EL REGALO DEL NIÑO JESUS

Cierto día, paso el mensajero de Ipostel, por la calle, en moto, Crucita, advirtió su presencia, corrió, hasta su cama y debajo del colchón, saco, la carta, como un celaje fue al encuentro con el mensajero de Ipostel, lo llamo y el señor, vino, con gran curiosidad a ver que se le ofrecía a la niñita, le entrego con mucha seriedad la carta, y le dijo, señor, esta carta es para el niño Jesús, usted, se la podría entregar por favor, el señor quedo sin aliento, aquella escena lo conmovió grandemente y solo atino a decirle a la muchachita, claro mi Amor, yo mismo en persona, se la voy a entregar.

El mensajero guardo la carta en su alforja y se marcho, despidiéndose de Crucita, ella quedo fascinada, y feliz, pues estaba segura que el señor de Ipostel le entregaría su carta al niño Jesús.

Llego el día 24 de diciembre, estaba cayendo la noche, los niños con sendas pintas, paseaban, brincaban y corrían por las calles de aquel barrio, en otrora apacible, las detonaciones de fuegos artificiales, y los estrépitos de músicas de todas las tendencias musicales, que salían de las casas y el alboroto generalizado de la gente, acabo con esa paz de aquel lugar.

Crucita estaba, contenta, feliz, porque sabia que esa misma noche pasaría algo importante, tan importante, que les cambiaria la vida, así que jugo, bailo, corrió y canto de felicidad, como nunca.

Eran las 6 de la tarde, aproximadamente, se detuvo un automóvil, azul oscuro, frente a la casa de Crucita, eran unos señores, dos damas y dos caballeros, tocaron a la puerta y preguntaron por Crucita, la madre, dudosa y con curiosidad, les volvió a preguntar, a quien buscaban, ellos repitieron el nombre de Crucita, ella les dijo, yo soy su Mama, Adelaida, mucho gusto ¿En que les puedo ayudar?, una de las damas elegantemente trajeadas, de cabellera, larga y negra azabache, le dijo, ¡Ah! ¿Usted es su madre?, ¡Que bueno!, Crucita, debe ser una niña muy inteligente, claro que si, dijo ella, a pesar de tener ocho años de edad, es muy ingeniosa, vea usted, dijo la mujer, nosotros somos los representantes, de la fundación querido Niño Jesús, ¿Si? Dijo Adelaida con asombro y prosiguió la mujer, y a nuestra oficina llego una carta muy elocuente, muy expresiva, algo que primera vez en la historia, recibimos y leemos una carta como esa y la firmo Crucita, le señor que dejo la carta, en la oficina, escribió esta dirección y nosotros vinimos a verificar el contenido de la carta, porque nos llamo poderosamente la atención y porque si la carta dice la verdad, nuestra fundación, o sea Querido Niño Jesús, esta dispuesta a ayudarles, ya hicimos contacto con una constructora, que va a venir a construirles su nueva casa y conversamos con esa misma constructora y están prestos a emplear al señor Erasmo, no se, si usted desea recibir esa ayuda que Crucita le pidió al niño Jesús, Adelaida, se puso blanca como un papel, se le debilitaron las piernas, le falto el aire, busco de inmediato asiento, una de sus hijas, la mayor que estaba presente, con el asombro y todo, le acerco una silla, Adelaida se sentó, lloro y lloro, de emoción y alegría, tantos sentimientos encontrados, mando a su hija mayor a traer a Crucita, una vez Curcita en frente de su mama, la abrazo y la beso y Crucita, le pregunto que si algo malo le pasaba, ella le dijo, nada malo, nada malo, tenerte a ti, fue lo mejor que pudo haberme pasado, gracias por existir, gracias por preocuparte, gracias por ser tan maravillosa y cuando le contó, que debido a su carta, la vida les cambio y la forma en la que les cambio, Crucita, salio corriendo por toda la calle, gritándole a los vecinos que el niño Jesús si existe, que el niño Jesús, es bello, que el niño Jesús, es bueno y les dejo esa nuche buena, el regalo de Jesús.

EL REGALO DEL NIÑO JESUS

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