Querido Papá.
Ecos de una frase:
“(…) y el padre se muere sin habernos comunicado palabras tal vez fundamentales, y cuando lo entendemos ya no está mas entre nosotros y no podemos curar sus antiguas tristezas y los viejos desencuentros”
Ernesto Sábato, Abaddón el exterminador

Día del padre y ya no soy un niño. También soy padre y mis hijos han crecido. Pero en este día tan especial las palabras “Querido Papᔠson un talismán que me convoca a la magia de ese padre infantil idealizado.
Querido papá. Palabras simples, precisas. Expresión de cariño infantil. Reconocimiento a ese ser tan familiar y a la vez tan extraño que sentíamos poderoso y que sabíamos que nos podía defender de cualquier peligro.
Y después todo cambió. Entonces ese padre mágico y omnipotente que observábamos desde nuestra pequeñez de niño se transformó en algo quizás inexplicable. Y crecimos, y con nosotros crecieron las distancias, los desencuentros y las desilusiones mutuas con nuestro padre. Y, por desgracia, hubo hostilidades en el espíritu. Y las heridas abiertas nunca pudieron sanarse.
Y te fuiste, papá, y no nos despedimos. Y te fuiste sólo. Y tu partida fue triste.
Y ahora que han pasado tantos años, en este día del padre te recuerdo con cariño. Y quisiera volver a verte, algún día, quién sabe (….)
Y contarte tantas cosas y preguntarte qué te pasó. Por qué tu sueño no pudo ser cumplido. ¿Qué fui para vos?
Cierta vez, muy sabiamente, me dijo mi psicoanalista: “¿Y vos crees que las relaciones entre un padre y un hijo son fáciles?”.
Papá, lo nuestro nunca fue nada fácil. Nuestro vínculo estuvo lleno de sombras. Sombras que nos fueron cubriendo a medida en que yo crecía y vos te endurecías.
Tanto se ha dicho sobre el padre en el psicoanálisis. Tanto de la tragedia de Edipo que el humano varón está condenado a padecer de algún modo. Me sorprendió una vez la expresión “herencia maldita” (Andrés Rascovsky, psicoanalista argentino) para referirse a que cuando un padre somete a su hijo al arbitrio de su poder y su crueldad; como bomba de tiempo, ese hijo tarde o temprano descargará esa oscuridad sobre sus propios hijos, cuando sea padre.
Destino prefijado de repeticiones cuya inexorabilidad se intenta abolir con una buena terapia, o simplemente transformándose en un hombre sabio.
Papá, sé que te defraudé. Sé que esperabas de mi lo que no pude dar. Sé de mis errores como hijo. Me duele haberte decepcionado.
Sé también de tus oscuridades y de tus imposibilidades. Sé que vos también portabas tu “herencia maldita”. Sé que renegaste de tu paternidad. Sé que, con tus razones, me expulsaste de tu vida y me desconociste como hijo.
Quizás el peor dolor de un hijo es que su papá le desconozca. Pero nada de eso interesa ya, porque yo, papá, elijo comprenderte. Todos somos un poco presos de un destino que nos trasciende. Y, para desgracia nuestra, vos tuviste el tuyo.
Pero, papá, yo igual siempre te seguí y te seguiré queriendo.
Podría pensar en lo que no hiciste o en lo que no hiciste bien. Pero prefiero recordar tan sólo lo que sí hiciste y muy bien.
Y en esto que soy, estás vos. Y, en parte, sos vos. Como la hermosa canción de Piero: “Yo soy tu sangre, mi viejo!”.
Y ese es mi agradecimiento en este día del padre. En que te extraño. Y que me doy cuenta de que me faltás.
A pesar de que ya soy grande y en la medida en que me acerco a tu edad final, puedo también mirarte un poco como un par, como un compañero de ruta en esta humanidad cósmica.
Y eso me acerca más a comprender tus silencios y tus ausencias.
Querido Papá.

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