En el 2014, de acuerdo a estadísticas realizadas por la ACNUR (la Agencia de la ONU para los refugiados) el porcentaje de refugiados en el mundo se ha incrementado a más de 59 millones, cifras solo equiparables a las de la Segunda Guerra Mundial.

El mayor número de refugiados en el mundo proviene de Siria. Sin embargo, el desplazamiento de refugiados no es un tema nuevo, es recurrente, aparece cada vez que un conflicto bélico inicia o cuando las libertades se ven restringidas por políticas internas; es el volumen de refugiados lo que cambia el panorama e insta a implementar políticas.

Para los refugiados provenientes de Siria y otros países africanos, cruzar el Mediterráneo se ha vuelto una opción popular, siendo los primeros destinos islas griegas e italianas. Lo preocupante es que las olas de refugiados cada vez se intensifican más, pero la voluntad política de los gobiernos europeos permanece intacta.

Como se menciono al inicio, la cuestión de los refugiados es una que siempre ha estado ahí, pero como generalmente son minorías en los lugares que los acogen, su situación se asimila. Otro ejemplo es el caso de los refugiados Rohingya en el Sudeste Asiático, son una minoría musulmana en un país budista (Birmania), sufren de persecución por motivos religiosos. Su gobierno les ha negado la nacionalidad pese a que llevan varias generaciones ahí, todo esto los ha llevado a salir del país y en sus travesías por llegar a países de mayoría musulmana como Malasia o Indonesia se han topado con una cruel realidad: su situación esta lejos de mejorar. Además, esta situación ha generado otra, las amplias redes de tráfico de migrantes que se han establecido, en Tailandia, principalmente.

Las guerras traen consigo mucho costes sociales y precisamente porque los estados asumen la guerra como un derecho inherente, también deberían asumir la solidaridad como el mínimo que deben a las víctimas que ahora deberán enfrentar el reto mayor de sobrevivir en un ambiente hostil.

Tanto las estrategias de gobiernos europeos como las de los países asiáticos, pensadas para disminuir los flujos de migrantes no contemplan que hay una razón por la cual se han disparado las estadísticas recientemente, en su mayoria huyen de guerras civiles, gobiernos opresores; si consideramos esos incentivos se vuelve evidente que las personas se seguirán moviendo en busca de un lugar más seguro. Es interesante también considerar que los países que se muestran más reticentes a recibir refugiados son los que tienen mejores condiciones económicas; según fuentes de ACNUR y del Banco Mundial, cabe destacar que un 86% de los refugiados reciben asilo en países en vías de desarrollo.

Es evidente que el problema no puede resolverse sin la ayuda de los países en conflicto pues mientras la situación se prolongue, seguirá habiendo más refugiados y por consecuencia las ayudas internacionales serán cada más insuficientes. La situación de los refugiados está mucho más allá de ser simples daños colaterales, de seguir este ritmo se volverá si es que no lo es ya, una crisis humanitaria.  La pregunta entonces sería ¿mantendrán su falta de voluntad política los gobiernos receptores?

Es un hecho que los estados deben ver por sí mismos, pero nadie dijo que una política solidaria debía estar inexorablemente peleada con esa visión realista.

niño, aves

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