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QUERER EDUCAR A LOS DEMÁS...

CRÍTICAS E INTOLERANCIA

Desde que nacemos, cada persona comienza a desarrollar su propia personalidad. Muchos son los factores que influyen en cómo será una vez llegue a la edad adulta: el entorno que la rodea (familiares y amigos), la educación que recibe, las experiencias que le toque vivir, el lugar donde crezca…. Según algunos expertos, los primeros dos años de vida son los decisivos para formar el carácter de cada uno.

Lo importante es entender que cada persona es un mundo propio y diferente a los demás. Lo que para uno puede ser correcto o verdadero, para otro no lo es. Las creencias, la cultura, la educación que recibimos y otros aspectos de la vida forman a cada cual de una manera u otra. Como resultado, existen diferentes puntos de vistas y opiniones. No obstante, estas diferencias no quieren decir que una opinión sea mejor o más correcta que otra. Pueden coexistir varias válidas.

Aún así, a pesar de todos los precedentes, hay personas que no quieren ver o entender la variedad. Anteponen su propia opinión o creencias a las de los demás. Se aferran tanto a lo que ellas mismas creen o consideran ciertas, que las lleva a criticar a las demás personas que piensan de otra forma. Se vuelven intolerantes y quieren imponer sus propios puntos de vista.

Cuando empiezan a dar rienda suelta al deseo de corregir a los demás para llevarlas por sus propias sendas, comienzan a entrometerse en la vida de los demás queriendo averiguar y controlar todo. Si consiguen información de otra persona, comienza a querer educarla para corregir todo aquello con lo cual no está de acuerdo. Se impone la intolerancia y las críticas cuando la otra persona considerada diferente no se encamina según lo esperado.

QUERER EDUCAR A LOS DEMÁS descubriendo los supuestos fallos y errores del otro conlleva a que la persona quien quiere educar a los demás comienza a hablar mal de la otra. Comienzan las críticas en voz alta intentando de dejar a los demás en ridículo. El resultado de este comportamiento es que surge tensión, comienza a faltar el respeto y a provocar a los demás.

La persona que comete el error de QUERER EDUCAR A LOS DEMÁS no se da cuenta de su intolerancia y falta de respeto, puesto que cree estar en la razón. Pero, con el tiempo, si no obtiene el resultado deseado (hacer cambiar a la otra persona), comienza a atacarla y a criticar cada vez más. Busca discusiones provocando a los demás. Y, sobre todo, se cree superior y más listo que los demás. Aunque nunca lo reconocería directamente. Más bien, siempre dirá que son los demás los tontos e ignorantes que no entienden nada.

QUERER EDUCAR A LOS DEMÁS es un comportamiento bastante abusivo y conlleva una serie de peligros. En esta situación es importante mantener la calma y no rebajarse al nivel de la persona que se mete con los demás. En ocasiones es mejor obviar para no provocar malos tragos. Sobre todo, si la persona que quiere educar a los demás no sabe cuándo parar.

 

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