Esa mañana el tema de conversación en la oficina era el robo que había sucedido en casa de unos colegas. Entonces pensé en estas palabras de Jesús: “No os hagáis tesoros en la tierra… sino haceos tesoros en el cielo”. Y me dije a mí mismo: Tú, ¿qué buscas? ¿Un tesoro en la tierra o uno en el cielo?

Jesús no prohíbe la posesión de bienes materiales, ni aun el ahorro del dinero. Lo que pide a sus discípulos, y a nosotros que queremos seguirle, es que no acumulemos egoístamente los bienes. La vida lujosa, la arrogancia que no se preocupa por las necesidades de los más desprovistos… todo esto es una ofensa a Dios y nos aleja de él.

Pero alguien dirá: ¿Qué significa hacerse “tesoros en el cielo”? Esto no quiere decir que hay que ganarse un lugar en el cielo, pues este lugar es ofrecido gratuitamente a todos los que confían sencillamente en el Señor Jesús.

Hacerse “tesoros en el cielo” es poner al servicio de Jesús nuestros bienes, nuestro tiempo, nuestra vida para el bien de todos, como él lo hizo por nosotros (2 Corintios 8:9). A los creyentes que poseen bienes terrenales el apóstol Pablo recomienda que “sean ricos en buenas obras, dadivosos, generosos; atesorando para sí buen fundamento para lo por venir” (1 Timoteo 6:18-19).

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