Hoy, catorce de marzo, ¡es mi cumpleaños! ¡Un año más! Tendemos a pensar que cumplir años es hacernos más viejos, no nos gusta revelar nuestra edad, pero en realidad, deberíamos estar contentos pues esto quiere decir que ¡seguimos vivos!, y más si tienes poderosas razones para seguir viviendo y luchando.

 

 

Pues bien, hoy hace justo trece años, estaba yo embarazada de mi segundo hijo, y quiso Dios hacerme el regalo más bonito que jamás he recibido ni recibiré: su nacimiento.

     

                                    

  Los dolores de parto se quedaron insignificantes frente a la felicidad que yo sentía cuando mi hijo nació. ¿Se puede ser más feliz cuando el médico o la matrona te entrega a tu hijo en tus brazos?

Cada catorce de marzo, me levanto y pienso que soy un año más mayor, pero me veo reflejada en los ojos verdes de mi pequeño, porque sigue siendo mi pequeñín, aunque ya esté igual de alto que yo, y pienso en lo afortunada que soy y en el regalo tan grandioso e inigualable que Dios me ofreció.

 

Marenga

 

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