Las emociones dirigen la historia. Esto es así, porque las emociones cumplen una función evolutiva. Diagnostican cuándo una situación es o no satisfactoria, y este diagnóstico era, originariamente, de vida o muerte.

Nada tiene de extraño entonces, que las emociones dirijan la interpretación histórica. Cuando analizamos un documento histórico, la emoción guía al razonamiento. Todo contexto histórico supone un clima emocional que también forma parte de la interpretación. Los primeros en advertir este fenómeno fueron los filósofos de la historia alemanes de los siglos XVIII, XIX, y principios del siglo XX: Herder, Schleiermacher y Dilthey. La idea también prosperó entre los críticos de arte como Aby Warburg.

A mediados del siglo XX, los filósofos existencialistas, como Heidegger o Sartre, concluyeron, además, que las emociones forman parte de la realidad-humana misma. Esto significa que no son un capítulo más de nuestra existencia, sino un "existenciario", un elemento constitutivo de la existencia humana.

La función de las emociones siempre es la de diagnosticar una situación en el eje de lo positivo-negativo. Hay situaciones que son personales y otras son colectivas. Lo que nos interesa en este caso es la emoción como clima social.

El neuropsicólogo Antonio Damasio dice que las emociones debieron cumplir un rol fundamental en el momento de construir valores acerca de lo que podía ser bueno o malo para una sociedad. Desde punto de vista, las emociones orientaron y abrieron caminos, decidieron qué ruta histórica tomar.

Es bueno que la enseñanza de la Historia tome esta perspectiva. Es decir, además de la empatía con el personaje histórico, el análisis del rol que cumplieron las emociones en las decisiones de esos personajes -individuales o colectivos- a la hora de la verdad.

Desde el punto de vista del aprendizaje, las emociones nos permiten seleccionar contenidos, procesarlos, interpretarlos, y memorizarlos. La enseñanza, por lo tanto, debería partir de la motivación del estudiante como sujeto pedagógico, capaz de sentir, de maravillarse y sorprenderse, y no ya del currículum como selección de conceptos e informaciones con intenciones de homogeneización.

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