EL RECUERDO DE GATTO

El recuerdo de Gatto; Gatto era nuestro amado perro. En realidad era la mascota de mi hijo mayor. Pero considerado como mascota de la casa.

Gatto era un animalito inteligente y muy educado; fue adiestrado por mi hijo quien lo educó para que cuidara la casa, pero al mismo tiempo fuera educado con las personas y con sus pares, es decir otros perros.

Caminaba por el cerro y el bosque día tras día junto a Samurai su viejo y querido amigo. Samurai era su compañero de juegos con quien compartía la comida y el agua a diario. Un día Gatto decidió internarse en el bosque porque caminaba largas horas durante el día buscando comida, cuidando la casa y alrededores; veía con ojos de tristeza la vejez de su amigo Samurai; por lo que no dejaba que le acompañara en esas caminatas tan largas.

Un día Gatto se pone a jugar con unas ramas que habían en un lugar de arena en el patio de la casa y le da por ir a buscar a su amigo inseparable Samurai; cuando se detiene ve que su amigo perro de siete años se encuentra dormido a un costado, se acerca y avisa que algo sucede. Cuando mi hijo va a ver que sucedía se encuentra que Samurai nos había abandonado para siempre.

Se le hizo un funeral, quedó enterrado dentro del patio de la casa debajo de un boldo. 

Pasan los días y meses, Gatto ya después de haber estado triste y sólo en sus juegos, un buen día se acerca a la casa pero con otra cara; estaba contento, ladraba y saltaba; venía acercándose una perrita de color ámbar a jugar con él. Alegres por ver a esta perrita que le haría compañía se decidió dejarla como su nueva compañera de juegos.

Con el pasar del tiempo Gatto se enamoró de la linda perrita de color ámbar y ya no eran solamente juegos con su compañera; sino que la había dejado embarazada. Mi hijo que lo cuidaba a Gatto con esmero y dedicación se alegra de que tendrán familia y que hará crecer su   legado.

Al tiempo; sin saber nadie que su compañera estaba embarazada; Gatto se va como siempre a jugar con su compañera de juegos al bosque, iban y venían; comían y bebían agua y regresaban a sus lindos juegos.

Un día mi hijo decide levantarse más tarde cansado de trabajar y de sus estudios de Universidad. Golpean la puerta de la casa y es un policía comunicando que parte del patio se está incendiando. Mi hijo se levanta y sale a ver que pasaba y efectivamente alguien entró e incendió un vehículo que estaba en el patio de en frente. Preocupado por esta situación llegan otros carabineros y deciden tomarle declaración si tiene algún enemigo que pueda hacer daño. La declaración no se hizo por protección a los animales que habían en la casa; que era su perro Gatto, su amigo Riolu el perro de mi hijo menor y la perrita de color ámbar.

Pasaron días, mi hijo llega de su trabajo y ve con una inmensa tristeza que su perro de siete años de compañía está con su carita rota de un hachazo; su hociquito lleno de espuma con sangre y el perrito gimiendo de dolor; pero aún así le cerraba y abría sus ojitos como diciéndole mira lo que me han hecho!!. Mi hijo le dice: levantate Gatto ven a saludarme como siempre. Gatto se levantó de su camita donde dormía en su casa y se acerca donde se encontraba su amo, le mueve la cola y le gime; se da la vuelta se acuesta nuevamente en su cama y ahi queda eternamente con sus ojos cerrados para siempre.

Mi hijo llorando me llama por teléfono y a sollozos me dice: mamá, mamá Gatto se nos fue. Cuando lo escucho llorar con tal desesperación y por la triste noticia que me estaba comunicando me puse a llorar a mares como yo digo. No conteníamos el llanto ninguno de los dos y yo desde mi teléfono trataba de consolarlo a pesar que estaba tan triste como él por lo sucedido, diciéndole calmate hijo, ya calmate quieres te doy un inmenso abrazo ya. Pero aún así el seguía llorando y hablando con su perro; sólo le quedó el consuelo que le dijo: te quiero Gatto antes de que cerrara sus ojitos.

 

Cuando vi por última vez a Gatto nuestro perro querido; me subo al vehículo y el perrito no me deja cerrar la puerta, con su manita me toca la pierna como diciéndome que no lo deje que no me vaya y yo con admiración porque lo quería muchísimo le digo: Gatto, porque me haces así; me voy a morir o te va a pasar algo a ti ah!!; ya me tengo que ir te quiero mucho besito ya.

Gatto fue un perrito que siempre nos dió felicidad con sus juegos y caricias y siempre he pensado que él dió la vida por mí. Pienso que ese día cuando me despedí de él, el presintió que algo me sucedería. 

Fueron las últimas palabras que le dije a mi perrito regalón. La partida de Gatto también fue tristeza para mi hijo menor; el no lloraba sólo trataba de consolarme y darme ánimo ese día que me veía con tanta tristeza hablar por teléfono.

Te dimos mucho amor, nos diste inmensa felicidad y ahora te encuentras en la eternidad.

Donde quieras que te encuentres Gatto quiero que sepas que te amamos mucho y siempre te amaré; este post esta dedicado a El recuerdo de Gatto.

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