Aficiones cabreadas

Fútbol moderno: ¿Todo por la pasta?

Hace escasas semanas, se presentó entre gran expectación la nueva segunda equipación del Real Madrid para la temporada 2014-15. La mayoría del público no sabía exactamente qué se iba a encontrar, pero los seguidores del club merengue se acercaron en masa al acto, movidos por la curiosidad. Al proyectarse la imagen gigante de la nueva camiseta sobre el fondo del Santiago Bernabeu, se oyó un "¡Ohhhhhhhhhhhhhhhh!" generalizado al comprobar que la nueva zamarra era de color fucsia. Se produjeron una serie de altercados provocados por seguidores exaltados, al grito de "¡Esos no son nuestros colores!". Carreras para acá, para allá, alguna carga... y fin de los disturbios. Carreras, carreras, carreras.... ¡hacia la tienda oficial para ser el primero en comprar la nueva pieza de coleccionista!

Vídeo de la presentación de la nueva indumentaria madridista

¿Son equipos o son camaleones?

La moda del cambio de color de las indumentarias de una forma totalmente arbitraria y sin sentido se viene produciendo de manera escandalosa de un tiempo a esta parte, como ya comentaba en el artículo Brasil 2014: ¿Estos son mis colores? (http://artigoo.com/brasil-2014-son-colores). Todos sabemos que buena parte del negocio del fútbol se asienta en esos ingresos atípicos provenientes de la venta de camisetas. La presentación de la nueva equipación (pero no ya de la primera camiseta, sino de la segunda y la tercera) de los clubes más poderosos se convierte en todo un acontecimiento mediático al cual acuden como moscas a la miel los aficionados dispuestos a gastar 70, 80 o 90 euros en la nueva camiseta con los ¿colores? de su equipo. Da igual que sea fucsia, amarillo fosforito o verde pistacho. Si la marca deportiva de turno dice que esos son los colores de tu equipo, tú te callas, te la enfundas y eres más feliz que una perdiz, sin darte cuenta de que cuando vayas a animar al equipo de tus amores, las gradas estarán pobladas de gente con camisetas fucsias, amarillas fosforito o verdes pistacho y tú no sabrás si estás animando al Real Madrid, a la Roja o al Villabotijos de Abajo. Ya da igual que la primera camiseta del Atlético de Madrid y la del Barça no se parezcan en nada: si voy al Calderón me enfundo la senyera y si voy al Camp Nou me pongo una amarilla y negra. Porque sí. Así la ve más gente y más camisetas venderemos.

¿Cambiamos la camiseta?

La tradición en el fútbol

El fútbol siempre ha sido un deporte en el que las tradiciones han desempeñado un papel fundamental. Gracias a ellas ha llegado al lugar que ahora ocupa en la sociedad. Un lugar destacado, en la cumbre, que mueve millones y millones de euros. Pero también se puede morir de éxito, por exceso de avaricia. Los clubes, y por extensión, las selecciones, necesitan cada vez más dinero para seguir alimentando a la bestia en que se ha convertido el fútbol como negocio espectáculo. Por ello, los dirigentes no dudan en sacrificar lo que sea con el único fin de recaudar un poco (o un mucho) más. Se empieza por vender el espacio publicitario en el pecho de la camiseta; por ejemplo, el Barça se resistió a hacerlo hasta hace muy poco, pero finalmente lo hizo. Primero cediendo el espacio a UNICEF, lo cual quedaba muy bien como obra benéfica ante la opinión pública. Más tarde ya pasó a anunciar Qatar Foundation, denominación que parece hacer referencia a alguna entidad sin ánimo de lucro, pero que en realidad sirvió de puente para que finalmente el equipo catalán luciera sin rubor el logo de Qatar Airways. El siguiente paso del "sacrificio" consiste en poner el nombre de una gran corporación, siempre por dinero, al estadio de turno: Allianz Arena, Emirates Stadium, Ono/Iberostar Estadi, Estadio Reyno de Navarra... mientras dure el patrocinio, el estadio se llamará como quiera el propietario del negocio. Cuando el dinero deje de fluir, siempre puede volver a su nombre original.

Más tarde se aceptan como propios los diseños de camisetas cada vez más estrafalarios y que poco o nada tienen que ver con los colores tradicionales de la primera/segunda/tercera vestimenta del club, pero que les reportarán pingües beneficios ya que hay mucho aficionado coleccionista que quiere tener todos los modelitos. Luego tenemos las pretemporadas que no sirven para que los jugadores se pongan en forma, sino para hacer caja viajando de una punta a otra del mundo, sin descanso, haciendo bolos sin sentido pero recaudando dinerito fresco para pagar a unas estrellas que, al final de temporada no podrán ni con las botas porque no cargaron bien las pilas durante el verano. Finalmente, las cadenas de televisión, las grandes mecenas del negocio balompédico moderno, imponen sus incomprensibles horarios a unos clubes que no pueden más que cumplir los designios de la programación y aceptan jugar a unas horas que impiden que los niños acudan a sus vacíos estadios pero que hacen posible que cuatro chinos ociosos puedan ver el partido cómodamente a la hora de cenar en su casita de Pekín.

 

Se pierden todos los valores, menos los bursátiles

Todo lo anterior forma un batiburrillo, un caldo de cultivo que hace que el aficionado de toda la vida vea cada vez con menos romanticismo el circo en que se ha convertido el fútbol moderno. Antiguamente, cuando uno era pequeño, se hacía aficionado de un equipo y era para toda la vida. Uno se identificaba con unos valores, normalmente bajo la influencia paterna, y era fiel a unos colores hasta la muerte. Ahora, en cambio, es cada vez más habitual ver que un niño es un año del Barça porque allí juega Messi, al año siguiente del Atlético de Madrid porque le gusta Falcao y acaba siendo del Madrid gracias a CR7. Los niños se hacen fans de los ídolos mediáticos que aparecen machaconamente en la tele y, de rebote, del equipo en el que juegan. Se pierde el espíritu colectivo para idolatrar cada vez más a la figura individual, lo cual nos aleja cada vez más de los valores del juego en equipo que cimentaron los primeros pasos del football en las verdes campiñas británicas. Mucho me temo que como decía el gran Franco Battiato en uno de sus temas: "Los horizontes perdidos no regresan jamás".

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: