hora de ponerlos en la carta: “ No Ana, tu no pongas ese que lo he puesto yo, y es mejor diferentes regalos para tener más juguetes”

Entonces con nervios, conseguíamos dormidos cuando los ojos iban cerrándose como abanicos, amanecíamos temprano como ningún día lo hacíamos a eso de las 7 cuando alguna nube aparecía en el cielo, dábamos un salto en la cama y encendíamos la luz: “Ana yo creo que ya han llegado, asómate tu a ver si están”

Entonces las dos agarradas en medio de la oscuridad nos dirigíamos descalzas hasta el salón, y ahí estaban una línea llena de regalos. Corríamos a la habitación de Papa y Mama como si tuviéramos alas en nuestros cuerpos, y encendíamos la luz abalanzándonos sobre su cama: “ya han llegado, ya han llegado, y hay un montón de regalos”

Mama y Papa nos acompañaban a abrir los regalos, ellos miraban desde arriba, mientras nosotras nos agachábamos y leíamos los nombres. “este es el mió” y con rapidez desenvolvíamos el regalo, mientras que con los ojos y la boca abiertos gritábamos “Me han traído la muñeca que yo había pedido”, y entonces habrías la caja, cogías el juguete en tus manos, y te ponías a investigar rápidamente lo que hacía, “mama, gatea, la muñeca gatea”

Habríamos uno por uno los regalos, y las mismas voces se repetían al abrirlos. Cuando acabábamos las dos de abrir los regalos mirábamos a aquello que habíamos dejado por la noche, y nos asombrábamos diciendo “Se lo han comido todo, no han dejado nada”

En el resto de las casas imagino que sería igual que en la nuestra, risas de niños sería lo más escuchado.

Ana, ahora ya no nos acostamos con nervios, ni ponemos polvorones, ni agua, y tampoco nos levantamos a las 7 de la mañana, la magia del día de reyes despareció a la vez que vas creciendo en la vida.

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: