Gabriela Mistral recibiendo el Premio Nobel de Literatura en 1945

Hoy, 7 de abril, se cumplen 126 años del nacimiento de una de las escritoras más influyentes de las letras hispanas, la escritora y poetisa nacida en Chile, Gabriela Mistral.

Su trayectoria como escritora y poetisa, de gran belleza lírica y vívidas imágenes de sus propias experiencias y de su querida tierra, América Latina, le hizo merecedora del Premio Nobel de Literatura en 1945, siendo la única representante de las letras iberoamericanas en conseguirlo hasta la fecha. La Academia Sueca justificó su concesión en "su poesía lírica que, inspirada por emociones poderosas, ha hecho de su nombre un símbolo de las aspiraciones idealistas de todo el mundo latinoamericano".

Nació como Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcaya, en una pequeña población del Valle de Elqui (Chile), un 7 de abril de 1889. Siendo muy niña, con tan sólo 3 años de edad, viviría una de las experiencias que van a marcar permanentemente su vida: el abandono por parte de su padre. Este suceso, junto a cuatro suicidios de personas próximas a ella, la conducirían a una infancia solitaria y triste. 

De salud enfermiza, esta maestra rural y máxima representante de la literatura en lengua española, supo encontrar en la escritura y, especialmente, en la poesía su vía de escape y de transformación de una sociedad que, desde su visión de mujer, empezaba a vislumbrar injusta para determinados colectivos y, muy particularmente, para las mujeres, para las que exigía el derecho a la educación en su artículo "La instrucción de la mujer", publicado en La Voz del Elqui.

Su vocación por la docencia fue constante a lo largo de toda su vida, siendo maestra rural con apenas 15 años, y profesora de instituto a los 21; pero tras diez años de ejercer su actividad docente decidió dejarla para dedicarse por completo a la literatura. Y, sinceramente, fue una gran suerte, al menos para los y las amantes de la buena literatura que se encierra en cada uno de sus versos, en cada una de sus obras. 

Unas obras que establecen una simbiosis casi perfecta entre las personas y la naturaleza, y en las que estarán muy marcados los temas del amor y de la muerte -inspirados por las propias experiencias de la poetisa-, evocando constantemente la tierra latinoamericana, sus gentes, sus paisajes y sus costumbres. Todo ello lo supo plasmar muy bien en sus poesías, especialmente en sus libros Tala y Lagar, dos volúmenes que describen con todo detalle su visión de América Latina, y que serán una antesala de su última obra, Poema de Chile, un libro muy mimado y que no vería la luz hasta después de su muerte, ocurrida un 10 de enero de 1957.

 

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