Cuando asistimos a las conferencias de motivación, recibimos una inyección de positivismo con conceptos sencillos y bien narrados por expositores con carisma, que por un momento, lo que dura la charla y unas horas más después de ésta, nos llenamos de fe y ganas de triunfar.

Lo seguro será que pasada la efervescencia, olvidamos la medicina proporcionada en la charla, que si analizamos detenidamente no es nada distinto a hechos que ya conocemos, pero que olvidamos practicar.

Recordar los momentos felices ante las adversidades presentes, es tarea de mayor aplicación, porque destruir es lo más fácil, construir potenciando lo bueno es lo difícil.

Cuando en el trabajo se comete un error se pondera al máximo, no recordando las contribuciones en el pasado a lo mejor mediático, hace una horas no más, destruir es muy fácil y la mejor salida.

Quiero detenerme un poco en el amor de pareja, cuando se comete un error no se recuerda para nada los buenos momentos vividos, los errores son fustigados por la víctima, jugando el papel de ser intachable.

En el amor de pareja no se recuerda los errores del que juzga, porque a lo mejor estos se cometieron con el desconocimiento del otro, la autoconciencia se deja guardada en el archivo interno más recóndito.

En el amor él que juzga no recuerda que cometió el mismo error que ha cometido el juzgado, porque éste no se dio cuenta, pero si se dejó pillar, la doble moral en toda su majestuosidad.

En el amor el ofendido no recuerda perdonar amparándose en que solo dios perdona y él no es dios, pero eso sí, en sus creencias de ser de un alto nivel espiritual se cree un dios, que no debió ser traicionado.

En los problemas de pareja, el orgullo desplaza la sensatez y no permite recordar el amor de ayer y que quizá continua hoy.

En los problemas de pareja, no se recuerda que a lo mejor fuimos el detonante del problema, y de buenos seres celestiales pecamos,” porqué me hiciste esto si éramos tan felices”.

En los conflictos de pareja no se recuerda los errores del pasado, necesarios de reconocerlos en el presente para retroalimentar el amor.

En los problemas de traición de pareja, el por qué éramos tan felices es el argumento del ofendido, utilizando como arma recordar los momentos felices del pasado, que a lo mejor en un análisis exhaustivo, no eran tan felices y si resignación pura.

En todos los momentos de la vida nos encerramos en los impactos de los momentos malos, no recordando los verdaderos momentos felices como base para la recuperación.

Recordar es vivir y por eso volvemos a escuchar la canción con que crecimos, con que nos enamoramos, con que vivimos algún momento feliz.

No debemos recordar solo argumento lógico en contrario, canciones, películas, hechos, que conducen a momentos tristes, mina el espíritu y nos encarcela en la desazón.

Recordar datos importantes sí que nos saca de apuros.

Recordar los valores y principios con que fuimos formados, nos conduce por el camino correcto en la vida.

Recodar los seres amados en la lejanía nos indica que no estamos tan solos y que alguien nos ama y espera.

Recordar nuestra esencia de seres sociales nos hace saber que la soledad continua no es buena

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