Si bien es cierto que el tiempo pasa a toda prisa, a veces nos paramos a pensar en la transcendencia de cada momento o circunstancia. En un abrir y cerrar de ojos y con lo efímero del instante, las historias pasan y sólo quedan en la retina de los más fieles seguidores. Es realmente curioso comprobar que a la postre todo acabó dónde empezó, y es que si el debut se produjo en Zaragoza el 29 de octubre de 1994, la historia tocó su final en el mismo escenario el día 24 de abril de 2010. Paradójicamente, en su debut pudo marcar tres goles más y no hizo ninguno, mientras que en su despedida lo más fácil era no marcar, anotó ese… y se lesionó. Precisamente aquel debut no fue un buen partido para Raúl, pero lo más importante estaba hecho. El madrileño dejo en aquella impactante aparición una presencia bulliciosa, un desparpajo y una garra inusual para un chaval de 17 años. Su rebeldía ante lo “políticamente correcto” sorprendió a los más veteranos de por aquel entonces, por lo que decidieron acogerlo entre ellos sabiendo que quien les acompañaba no era un futbolista más.

Una generación comprendida entre el final de la década de los 70 y principio de los 80 queda huérfana de referente y valores. Para mí, que tengo 30 años y disfruto de mi Real Madrid desde el día que nací, no concibo mi favoritismo sin él. Antes estuvieron Juanito, Butragueño… los vi, pero de lejos. Entonces, mi conciencia me entrega un Real Madrid moderno con Raúl González sobre el campo, desde mis 14 hasta mis 30. Ahora, ¿que hago yo?, ¿tendré que hacerme fan del Schalke 04? Es sin duda un tiempo de tristeza, nostalgia y melancolía.

Hablaba sobre lo efímero de la vida y sobre el “no apreciar algo hasta que se pierde”. Voces sin personalidad ni vocación criticaron en su día al mito, mañana lo echaran de menos. Pero la vida es así, todos fluctuamos, evolucionamos, venimos, marchamos… lo que queda es nuestra impronta, nuestro trabajo… la obra. Y no hay mejor obra que la que ha cimentado Raúl González Blanco en el Real Madrid y en la Selección Española. Envidias aparte, el madrileño es ya historia viva del fútbol por la cantidad de logros conseguidos. El jugador que no sabia hacer nada extraordinario, pero que todo lo hacia simplemente bien tiene un valor incalculable para quien haya podido disfrutar de su inmensa figura. No sirve de nada repasar todavía su palmares (seguramente todavía se traiga algo mas), sólo mencionar Raúl es imaginar la repercusión de su presencia en el fútbol internacional. Y él no pretende dejarlo aquí, se ha ido a Alemania para conseguir el más difícil todavía, ensañar algo sobre balompié a los teutones. Y seguro que lo consigue.

Nace la leyenda.

La primera celebración.  El "Centenariazo" fue uno de los peores momentos de su carrera. La Copa, su espina clavada.

Esta imagen tomada en el Camp Nou dio la vuelta al mundo.

El "aguanís" fue un recurso sensacional. Y en que momento...

Gran definición en la consecución de su segunda Copa de Europa contra el Valencia.

La llegada de Luis Figo supuso un acicate para el 7. Ese año fue estratosférico.

El "Centenariazo" fue uno de los peores momentos de su carrera. La Copa, su espina clavada.  

 

Sólo él sabe hacerlo así....

El sentimiento del campeón.

La garra.

Dos emblemas, dos historias paralelas.

Característica celebracion del astro. ¡Viva España!

 

El último partido de Ráúl con el Real fue también en Zaragoza, en abril del 2010.

Raúl en su presentación con el Schalke. Te esperamos.

 

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