Desde hace un mes, me veo en la obligación de moverme por Madrid en vehículo por motivos laborales. Nunca hasta ahora había sido consciente del régimen de terror bajo el que vivimos: decenas de radares de semáforo vigilando de forma férrea distintos puntos de la ciudad inflándose a darles sorpresas desagradables a todo aquél que los pase en ámbar o se le ocurra dejar paso a un vehículo prioritario que lo requiera. Pues, al fin y al cabo, nunca sabemos en qué momento exacto empieza a multar el radar. Lo que sí sabemos es que son 200€ y 4 puntos menos.

Cualquiera que se fie ciegamente de estos dispositivos no tiene más que hacer una simple búsqueda en Google para ver que muchas de las sanciones que imponen han sido anuladas por su dudosa veracidad. Yo soy el primero que no se fía y paso temblando. Estoy totalmente dispuesto a pegar un frenazo, aunque el de atrás que venga pegado se estrelle contra mí, con tal de evitar la multa. Al fin y al cabo, un radar es un arma de recaudación brutalmente eficiente.

Pensaba que el nuevo partido político que gobierna Madrid sería más tolerante con el tema, pero me equivocaba de pleno. No solo no han retirado ni un solo de estos instrumentos recaudadores, sino que han puesto aún más, y más que quieren poner. Amén de otras medidas contra el ciudadano, como reducir el límite de velocidad en la M-30 o en la A-5 ¿Y este era el Ayuntamiento del cambio? Si el Ayuntamiento del PP ya nos exprimía a multas de forma indiscriminada, éste está continuando con su obra con aún más crueldad. Pensaba que el equipo de la señora Carmena acabaría con estas armas de recaudación contra las que ya se han pronunciado numerosos juzgados e incluso el Tribunal Superior de Justicia de Madrid. Craso error…

Llama también la atención que algunos de estos radares están ubicados al lado de hospitales. Parece como si estuviera todo pensado para multar al pobre desgraciado que se vea en la obligación de dejar paso a una ambulancia. Tenemos el de Menéndez Pelayo al lado del Hospital Niño Jesús, el de Francisco Silvela al lado del Hospital de la Princesa, el de Joaquín Costa junto al Hospital San Francisco de Asís, uno en Cardenal Herrera Oria sospechosamente cerca del Ramón y Cajal,… Pero el radar que se lleva la palma es el de O’Donnell, ya que está al lado de 3 hospitales: Gregorio Marañón, la Beata y Santa Cristina.

Este semáforo de O’Donnell tiene fama de poner multas de dudosa fiabilidad. No solo está el dilema moral de qué hacer si una ambulancia viene detrás. Tiene un “semáforo secundario”, que da paso únicamente a los vehículos que vayan a coger Doctor Esquerdo sentido Manuel Becerra. Pues bien, el problema es que el susodicho no tiene fase ámbar, solo verde y rojo. Por lo tanto, a menos que lo conozcas muy bien, es totalmente imposible saber cuándo va a cambiar. Lo que sí se sabe es que, como pases justo en el momento en que cambia, estás jodido.

A la cantidad de buitres que hay poniendo radares móviles por doquier, en sitios donde no existe ningún peligro y es fácil sobrepasar los ridículos límites que hay en muchos lugares habría que dedicarles otro artículo entero.

De lo único que podemos dar gracias en esta ciudad es de los radares fijos, ya que quitando la M30 hay pocos. Pero no lo diré muy alto, que no quiero dar ideas.

Radar de semáforo en Madrid

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