sentir rota

A lo largo de la nuetra vida soñamos veintinueve horas al día. Pero claro, eso solo somos capaces de hacerlo quienes hemos luchado en algún momento de nuestra vidas, ya sea literal o metafóricamente. Quienes no son capaces de soñar, me atrevo a afirmar, tienen por alma un bloque de hielo. Un bloque de hielo al cual nunca le ha alcanzado ningún tipo de calor para poder derretirlo, ya sea porque el "no soñador" nunca se ha dejado que nadie le ofreciera su calor, porque nunca nadie se ha dado cuenta de que es un diamante en bruto o porque, directamente, no quieren que se derrita su bloque de hielo. Y, ¿sabes? son ese tipo de personas que nunca se han dejado desacer las que pena, no saben lo que se pierden. No saben que perdiendo también se gana y que ganando también se pierde. No saben que después de que haya una tormenta interna de cada ser, el chocolate llega a saber a cielo. No saben que el dolor forma parte del ser humano. Por todo ello, me atrevo a confirmar que soy una luchadora nata, porque yo no sueño veintinueve horas al día, yo sueño y soñaré hata cuando mi alma navegue sin cuerpo, pero sí con fuerzas. Yo fui una persona que era rehacia al calor y, el día que lo sentí me arrepentí de no haberme dejado a mí misma sentirlo antes.


Me quiero sentir rota. Debo sentirme rota. Me exijo a mí misma sentirme rota. Pero el tiempo pasa y siento como si no hubiera perdido nada, lo cual me hace pensar: ¿se ha convertido ya mi corazón en hielo o simplemente ha dejado de latir por ilusión?. Sinceramente, no lo creo. Es más, lo sé. Se que mi corazón late por ilusiones vanas y que el hielo junto a él se derrite, porque mi corazón es puro fuego. Y no es que no me duelan las decepciones o los desamores, por supuesto que me hacen daño, pero más daño me hace ver como mi sonrisa se desdibuja. Por ello, voy en busca de ilusiones y me da igual en el rincón del mundo en el que se encuentren. Yo iré en su busca, ya que lo bonito no es el destino, y mucho menos lo que ilusiona, sino el viaje que se realiza durante nuestra vida. No importan las piedras, los socabones o los monstruos que te encuentres. No importa el dolor ni el miedo ni la rabia, lo que importa es la lección de ello y la experiencia aprendida. Además, así irás más encaminado hacia el camino de la ilusión porque sabras las espinas que no querras volver a probar.

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