Mi querida Uruguay, enamoradísima de tu tierra sin nunca haberla visitado… por ahora; la he conocido a través del vuelo de algunos hijos de tus aires, tu dulce mimosa, tu tango, tus tortillas, tus escritores, y ese mar, ese mar que según me dicen, lava heridas con besos de sirenas, mientras van en caravana nocturnas.

Tu más ilustre hijo pródigo me la ha enseñado con detalle, con una estrategia misteriosa de hablarme de vos, hablando de mí. Se marchó de ti, de la sombra que creaste con un maravilloso Timbo solo para él; ese con el que lo arrullaste y cubriste, mientras pasaba años tristes de infortunio, y mientras que con tu luz entreverada, formaste su dulce mirada, con la que hoy él me ve.

Le enseñaste a cuidarme, a encantar solo con el uso de ese acentico que das a los tuyos, y de palabras rebuscadas, que talvez bajaste de las estrellas para él. Dice haberlas guardado, como un legado que reciben los príncipes de Uruguay, para la princesa que buscarán en sus tierras, o más allá de sus fronteras, para finalmente morir en su deleite.

¿Cuáles son esas estrellas con las que inspiras a tus hijos a cuidar a una mujer corriente, como varones de ningún tiempo que yo conozca? Regaláme el secreto mi querida Uruguay, ese que proporcionas a tus mujeres, para moldearse en princesas al son de su voz; requiero el conjuro para romperle su hechizo, que hoy le duele y me duele.

Por estos días este hijo anda en tus tierras, y no cesa de hablarme, aún cuando lo separe de mí, los kilómetros del contratiempo, y la necedad de mis oídos. Cuídalo porque volvió a casa, prepárale una gran fiesta, un banquete en mi nombre; este dulce que es como uno de tus merengues secos, necesita tus provisiones para soportar o quizás claudicar, a la batalla del corazón de una mujer, que sin promesas, le pide que la espere.

Tal vez, querida mía, él requiera una luz fugaz de una estrellita milenaria, y con ella cambie su mirada hacia otra doncella que lo ame como él provoca; tal vez, con esa luz pueda entenderme, y saber que para mí, él es perfecto.. pero es que en mí, arraigadito y adherido, está el poeta.

Mi poeta...qué poeta ...dulce como él solo!!

Escribe versos, que combina con refranes para salir del paso, al compás de la ternura con la que construye un libreto para sonreír; se guarda sus días, sin compartirlos conmigo, como creyendo por eso ser libre, sin saber que siento su libertad completica, cuando duerme en mi pecho dejando que lo quiera con la dulzura de mi canturreo y mi mimo; se esconde entre velos de cemento, para evitar que le robe su nombre, al que ha cuidado tanto frente a otros, sin saber qué cuida; y se resiste con la costumbre añeja, a entender que es parte de mi vida, que es mi familia en la hamaca y en la luna en mi cabeza.

Su dulzura brilla inigualablemente, su bondad y nobleza desquicia a los entendidos, y logra que extrañe sus ciertas torpezas, cuando me dice que me quiere.

Me dice que me quiere, como si le doliera soltar para mí palabras; como si se desagarrara con sílabas que me halagan, o como si perdiera un tesoro de pirata, si evidencia que por ahorita, por este tiempito del universo, no sabría vivir sin mí.

Tu HIJO no entiende por qué le quiero, y claro, sus linajes son diferentes. Lo que es tan natural para mi querido uruguayo, tan lleno de una experticia propia y un calor sin reserva, para este POETA es una montaña que escala a paso de león; avanza, se detiene, se devuelve, quizás por eso mismo, lo quiero tanto; como supondrás no lo dice, pero escala a riesgo de dolor y muerte, por mí. Toma mi mano y me ensaña a escalar a su lado pendientes que no sé si pasaremos, nudos de ocho que no sé si nos sostendrán; asegura mis pies, lee las rocas y de a poquitos, se atreve a decirme que me quiere.

Mi uruguayo no entiende; pero a este poeta hay que conocerlo desde adentrico de su silencio, porque sus reflejos lo traicionan, mostrando lo que las heridas han hecho, opacando al que está detrás de ellas.

Esperamos por ahora, en el tercer pico de la gran roca, un aire que nos indique, el mensaje de las águilas: si sus formas y las mías, logran llegar al Jaen, punto de encuentro de los valientes.

Mi querida Uruguay, allí está la espera de tu hijo, en medio de un tiempo injusto para él, un príncipe iluminado por las estrellas de tu tierra; una Uruguay en él que merece todo. Injusto para una MUJER que lo esperaba antes, o quizás después.

Mientras tanto, con mi poeta, dulcísimo como él solo,  vemos el arroyo, está lejos y está cerca, allí todo se definirá… Está prontico, muy prontico saber, en que termina esta historia.

Timbo de Uruguay

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