Puede parecer ser sencillo escribir sobre la figura del tenista Rafael Nadal o tal vez pueda parecer todo lo contrario. Desde el respeto, la admiración y el cariño dedico unas humildes líneas a no sólo uno de los mejores deportistas españoles de todos los tiempos, sino a un joven al que cualquiera quisiera conocer por la humildad y por los valores que nos demuestra día a día desde cualquier punto donde este.

El sudor ciega tu felina mirada y te hace perder la estela de una pelota que se aleja a tu izquierda. Sólo es una casualidad. A la siguiente, un calambre castiga tus extremidades, en la psique un viaje, un aficionado pide un autógrafo… no tienes tiempo de leer aquel libro, de hablar con tu amigo... estás gravemente cansado. Pero no hay tiempo para pensar en ello. Sigues devorando millas y quemando raquetas, te comes la pista una vez más y te vuelves a descansar. Algo sigue sin funcionar bien. Hoy corriste menos que ayer y no va a ser menos que mañana. El numero uno del ranking sigue sumando y por detrás vienen otros con tanta hambre como el que va por delante. Tu mayor problema está lejos de solucionarse pero será tan sencillo como acostarse esta noche: eres rabiosamente joven. Y simplemente todo pasará, volverás a deleitar, gritaras una vez más y no dejaras jamás de ser el mejor. De hecho hoy tu muslo está más rojo que nunca de celebrar a tu manera. Esto huele bien.

Un campeón diferente para un país diferente. Un deportista total que brillaría en cualquier faceta en la que se desempeñase, un verdadero ganador nato. Te echamos de menos pero no porqué nos hayas faltado, si no porque añorábamos tu sonrisa. Tu momento está por llegar. Vamos, Rafa.

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