¡TE QUIERO TANTO!

El comienzo de nuestro noviazgo tuvo todos los ingredientes necesarios para ser en el futuro una pareja feliz, una relación que nació con los mejores auspicios, cimentada en base a una compenetración estrecha de sentimientos y aceptación. Teníamos el mejor aglutinante; el amor; que nació en unas circunstancias nada agradables, más bien accidentadas en un encuentro fortuito, donde ella era víctima del ataque de un aberrado sexual en el baño de una terminal de pasajeros. Afortunadamente para ella en el momento de la agresión por parte de este delincuente, yo; pasaba cerca de ahí accidentalmente, escuchando los gritos ahogados de una mujer al parecer en apuros.

Lo que me lleva a averiguar el porqué de los gritos de angustia de esta mujer desconocida para el momento, al sitio de donde salían la urgencia de estas exclamaciones; me asomo con cuidado y de una ojeada capto toda la escena: un hombre alto fornido, tiene a la joven en el suelo a horcajadas sobre ella, tratando de taparle la boca, ella lucha denodadamente como una tigresa tratando de quitárselo de encima y, es cuando yo entro en el escenario, con lo cual el delincuente sorprendido en flagrancia, pega un salto y se pone de pie soltando a la muchacha, esta se sienta en el piso pegada a la pared tratando de recomponer su falda y taparse los senos. El hombre trata de escapar y arremete en contra mío, lo cual me lleva a forcejear con el tratando de evitarlo, a todas estas hacen su entrada otras personas al recinto atraídos por los gritos de la joven; afortunadamente entre ellos dos policías que se hacen cargo de la situación. Así fue como nos conocimos.

Desconsuelo

Ella, lloraba desconsoladamente y solo decía – Dios, Dios, Dios – la tomé de las manos y la pongo de pie y la atraigo a mis brazos – Cálmate ya pasó, tranquila, tranquila, su llanto decrece y poco a poco recobra el control de sus emociones – Sr. gracias, disculpe tantas molestias – me llamo Ethan, no te preocupes, no es nada – Ella – yo; me llamo Lidya – por favor me puedes acompañar y quedarte a la puerta del baño de mujeres para cambiarme, me da mucho miedo ir sola – por supuesto, tu mandas y yo obedezco – lo digo con ligereza, tratando de romper el momento de aprehensión – y funcionó – Lidya dejó asomar en sus labios una tenue sonrisa – yo tomo su bolso de viaje y la sigo – Estoy apostado a la puerta del baño para damas de aquel sector de la terminal de pasajeros. Las señoras que se dirigen a ellos, cuando me miran pegan un respingo – yo solo sonrío y me hago de la vista gorda.

Diez minutos después ella reaparece vistiendo un bluejean y una blusa a cuadros blancos y azules, manga corta; tal es la sorpresa que se retrata en mi rostro, que ella agranda sus ojos y dice – ¿Que; tengo algo malo? - a la velocidad de la luz pasan por mi pensamiento tantas cosas al verla, que mi admiración no tiene límites; aquel pantalón y la blusa enmarcaban sus formas de mujer al máximo, era una escultura viviente – Por Dios que mujer, pero más que eso lo mas resaltante es, la profundidad de aquella mirada, sus ojos negros, grandes, que hablaban, que decían, de un rico mundo interior de regiones mágicas inconmensurables, cara ovalada, cejas finas y una boca grande bien dibujada perennemente húmedos que son una clara invitación al beso.- logro balbucear – No, disculpa, no sé en que estaba pensando, me sorprendiste – Tomo el bolso de sus manos y echamos a andar – luego – te invito un café o lo que quieras – me pregunta ¿no tienes hambre? – Un poco – me echo a reír; comamos pues – ya en el restaurant, mientras esperábamos el servicio – a donde te diriges – a visitar a mi familia en…, estoy de vacaciones y tengo dos años que no visito la familia y, tú – no te vayas a reír – como te digo; ando paseando en busca de experiencias nuevas, claro, en el buen sentido de la palabra, tu sabes para salir de la rutina y romper la monotonía – Yo; en cambio lo que quiero es descansar son; mis primeras vacaciones en dos años de trabajo continuo - ríe y me pregunta a rajatabla, ¿tú no trabajas? Me pregunta – Realmente en este momento no; tengo algunos ahorros, pero no soy rico, mi empresa soy yo; escribo comerciales para radio y televisión por encargo de otros.

¡Que fortuna!

Humildemente puedo darme el lujo de dejar por un tiempo el trabajo y retomarlo luego – Que fortuna tienes, te envidio – por favor, no es para tanto – sonrío – En ese momento llega el anuncio por los altavoces de la salida del especial con destino a la ciudad de Lidya. Ya nos encontramos en el andén de embarque de los pasajeros, estamos a la puerta del bus. Nos quedamos mirándonos de hito en hito, sin saber que decirnos o por dónde empezar, en las pocas horas que teníamos conociéndonos, había nacido entre nosotros una fuerte atracción – Ella – al fin se decide y busca dentro de su cartera de mano y saca una libretita y escribe en ella, termina y saca la hoja y me la entrega; me mira recto a los ojos y me dice – si quieres visitarme o llamarme, voy a estar un mes con mi familia, si gustas serás bienvenido – yo; saco mi cartera y le entrego una de mis tarjetas.

 

Me tiende su manita, se la tomo y la retengo entre las mías – ella se inclina hacia mí y me da un beso en la mejilla, la retengo pegada a mi unos segundos – Hasta luego, pronto te visitaré, espérame – Mientras el vehículo arrancaba yo; me mantenía en el andén con la mano levantada – En un impulso incontrolable decidí ir a la ciudad de Lidya y pasarme unos días allá. Dicho y hecho, llegué esa misma noche, me hospedé en un pequeño hotel del centro de la ciudad. Después de ducharme, me quedo acostado desnudo en la cama, sin poderme sacar de la cabeza la imagen de Lidya, me visto lentamente, bajo al comedor, comiendo frugalmente, una hora después me dirijo al bar del mismo hotel, me siento en la barra, pido una cerveza, y otra, otra, casi en la media noche subo a mi habitación, nada más entrar me tiendo en la cama boca arriba aún vestido.

Me estaba dormitando, cuando suena mi celular, extrañado me pregunto ¿Quién llama a esta hora? Y, ¡oh sorpresa¡ es Lidya, mi corazón latía alocadamente – hola – Ethan – si – como estás quise llamarte, para asegurarme de que no me estuvieras engañando – Como crees, primero muerto el que te olvide no tiene derecho a la vida – no seas zalamero; donde te encuentras – en un hotel – si estuvieras en mi ciudad, te ofrecería posada acá en mi casa – gracias corazón lo tendré en cuenta, cuéntame cómo te recibió tu familia – te podrás imaginar, después de dos años sin vernos – Ethan y ahora a dónde vas – por lo pronto, mañana a visitarte en tu casa – no seas mentiroso, de repente ni te acuerdas de mí – Ya veras, yo; no soy mentiroso – Pero, por supuesto sino me quieres recibir, no iré – no seas tonto, claro que quiero que vengas – quiero que recuerdes esto; tengo palabra, no seas desconfiado – Bueno Ethan, de verdad quería saber cómo estabas, ya sé que estas bien y me alegro, ya sabes mañana te espero – Por supuesto mi amor, hasta luego, chao.

El comienzo de nuestra relación tuvo los mejores auspicios, su familia y yo, entablamos una entrañable amistad e igual la mía con ellos. Lidya es una mujer maravillosa, linda apasionada, con una vitalidad infinita y entrega sin reservas. Me sentía el hombre más feliz del universo, la dicha no me cabía en el corazón, somos tan unidos, tenemos tanto amor que me da miedo, es como una premonición a los próximos acontecimientos por venir. Por mi parte tengo suficiente dinero y éxito en mi trabajo que, no me preocupa lo económico, en lo más mínimo. Luego de tres meses de noviazgo, felizmente nos casamos con la anuencia y la buena voluntad de todos los que nos conocían, las familias y con la felicidad nuestra. Les cuento; los primeros seis meses de nuestra unión fueron viento en popa.

Los conflictos

A partir de ahí brotaron las primeras fisuras de nuestro matrimonio. Lidya siente algunas molestias, normales en las mujeres, luego de practicarse unos exámenes de rutina, sale a colación que ella no puede tener hijos definitivamente. Esa noche al llegar a casa me la encuentro hecha un mar de lagrimas, llora desconsoladamente, tanto que no alcanza a darme ninguna explicación, de tanto insistir me pone en las manos, los resultados de los exámenes practicados, me derrumbé anonadado, leía y releía aquellos papeles, tratando de asimilar la infausta noticia. De pronto caigo en cuenta que Lidya ya no llora – la miro en silencio, pongo los papeles en una mesita, me siento a su lado y la tomo entre mis brazos – mi amor ya no llores, siempre podremos adoptar un niño, cálmate –

Pegando un salto, se pone de pie violentamente – No, nunca, no quiero sino es mío, gritó – Aquella reacción de su parte me dejó sin palabras, no encontré que decir, solo la abrasé, apretándola contra mí, no tenía palabras para paliar aquel dolor que brotaba desde el fondo de su corazón. La alegría llegó a su fin en nuestro hogar, la casa parecía estar vacía, limpia, impecable pero sin calor de hogar. Su sueño más preciado era ser madre, tener hijos y, la vida le había negado esa felicidad. Lidya se encerró en sí misma, de una manera tal que, no me permitió más nunca entrar en su corazón, en su alma. En lo que a mí se refiere me siento caminar en piloto automático, mi sostén más importante es el amor de Lidya, su compañía, nuestro hogar ya no es tal. Tengo frio en el alma y escozor en mi corazón.

En los últimos meses Lidya no para en la casa, se acabó la atención del hogar. Lo más grave es que se ha aficionado a la bebida, a mi ya no me habla, no soy más que un mueble de los que adornan la casa, no capto su atención para nada. Las familias de ambos están desesperadas, porque la estamos perdiendo y no conocemos la fórmula para salvarla. En mis pensamientos más oscuros imagino, que ella ha domeñado su corazón de tal manera que lo ha convertido casi en una piedra o más bien en una cosa abstracta que no siente ni padece. Cuando pienso en esto, lloro de impotencia, por no conocer un elixir maravilloso para inyectarle nueva vitalidad, nueva vida, un nuevo renacer.

Me siento, estoy, verdaderamente perdido, perdido en un escenario incierto, lleno de incertidumbre, donde no se para donde va nuestro matrimonio. Solo queda dentro de mis posibilidades, producir una explosión emocional que conmueva hasta su cimientes los sentimientos de Lidya. Con la complicidad de las familias fraguamos un plan. A raíz de producirse la muerte accidental de una de sus primas de parto, el bebé de la misma milagrosamente se salvó, lo que para esa muchacha significó la pérdida de su vida, es posible que para nosotros sea una bendición. Los caminos de Dios son inescrutables. Por esto decidimos llegar hasta donde más no se puede. Esta tarde Lidya se encontraba acostada, aletargada por medicamentos prescritos por el médico de la familia. Tomé el bebé y se lo puse al lado a Lidya y, me quedé en la semi penumbra a esperar el resultado. Pero no fue ella la que despertó primero, fue el niño, el que despertó – bu, bu, bu, - Lidya despertó sobresaltada y miró hacía el infante – yo; estaba atento a la reacción de Lidya – Ella – no hallaba que hacer – el niño seguía llorando – bu, bu, bu, - al fin ella se sentó en la cama y lo tomó entre sus brazos – No llores mi amor, arró rró mi niño, la, la, la – lo apretó delicadamente contra su pecho y le daba palmaditas en la espalda

Tranquilo corazón, ya, ya, ya, - el niño se durmió – la alegría se ahogaba en mi pecho y sentí en mi corazón que renacía entre nosotros la esperanza y el amor por la vida. Dios en su infinita misericordia había enderezado una equivocación de la naturaleza y esparcido entre nosotros, de nuevo la semilla de la felicidad a que todos tenemos derecho, humildemente te damos las gracias Señor.

pareja

mancha1

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