Reflexiones varias, como de costumbre.

El tiempo pasa aunque no queramos. Y el correr de las agujas del reloj va cogido de la mano de las reflexiones típicas de antes de dormir. Y hoy yo llegué a una conclusión que nunca pensé que podría alcanzar. Ahora veo las cosas desde fuera, desde otro ángulo. Esta posición me ha hecho ver muchas, pero muchas cosas que no pensaba que pudieran estar en mi interior. Una de ellas es todo lo que he aprendido en mi corta vida que es que nada dura parar siempre. Esto lo aprendí a marchas forzadas sin yo quererlo, pues perder a alquien a quien quieres puede quedarte marcado en el alma como un tatuaje en la piel. Y no, no me refiero a perder a alguien en el sentido de que ya no está a tu lado, sino en el sentido de que ya no está, de que ya se fue y que nunca volverá. Fue mucho el tiempo que pasó para que yo aceptara esto, aún sigo pensado que nunca lo terminaré de aceptar. Bueno, siendo realista sé que nunca lo terminaré de aceptar. Pero como herida marcada a quemaropa me hizo darme cuenta de ciertas cosas que el mundo tiene y no precisamente buena. Esta fue mi segunda lección: no te fies de nadie, ni siquiera de tu propia sombra. Por desgracia también lo aprendí muy rápido, tanto que me hizo ver el mundo tal y cómo era desde bien temprano. Me di cuenta que la maldad no tiene límite y que, a veces, el diablo no es tan malo como ciertos seres humanos. Pero, por inspiración divina o porque hay ciertas cosas que un ser humano no puede tolerar, aunque no conozca el mundo muy bien, supe alejarme lo antes posible. Y no, no me arrepiento. Al reves, el orgullo recorre mis venas al saber que yo gané, y seguiré ganando, y que esos seres perdieron y seguirán perdiendo. Luego el tiempo pasó y las heridas terminaron de cicatrizar, aunque ya están bien cosidas. Otras heridas brotaron, aunque nunca fueron tan grandes como estas dos. Pero, obviamente, no todo fueron heridas, sino que también hubo trofeos. Uno llegó de manera tardía, aunque no lo cambiaría por nadie. Por desgracia, al parecernos tanto, chocamos día sí y día también, pero no importa lo que pasé siempre, pero siempre, siempre tendrá una sonrisa para mí y yo tendré una sonrísa para él. Con el pasó del tiempo, más todavía, vino otra sonrísa nueva, también muy, pero que muy bella. Esa sonrísa aún no ha crecido demasiado, y espero que no lo haga muy rápido, pues hay cierta sabiduría en esa sonrísa que poca gente conoce realmente bien.
Todo esto es una reflesión sobre una vida, pero ¿cuál es la tuya? ¿con qué te quedas? Porque yo, me quedo con esas dos sonrisas que siguen creciendo y la que un día perdí. La felicidad se encuentra en el día y en momentos vividos, pero, lo más importante, es que estamos echos de eso: de sonrisas que otros nos aportaron.

aliexpres

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