rafflesia arnoldii flor

RAFFLESIA ARNOLDII, LA FLOR MÁS GRANDE DEL MUNDO

   La rafflesia arnoldii es una flor sorprendentemente grande, considerada de hecho como la flor más grande del mundo. Tiene cinco pétalos que miden casi medio metro cada uno, por lo que su diámetro es de casi un metro. La rafflesia arnoldii puede llegar a pesar 11 kilos. Su grosor es de casi 3 centímetros. Su textura es carnosa y su color es entre anaranjado y rojizo con motas más claras. El gran círculo central de la raflesia arnoldii puede contener 7 litros de agua.

rafflesia arnoldii

   La rafflesia arnoldii crece en los bosques húmedos y en las selvas del sureste de Asia, especialmente en Indonesia y en Malasia. Es una planta parásita que crece sobre las raíces de un árbol de la familia de la vid que se llama tetrastigma. En esta planta, la rafflesia arnoldii encuentra los nutrientes que necesita. Al ser parásita, la rafflesia arnoldii carece de raíces, tallos, hojas y cualquier tejido fotosintético. Es decir, que lo único que emerge es la flor en sí, y no realiza la fotosíntesis. La vida de la rafflesia arnoldii es muy breve. Aunque necesita nueve meses para florecer, cuando lo hace vive menos de una semana y depués se pudre.

flor rafflesia arnoldii

   A pesar de ser una flor bonita y llamativa, y también fascinante por su gran tamaño, la rafflesia arnoldii tiene algo que la hace desagradable. Es su olor. Esta flor emana un olor acre que recuerda al de la carne podrida. Esto es así para atraer a los insectos carroñeros, ya que son los que que polinizan a la rafflesia arnoldii. Además esta flor tiene la capacidad de emitir calor, lo cual también atrae a los insectos carroñeros. Estos insectos buscan animales en descomposición, por lo que el mal olor y el calor de la flor siempre atraen su atención.

rafflesia arnoldi

El futuro de la flor rafflesia arnoldii

   Hace algún tiempo, las tribus indígenas recolectaban los capullos de la rafflesia arnoldii para utilizarlas en su medicina tradicional. Además, los bosques no estaban siendo cuidados como debieran, y el hábitat de esta flor estaba siendo destruido. De haber seguido así, quizás la rafflesia arnoldii ya se habría extinguido. Pero los indígenas de estas zonas cambiaron su actividad, y ahora ya no recolectan los capullos, sino que protegen estas flores y ejercen de guías del ecoturismo. Ellos muestran estas flores a los visitantes, ya que saben dónde encontrarlas y cuáles son los días en que florecen. Con esta nueva actividad han renacido las esperanzas de que la especie rafflesia arnoldii sobreviva y la puedan admirar las siguientes generaciones.

rafflesia arnoldii

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