La rivalidad entre estos equipos llega a límites comparables a los de la rivalidad que surge entre los seguidores de los clásicos Madrid-Barça, y no es de extrañar que en los estadios en los que se debutan los partidos algunos seguidores tengan que ir con escolta. Sin ir más lejos, hace dos años hubo un incidente que pudo llegar a ser muy grave cuando los hinchas cartageneros lanzaron piedras a los hinchas murcianistas cuando éstos bajaron del autobús en el que viajaban a la ciudad portuaria.

Y muchos se preguntarán "¿merece la pena toda esta violencia?" y algunos hinchas responderían sin dudarlo "pues claro que sí", pero no conseguirán dar una justificación válida para esa afirmación. Aquellos que están a favor de la violencia en el fútbol, tanto jugadores como seguidores, o bien no tienen familia ni amigos ni nadie a quien quieren o bien no se han parado a pensar en lo preocupados que estarían si sus parejas, familiares o amigos hubiesen tenido que viajar fuera de su tierra para ir a ver un simple partido y divertirse viajando sabiendo lo salvaje que puede llegar a ser la estupidez humana. La violencia solo desemboca en más violencia, y para un deporte o "juego de élite" me parece excesivo el riesgo y la seguridad que deben emplearse solo para pasar un buen rato.


Además, muchos aficionados confunden fútbol con política, aunque ambos campos en el caso de la corrupción están muy igualados en España (sobre todo en lo que concierne a la 1ª división de las clasificaciones nacionales), de manera que en los estadios de estos equipos pueden escucharse los cánticos "Cartagena pueblo, Murcia capital" y viceversa. También se suele atacar a la contaminación de la capital (sobre todo al ya conocido Río Segura), pero, ¿qué tiene todo esto que ver con el fútbol? Son solo incitaciones a la violencia, se trata de intentar herir el orgullo de los aficionados, aunque si se es inteligente no se suele caer en estas burdas trampas.

Desgraciadamente, hay mucho inculto suelto por ahí, cuya incultura suele ser directamente proporcional al grado de violencia. Mi consejo: modificar la conducta allá donde se vaya y en caso de peligro olvidar el orgullo pero no la dignidad. ¡Ah! Y vistas las últimas actuaciones de la policía, no bajar la guardia aunque estén ellos presentes. La policía no es siempre sinónimo de seguridad, pero ese es otro asunto.

Jugada en el centro del campo con el estadio a rebosar al fondo

Aficionados en el estadio con una pancarta donde muestran su disconformidad con la pertenencia a Murcia de la ciudad de Cartagena

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