Ella frente al espejo inspecciona su desnudez, revelando caminos escondidos, no descubiertos antes por nadie. Piensa en un instante en el general desnudo, luego de tantas batallas de conquista. El reflejo habla de otras épocas, otras preguntas encriptadas en las formas de un silencio no escuchado, una fuerza sin futuro cierto, un acento extrajero que toma presencia, y la voz que provoca las sonrisas, cambió de canto.

Suenan las melodías del entrañable rolling stone, danza suavemente embriagado por las melodias de Bob Dylan, con esa canción de siempre Blood in My Eyes, canción de guerra, notas de antes, cálidas y presentes; danza lentamente, emprendiendo un vuelo corto, como la mariposa morada atrapada en la jaula de las palabras, tímida frente a su propio encanto; danza al ritmo ajeno, del canto de un escritor que lo promete todo.

Sigue la música, y todo cae, ropas, límites, el cabello recogido; en soledad ella, el espejo y el reflejo, intentan un pacto; pero el reflejo protesta, quiere vida propia, danzas prohibidas, amores sin descanso, besos en medio del mar donde podrá ser libre. Ella no sabe ya quién es, reflejo o mujer, reflejo de otra mujer.

Reconoce los estragos de la ausencia, en la mirada de otro reflejo naciente, un nuevo reflejo del reflejo de siempre en el espejo; la mujer desapareció, existe solo su REFLEJO, y el reflejo del reflejo. Conversan sobre la que partió, uno sigue la danza, el otro con manos húmedas intenta reconstruir la mirada triste que lo creó. Mientras lo hace se descubre corpóreo al lado del REFLEJO inicial, angustiado mira el espejo, presintiendo lo que sigue, hay otro nuevo reflejo allí, reflejo del reflejo del reflejo, todos son, y ninguno es.

Reflejos de ella, la que se perdió no ha muerto, solo se refundió en medio de sus reflejos, anhelos intensos pero calmos frente al espejo. Ella pregunta desde el mundo de la insexistencia, algún reflejo le contesta, otro canta, y el otro danza ahora bajo gotas de agua caliente, que humean opacando la posibilidad de la lucidez.

Intempestivamente entra otro; no es un reflejo, es un hombre; parecía que habían desparecido todos en la guerra por su libertad, éste no se pregunta lo que puede perder, no teme aburrirse, no teme estar ahí, no teme ser, no teme sostener el vuelo de la mariposa; no teme rescatar en medio de las imágenes a la que es.

Es el último hombre, sobrevivió la guerra por su indiferencia a perder, nadie le conoce, viene de tierras lejanas, escribe para sobrevivir la soledad de su cama, se guarda en espera del REFLEJO de su mujer, cuando le pida hacer de ella, una.

Decide no esperar el pedido; sus letras, sus cuentos, la inventan de nuevo. En un instante, solo bastó un instante, los reflejos se desintengran, no danzan, no cantan, surge ella del mundo perdido; ya no es una mujer, es una feliz mariposa.

La letra de un hombre

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