Antes de todo, no tengo nada en contra del trabajo, al contrario. Personalmente lo veo como una fuente de crecimiento personal: Nos proporciona autonomía, autoestima, aceptación de los demás, y, cuando nos falta, todo lo anterior puede desmoronarse.

 

Intentaré explicarme mejor a través de un pódium laboral:

 

1) Medalla de oro. Es para los privilegiados que trabajan en aquello que más les gusta, siendo capaces incluso de integrarlo día a día con el éxito con las áreas socio-afectiva y económica de sus vidas. ¡Qué gran suerte! Cuentan con el talento necesario para eso y han sabido salir adelante. ¡Enhorabuena!

 

2) Medalla de plata. Ésta, para los que trabajan en lo que quieren y tienen éxito, pero han tenido que hacer renuncias importantes. Aquí léase amor, amistad, ocio, etc. Han pagado un coste de oportunidad alto. Como todo no se puede tener, han volcado sus esfuerzos aquí, en el trabajo.

 

3) Medalla de bronce. Para los que trabajan en algo que no les llena demasiado y se esfuerzan por seguir adelante en las demás áreas.

 

4) Gracias por participar. Oooohhh... Muchos estamos aquí en este momento. A veces, sin gracias ni nada. Si acaso, un codazo de quien compite contra nosotros por llegar a la medalla de bronce.

 

Me centraré en los dos últimos: el bronce y la gran masa que se queda fuera del pódium.

 

No sé cómo son las condiciones de trabajo en todos los lugares, pero aquí, en los remotos pueblos de España, una cosa es lo que hay en el contrato que se firma y otra lo que implica realmente. Hay empresarios (oro o plata) que incluso te proponen contratarte unas cuantas horas cotizando a la Seguridad Social, a cambio de que trabajes más horas sin asegurar. No me estoy inventando nada, porque ya he tenido la experiencia. Un contrato de seis horas diarias, cinco días a la semana, puede convertirse en un comodín para el empresario que te quiere tener en el puesto de trabajo de sol a sol. Eso, si hay contrato y, para más inri, tienes que dar las gracias, porque la cantidad de gente que hay dispuesta a aceptar esas condiciones es mucha, lamentablemente.

 

Cuando parece que nos encaminamos hacia la sociedad del bienestar, disfrutando cada vez de mayor calidad de vida, más cerca estamos de retroceder hasta la Edad Media y sentirnos siervos más que proletarios. Las diferencias entre las clases sociales se acentúa cada vez más, ¿o no?

 

Vivimos en un país que se aproxima a la terrorífica cifra del 20% de desempleo, más de cuatro millones y medio de parados. ¿Nadie siente un escalofrío al leer esto? Yo sí. Y lo siento porque formo parte de este grupo. No sé qué habré hecho de malo en mi vida para verme en la tesitura de no saber cómo salir adelante. Ahí me encuentro, acompañada, por desgracia, de otros millones de personas. En mi caso, años de formación y esfuerzo que no sirven de mucho.

 

Volviendo al bronce... Hace unos días me ofrecieron un trabajo. Sí, ¡qué bien! Un contrato temporal a tiempo parcial; cuatro horas al día y un sueldo de unos 300 € mensuales. Eso, sobre el papel. La realidad del puesto consistía en trabajar más por el mismo precio. Llámenme “idiota”, pero lo rechacé. Mi experiencia laboral previa en puestos de características similares me dijo que no era conveniente. (Para poca salud, ninguna.) Si aceptaba, escasas iban a ser las posibilidades de seguir buscando algo de lo que vivir, porque una ya va teniendo una edad en la que necesita ser autosuficiente (36 años). ¿Voy a aceptar el trabajo y luego a acudir a mis padres pensionistas para que me ayuden a pagar las facturas mensuales? Qué vergüenza me da sólo de pensarlo...

 

Los parados, otra cosa no, pero tiempo para pensar sí tenemos. Estuve muchos años trabajando todo el día por un salario que apenas si me alcanzaba para los gastos básicos (nada de lujos), con contrato y sin él. ¿Cuántas personas habrá en esta situación? ¿Se puede saber un porcentaje aproximado?¿Cuántos son los esclavos que a duras penas sobreviven y dan las gracias por un salario miserable? ¿Cómo pueden dormir tranquilos aquellos que los explotan? Esta cuestión me sobrepasa tanto, que dudo llegar a comprenderla algún día.

 

Me gustaría enviar un mensaje de esperanza a todos aquellos que buscan un trabajo digno, sencillamente “ganarse la vida” sin tener que hipotecarla. En estos momentos no me es posible hacerlo, pero lo dejo pendiente para un futuro. Ánimo y suerte para todos.

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