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Reacción ante la crisis

¿Qué podemos aprender de la situación actual?

Juan lleva año y medio sin trabajar. Se le acabó la prestación por desempleo, así como el subsidio. Sin trabajo y sin dinero, no ha dejado en ningún momento de buscar un empleo. Cada mañana, según su costumbre, se levanta temprano y, después del aseo, sale de casa para hacer la cola en la oficina de empleo. Su nuevo empleo desde hace dos años se llama: buscar un empleo, conseguir una estabilidad laboral. Después de su jornada diaria, se dispone a dar un paseo en un parque cercano a su casa para estar en contacto con la naturaleza y consigo mismo, para ordenar sus pensamientos.

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De repente se detiene en el camino. Se ve ante una situación completamente nueva en su camino, algo insólito a su modo de ver. En un banquillo alejado, ve sentado a un señor mayor, canoso y con una barba larga. A juzgar por la vestimenta, podría tratarse de un vagabundo. Entre sus manos arrugadas, sostiene un cartel de cartón con el siguiente enunciado: se ofrece empleo.

La imagen descrita despierta la curiosidad de Juan y se acerca para averiguar de qué se trata saludando al anciano: “Buenas tardes”. El anciano, tras echarle una mirada amistosa, le replica el saludo. “Veo que usted ofrece un empleo”, le comenta Juan dudoso, señalando al cartel. “¿De qué se trata?” – “Siéntese”, le invitó el anciano, “supongo que dispone de tiempo”. Juan se sentó a su lado y le comenta: “Pues sí, ya terminé mi jornada laboral por hoy y vine al parque a pasear.”

Anciano: ¿está trabajando y está interesado por saber que empleo ofrezco?

Juan: Hace año y medio que perdí mi empleo, dado que la empresa en la que trabajaba durante veinte años se vio obligada a cerrar. Desde entonces, mi empleo consta de levantarme cada mañana como si me iría a trabajar y, en vez de ir a mi oficina, voy a buscar un nuevo empleo. Conservo la FE en un mundo mejor. Solamente estamos viviendo una fase de cambio, un cambio del que debemos aprender y al que nos debemos adaptar.

Anciano: Interesante forma de pensar. El empleo que ofrezco es muy sencillo. Soy un anciano que se encuentra sólo. Durante los próximos siete días estaré todos los días en este banquillo y solamente busco la compañía de una persona sincera y fiel, dispuesta a compartir su tiempo conmigo. La recompensa será según su valía.

A Juan le parecía curiosa la oferta. No veía qué recompensa podía sacarle a tal empleo, pero, como dispone de tiempo suficiente y le gustan los retos, aceptó. No tenía nada que perder. Así que acudía todos los días al parque para hacerle compañía al anciano.

Se quedaban charlando hasta bien entrada la noche y Juan se asombraba ante la sabiduría y el conocimiento de su nuevo compañero. Las conversaciones eran placenteras y no se daba cuenta cómo pasaba el tiempo, de ahí que no contaba ni los días que pasaban. De repente, una tarde acudía ya como de costumbre al mismo lugar, mas el anciano no estaba. Como Juan se había olvidado del acuerdo inicial y había entablado una amistad con él, se preocupó de tal manera que comenzó a buscarle e incluso llegó a preguntar por él en una residencia de ancianos y un hospital cercano. Pero no lo halló en ningún lugar. Por la noche, agotado, se regresó a casa, entristecido por la ausencia del anciano.

A la mañana siguiente le costaba levantarse, sentía cómo le faltaba el ánimo, le faltaba un amigo. No obstante, reunía su fuerza como cada día para retomar su rutina. Cuando llegó su turno en la oficina de empleo, la señorita le dijo que tenía un empleo para Juan. Le anotó una dirección en un papel y le dijo que se presentara en la empresa a las diez de la mañana en la dirección indicada.

Cuando Juan acudió a su entrevista, no se podía creer lo que veía. Le esperaba el anciano del parque, aseado, afeitado y en un excelente traje con corbata.

“Me alegro que hayas acudido a mi cita. Soy el dueño de esta empresa y me falta una persona para atender a los clientes, ya que el anterior empleado se mudó de ciudad. En el parque no dudaste en ningún momento, confiaste en mí y me regalaste tu tiempo y tu compañía. Estabas atento a todas las conversaciones dispuesto a aprender, siempre atento y amable. A pesar de los tiempos adversos, no perdiste ni la fe, ni la esperanza, ni la sonrisa. Necesito en mi empresa personas como tú que persigue sus propósitos sin perder la mente positiva y le dedica el tiempo a las cosas realmente importantes sin mirar el reloj. Bienvenido a mi empresa.”

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