Refugiada a las puertas de Europa

Refugiada a las puertas de Europa

 

"Querido diario, hace días que no te escribo, pero me da miedo que los demás se den cuenta y lean lo que solo a ti te cuento. Eres muy valioso para mí, pues solo contigo me desahogo.

Ayer murió la chica de la tienda de al lado, aquella que te conté que había dado a luz a un niño. Estaba demasiado débil y su cuerpo no resistió. Ahora me alegro de no haber tenido hijos y de no haberme casado. Como ya sabes, siempre fui diferente a las demás mujeres de mi entorno. Aunque eso disgustaba a mis padres, yo solo quería estudiar y ser médica algún día. Ahora ya da igual porque nuestros futuros se han convertido en oscuridad, pero por lo menos no tengo que ver a mis hijos sufrir este calvario.

Hace ya cinco años que empezó la guerra en mi país. Aguantamos allí un tiempo porque no queríamos irnos, pero cada día había más ataques. Los aviones no paraban de volar sobre nuestras casas de la mañana a la noche y no teníamos donde escondernos. Un día entraron un grupo de soldados en nuestra casa y ejecutaron a mi hermano mayor porque creían que era activista, pero mi hermano pasaba la vida en el campo. Salía de madrugaba y no volvía hasta la noche extenuado de trabajar. Todos estábamos delante cuando ocurrió, lo vimos caer sobre el suelo en su último halo de vida. Lloramos durante días sin parar, lloramos tanto que creí que si juntábamos todas nuestras lágrimas podríamos formar un río. Nuestro dolor era más grande que el miedo, y durante ese trance ni siquiera nos sobresaltaron las bombas, hasta que una cayó en el patio. El ruido fue tan grande que creí que se acababa el mundo. Entonces mi padre nos llamo a voces diciendo que cogiéramos todo lo que nos entrara en la mochila y marchamos corriendo mientras los vecinos se unían a nosotros. Perdimos la esperanza por la paz, sabíamos que la guerra no terminaría, y durante el camino, el grupo se fue haciendo cada vez más grande.

Nunca pensé que el ser humano pudiera caminar durante tanto tiempo, aún tengo los pies llenos de heridas desde entonces. Ví a gente morir en el camino, pero yo no podía mirar atrás, tenía miedo y lo único que  me importaba era que cada paso me alejara más de aquel país que antes amaba.

Por las noches hacia frío y nos juntábamos para buscar calor como podíamos. Teníamos hambre también, y a pesar del cansancio no podíamos pegar ojo. Oía como los ancianos hablaban y decían que teníamos que llegar a Europa para poder cambiar desde allí la situación Siria. Decían que allí estaríamos protegidos, que empezaríamos una nueva vida. Esa era la única salida, la única esperanza a nuestro destierro.

Querido diario, ahora hace ya dos años que estoy en este campamento  a las puertas de Europa, y a pesar de estar lleno de personas, cada vez lo siento menos humano. He dejado de pensar en el mañana para centrarme en no pasar hambre hoy. Aveces intento llorar para desahogarme, pero mis lágrimas se han secado.

Nuestra única esperanza era ser acogidos, rescatados... pero soy realista y sé que para los gobiernos sólo somos una gran y problemática cifra. Aunque yo no me siento una cifra. Huí de Siria para vivir y aquí estoy muriendo cada día.

(La guerra en Siria comenzó en 2011. Desde entonces han muerto alrededor de 220.000 personas y 12,8 millones necesitan asistencia humanitaria urgente dentro del país. Más del 50% de la población esta en situación de desplazamiento y 400.000 están refugiadas en cinco países de acogida sin ser reasentados.)

 

REFUGIADA A LAS PUERTAS DE EUROPA

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