Mayo 2, 2010

Pasar un día en el mar es bueno. Vivir cerca de alguna playa marítima es una grata experiencia excepto para lo que se corroe con el tiempo; no obstante, mis memorias –como la brisa- vienen en ráfagas y van por mareas estos días.

Uno debe estar agradecido cada día. Es cierto que no se clausuran todas las faenas diarias con una victoria ostensible o visible, pero  se labra el futuro con el tesón de los días; nuestra historia se hace con cada pasito, con cada idea que produce alguna cosa positiva y Dios se encarga de transformar lo “negativo” en algo positivamente distinto.

Me propuse vender una de mis PCs. No tengo suficiente dinero para terminar estas vacaciones y hago planes de volver a lo mío. Revisé unos e-mails y ví fotos que movieron parte de mí, así como otros actualizan nuestro banco de memoria, pues, ellos recuerdan nombres y yo revivo situaciones.

Ramfhis, Nino, Rondón… Ricardo Blanco y Cía. ¿Cómo olvidarles? Ciertos nombres se desvanecen pero, las vivencias, nos visitan y ¡hasta en sueños las recreamos! Las reconstruimos o destruimos, de una vez y para siempre… ¡Así somos!

El grupo Scout Cometa. No era como aquel que me atrajo, en la infancia, por una chica llamada “Aquela” (¡Ja, ja!) Era rubia, tan atractiva… Cometa no era mejor, excepto por lo cercano a casa, aunque hubiese preferido seguir asistiendo al grupo que se reunía frente a la Embajada de USA, en La Floresta, cuando Creole y Lagoven estaba en el mismo edificio (me parece). Reinaldo, el líder de esa tropa, vivía en un barrio anclado en la Urb La Castelana (¡yo no sabía que había un barrio en ese sitio!). Las excursiones con él fueron más arriesgadas que los campamentos que hice en el Cometa, pero no creo que podré olvidar esa ida al parque nacional Guatopo. Allí, por primera vez, me besé con una Scout que fumaba y, fue tan nicotínico ese beso, que nunca volví a besar una fumadora, excepto hasta hacen dos años… (La necesidad tiene cara de pero: ¡Guau, Guau!).

Hasta donde recuerdo, mi necesidad por tener un grupo “Scout” distinto, no era porque me gustase mi uniforme de Rover Scout, ni porque me gustase presumir por cómo me sentía de cómodo en él; sino por era (soy) un Scout, aunque mis excursiones ya no son con ese viejo morral rojo, sino con cuatro maletas llenas de cosas.

Para mí fue una pena que no supimos proyectar el grupo como un “Grupo Excursionista” (ya había bastantes), nuestras condiciones –precisamente- eran tan holgadas y libres que no pusimos los reglamentos (leyes) que los Boy Scouts siempre parecían tener y, eso de DARLES DINERO (cada fin de semana) me parecía lo mismo que hacen los pastores en sus iglesias ¿Era un impuesto o un diezmo? ¡Ja! ¡Ja! Me disgustaba… Sé que no era mucho $ y el Sr Blanco trabajaba en la electricidad de Ccs, pero ESO DEL DINERO ME MOLESTABA (¿todavía?) y yo sentía que NOSOTROS MISMOS podíamos procurar los fondos para que nuestros movimientos y excursiones funcionaran y, en efecto, así lo hicimos. (Aunque no sé para qué servía ese dinero que tanto pedían los fines de semana).

Recuerdo que Ricardo Blanco me molestó una vez. Siempre me hizo ver que “yo no podía andar por la calle con MI UNIFORME de Rover Scout”. Creo que, cierta vez “me aclaró” que no podía ponerme mis charreteras (gris con verde) porque yo no me las había ganado… (¡Bah!)

En ese tiempo, la casa scout situada frente al Edf La Previsora había disminuido el nivel de exigencia para hacer compras de piezas del uniforme. Creo que me habían visto tan de seguido, que se imaginaban era “cliente” fijo, pero –en realidad- solía comprar en otros sitios más económicos y con mejores productos (franceses, gringos o alemanes). Allí, poco a poco, compré aquellos shorts blue Indigo, aquellas excelentes camisas grises y, lo último (me parece) fueron las medias y las hermosas charreteras; pero yo no buscaba uniformidad ¡ni asimilarme! (ni pertenecer a otros). Koniec, mis amigos del Cometa y los que no lo fueron, me dieron mucho de esa identidad que ninguna asociación o agrupación me daría, sino integrándome a la gente, conviviendo en sus vivencias.

Ricardo Blanco, el hijo del “líder” principal del grupo, me hizo una observación que me fue muy sentida. Habló de mi egocentrismo, me habló de mi egoísmo, y con el tiempo comprendí que –haciéndole todo caso- sería uno más de sus “fans”, aquellos que se sometían incondicionalmente a su liderazgo y, raro no era que tuviera el mismo signo zodiacal de Simón Bolívar (la gente de Leo siempre es líder a expensas de otros). ¡Ojo! No tengo nada contra Blanco, sino contra el burro de Miraflores.

No recuerdo si le dije algo como: “Ese uniforme es mío y haré lo que se me vega en gana” ¿Qué importa lo que le dije? Eso no es trascendente y tengo buenos recuerdos de Ricardo. Por ejemplo, que estudió electrónica; pero, por lo que aprendió de niño, él pensaba que el flujo de la corriente eléctrica se interrumpía cuando alguien le hacía un nudo a los cables, tal como sucede con las mangueras de agua, allá en su vieja casa. (¿Ves que recuerdo ciertos singulares detalles? Hasta cuando estudiábamos en tu casa y tu madre nos atendía).

En aquellos días del Koniec -¡lo lamento!- Algunos padres se inquietaron porque la asistencia a la tropa se desestabilizó. La asistencia no era tan copiosa esos días y algunos muchachos se habían acerado a nosotros por mis amigos Nino y Ramphis. La idea del “Koniec” era libertaria, económica e independiente… (Ellos deben recordar algo de ese FIN). El Cometa tuvo su mella, pero la intención no fue afectarlos (económicamente ni con la asistencia) sino para que los verdaderos Scouts ejercieran esa vocación y no para andar sólo golpeando el cemento duro del Colegio “Santa Teresita del Niño Jesús” en cada reunión (¡Nombre tan largo!).

Nino y “Ram” (su nombre artístico) estudiaron unos añitos en el Jesús Obrero… ¡Excelentes muchachos! (No lo negaré, pues, quizá nunca vuelva a verles). Ramphis causaba admiración, no tanto por sus frenillos o inteligencia (eso se ve de cerca) sino por la cantidad de “batches” que iba acumulando por su aplicación para ganar “ascensos” y créditos dentro de su patrulla. Nino no tenía tantos como él (a pesar de ser su hermano), pero había un chamo blanquito que le ganaba a todos: ¡Una manga completa llena de “batches”, mientras que la otra era de una camisa manga corta… (¿Así es que se le dice a la vaina esa: “Batch”?).

Para ser honesto, no es raro que Ramphis haya elegido Ingeniería como carrera y, para ser “brillante”, muy pocas veces se jactaba de lo que aprendía; excepto cuando presumía para molestar, cuando nos reuníamos unos pocos amigos. (¿Eras siempre así, mi amigo mío?).

Nino, bastante distinto al grupo que cumplía años la 1ra sem del mes de junio, era uno de mis amigos favoritos. Podía visitarle y conversar buena cantidad de horas, hasta que su universidad nos separó y yo me quedé fuera de sincronía y el mundo dio las vueltas que sigue dando. En secreto, cuando observo a uno de mis hijos, encuentro mucho parecido en cosas que se repiten (sólo espero que mi muchacho no cometa mis errores). La primera vez que me vio –me contó Nino cierta vez- pensó que en el grupo Scout estaban ingresando “los malandros” (¡Ja, Ja!). Sus prejuicios, explico para mí, quizá vinieron por las opiniones oídas de un padre con un pasado militar y “la gente buena” sólo ha de llevar cabello corto… ¡Ja, Ja! El tiempo me dio la razón: Aunque trato sólo el pelo de la barba me crece.

Hay muchos otros nombres que no menciono por tiempo. El Koniec, en lo personal, me dio muchas satisfacciones, muchas experiencias gratas, y dudo que Ramphis o Nino hayan olvidado nuestra excursión al Pico Oriental… Ese día nublado (Gracias a Dios) No llevábamos agua ni comida suficiente. Dios hizo que Ramphis (¿o Nino?) encontrará un alimento enlatado y una lata de refrescos y eso fue lo que NOS SALVÓ PARA TERMINAR felizmente ESE VIAJE… De no ser por ese MILAGRO, yo habría botado mi cámara de cine y mi cámara fotográfica, pues, lo que me hizo pensar Alberto Gómez, era que “Si la trataba de guardar –tanto como yo decía- lo que ocultase, terminaría siendo descubierto” tal como pasó con lo que Dios permitió salir a la luz, esa vez que yo tomaba agua de barro, y deseaba tener un pitillo para lamer parte del suelo. ¡Uy! Nunca más pasé por algo tan drástico, a excepción de… Cuando me perdí una semana (con Alberto) en una isla en le Orinoco ¡Y Dios nos ayudó, también!

¡Recordados amigos! No estando presentes ni cerca para decirles (decirnos), les quiero invitar a revisar esas pequeñas y grandes experiencias en las que Dios les ha asistido. El tiempo se acorta y, algunos de nosotros necesitamos dar un cambio radical a nuestras vidas y, de mi parte, los invito a recibir e investigar más sobre el Señor Jesucristo. Yo, también, provengo de creencias universales y católicas, pero la religión no salva ¡ni lo que yo crea! Sino esa relación que todos hemos de establecer (con Dios y Su hijo Jesucristo) si queremos excursionar por los mundos de la vida venidera.

Quiero decirles que les amo (en un sano y buen sentido anglosajón). Hay cantidad de cosas que no podré expresar con hechos ni cantidad de letras y, su madre, doña Betty, llenó parte de ese vacío que todos, en alguna forma, tuvimos por esas circunstancias en que se nos estrechó el camino. Uds han sido, para ese breve tiempo, una clase de hermanos (míos) que yo no supe tener y nunca podré agradecer –tangiblemente- toda esa amabilidad que Uds (y su familia) me dispensaron.

P.S.

Querido hermano Nino:

¡Gracias por haberme prestado aquellos libros rojos de tu biblioteca! Sé que desaproveché algunos libros, pero no lo resiento ahora. Pude haber aprendido más de ellos y, el que más me gustó fue el de Goethe. Creo que sigo siendo romanticón (sensible) y, hasta cierta vez, quise cerrar los capítulos de mi vida con el “método” de una de esas novelas… pero, mi vida, en lugar de terminar ¡comienza a mejorar! (Jesucristo es mi modelo).

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