¿Racista? La clave puede estar en tu corazón

¿Eres racista? La clave puede estar en tu corazón. Un nuevo estudio establece que las señales que envía el corazón al cerebro en cada latido pueden influir en nuestros prejuicios raciales.

Un equipo de investigadores coordinado por el psicólogo Ruben T. Azevedo, de la Facultad Royal Holloway, en la Universidad de Londres, ha averiguado que lo que pensamos sobre las personas de otras razas puede variar en función del momento en que nuestro cerebro procesa la información que le llega del corazón. Esto es, que lleguemos a la conclusión de que constituyen o no una amenaza depende en parte de si nuestro músculo cardíaco se está contrayendo para impulsar la sangre –la sístole– o, por el contrario, si se está dilatando para que el fluido vital penetre en él –la diástole–.

Para determinarlo, los científicos examinaron el ritmo cardiaco de 32 personas caucásicas a las que se les iba enseñando una serie de imágenes en las que aparecían individuos blancos y negros. Estos llevaban distintos objetos, como un teléfono móvil, una herramienta o un arma. Azevedo y sus colaboradores observaron que cuando se les mostraba la foto de un afroamericano durante la sístole, eran casi un 10% más propensas a indicar que este portaba algo peligroso, aunque solo se tratara de un smartphone.

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Hay el doble de posibilidades de que esta en realidad se encontrase desarmada cuando se trata de un afroamericano.

En un artículo publicado en la revista Nature Communications, estos expertos señalan que esta inclinación a tomar por un arma un objeto inofensivo cuando es acarreado por una persona de otra raza es un sesgo que explica en cierto modo algunos estudios llevados a cabo recientemente en EE. UU. En ellos se indica que si la policía abate a una persona, hay el doble de posibilidades de que esta en realidad se encontrase desarmada cuando se trata de un afroamericano.

Según el equipo de Azavedo, el corazón y el cerebro se comunican constantemente, y esta es una muestra de cómo ciertos estereotipos pueden tener una dimensión fisiológica y no solo cultural e influir en nuestro comportamiento, incluso en aquellas personas que no los apoyan conscientemente.

Imagen: The All-Nite Images vía Flickr / CC/muyinteresante.es

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