A mi Querido Amigo Ricardo Lonzi:
Por permitirme evocar los recuerdos más lindos.
Por no olvidar al niño y al adolescente que fuimos.
Por hacer un culto de la amistad más allá de la distancia.
Por no olvidar.
Porque, parafraseando a Dolina: los que recuerdan siempre serán nuestros hermanos.

Ricardo:

Es una gran emoción verte a vos y a Beto cuando “éramos tan niños”

Las fotos tienen esa extaña magia de “contrariar” un poco nuestros recuerdos:

Porque (no sé cómo lo hace la mente, pero sí que lo hace) lo cierto es que los Ricardo y Beto de ese época, en mi memoria son pibés muy jóvenes, pero no son estos niños.

Para hacerlo más simple: La Srta. María Leticia Ferrero en mi recuerdo es una mujer joven, pero de una juventud evanescente y atemporal que -además- es algo más joven que yo ahora, pero no mucho más (para decirlo más simple: “no me puedo imaginar que fuera la pendeja de 18 años!!!! que inequívocamente mostraría su foto).

Es algo curioso, como si en el recuerdo la autoimagen de uno tuviera que “bajar algunos años”, pero no los necesarios, para así poder acompañar la imagen del otro, que necesariamente tenemos que “adultizar” o “envejecer” (o tal vez sea al revés: cómo “la Leticia” era mayor que nosotros, y nosotros ya no somos pibes (¿o sí?) entonces tenemos que “verla” un poco más grande.

Otro tema: ver a la hermana menor del “gordo” me produjo otra vivencia poco frecuente a la que trato de atender como “estudioso” de la memoria humana:
Sucede que llega un momento en que es difícil recuperar “recuerdos vírgenes”, porque casi todos nuestros recuerdos son ya “recuerdos de recuerdos” o, de otro modo, hechos que ya hemos recordado varias veces. En cambio, la hermana menor del “gordo” durante todos estos años había desaparecido de mi memoria. De modo que recuperarla fue una revelación.

Bueno, nada más por ahora.

Espero que estés disfrutando tu estadía por allá.

Un fuerte abrazo.

Federico

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