--- QUIEN MANDA AQUI ---

El sonido que desprenden nuestras vidas, nuestra propia banda sonora, el compás que nos manda, ¿quién lo marca?, admitimos roles predeterminados, sin plantearnos prácticamente ni siquiera, el porqué de ese mandato, tendemos a obedecer en conjunto, el mero hecho de que la mayoría haya aceptado un concepto, suele ser suficiente para que nuestro cerebro, decida seguirlo, solo un pequeño reducto de inconformistas, dan la espalda a esos canales de sumisión, los cuales, acaban generalmente, tachados o bien de locos extremistas, o bien de genios innovadores.

El paso de la historia ha transformado, la visión que tenemos del poder, la tónica real, sigue siendo la misma que, desde el comienzo de los tiempos, sigue imperando la ley del más fuerte, eso sí disfrazada de una cordura civilizada y una humanidad completamente irreal, los ejércitos, siguen estando presentes, aun a sabiendas de que ninguno nos gusta la guerra, las armas han cambiado de aspecto, pero siguen siendo armas, eso sí, mas mortíferas o "disuasorias", como nos venden, pero siguen cumpliendo ese cometido, tan real y tan triste al que estamos acostumbrados y adoctrinados, el hombre es malo por naturaleza, se suele recalcar. El motor, que ha movido todo desde siempre, tal vez parezca distinto, pero la diferencia no es tan sustancial como nos gustaría, el hombre necesita, como medio principal de supervivencia, el alimento, y sin duda, la sensación que nos deja el momento que vivimos, es de que la sociedad, a duras penas ha conseguido alimentar, a la gran prole que somos todos, pero no solo no es cierta, si no, que además de procurar hacer acopio indiscriminado, para especular constantemente , mientras miles de personas, mueren de extrema inanición sin ni siquiera recibir las migajas que desechamos, no sé, si podemos sentirnos muy orgullosos de estos logros.

Fábricas de armamento, compañías petrolíferas, marcas publicitarias, compañías de internet, y una interminable lista de vasallos adheridos, se reparten el pastel, nos dirigen a su plena conveniencia y nos dictan las normas del camino a seguir, sin que exista ninguna conciencia social, en nada de ello, más que la suya propia, su propio beneficio.

No sé si en la edad de piedra, el aprecio que sentían unos por otros, era basado, en la propia supervivencia en sí, pero las conclusiones que se pueden extraer, desde luego, no son para nada, de una evolución como habría dado a pensar, más bien hemos evolucionado, en como manipular a la gente más inteligentemente, y si la inteligencia solo nos sirviera a ese propósito, cuan triste seria, ¿no?

La evolución es de una matemática brutal: el largo del camino está cubierto de restos fosilizados de incalculables experimentos fallidos.

ELIZABETH GILBERT

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