MONTAJE

Una promesa de vida más allá de la Muerte.

Dedicado con amor a la memoria de mi amado hijo JAVIER VILLEGAS “EL Gladiador de las mil batallas”

Muy pocos sucesos trágicos pueden compararse con la muerte de un hijo. Pero la palabra de Dios promete que aun en estas dolorosas circunstancias tendremos vida más allá de la muerte, una futura resurrección en un mundo muy diferente.

En primer lugar quiero darle gracias al Todopoderoso, por regalarme y conservarme la vida y la salud y por ungir mi mente para escribir este artículo, donde se encuentra consignado lo relacionado con la partida de mi amado hijo. Esto solo lo he podido conseguir por el amor, la esperanza y la fe depositada en las bellas promesas que están en la Biblia y que no tienen fecha de vencimiento, gracias también a mi familia y amigos por el apoyo que me han brindado porque, de no haber sido por ustedes, no sé cómo hubiese contado con ese maravilloso incentivo, para escrudiñar intensamente el profundo significado que encierra la experiencia de la muerte de mi propio hijo.

Esta tarde, el vació que me dejo la partida de mi adorado hijo me toca profundamente mientras permanezco frente a su tumba medito en la bendición en que se ha convertido su hermana y se hace patente que la verdadera tragedia de su pérdida radica en la contribución no realizada de lo que podría haber llegado a ser. Es la mañana de los 8 días de su fallecimiento y recuerdo muy bien cada detalle de aquel doloroso día, cuando colocaron a mi amado hijo en su ataúd para su descanso final. Recuerdo también a cada instante la enfermedad que nos arrebato de las manos a lo más amado y cuidado por nosotros. Luche junto a su padre 1 año, llevándolo a los mejores médicos, clínica, tratamientos, etc. Renunciando a todo por él, al trabajo, a la familia, a la vida… Pero su cruel enfermedad, pudo mucho más que nuestra lucha y sus ansias de vivir. ¿Por qué no hubo un milagro para él?

En esta mañana, la esperanza de lo que será está latente en mi corazón. Recuerdo como la esperanza que me ha acompañado desde ese día, me ha mantenido a mí, a su padre y a su hermana en una senda positiva. Recuerdo haber sostenido a mi hijo en mis brazos en la escena de sus últimos momentos, cuando las palabras de Cristo acudieron a mi mente con un nuevo significado y propósito. “Porque vendrá la hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz” La promesa de Cristo sobre una futura resurrección dejo de ser simplemente un concepto teológico alentador, se ha convertido para mí en una cita con el destino que me permitirá encontrarme nuevamente con mi hijo, a quien le di hace 8 días un doloroso adiós. Esta convicción me ha llevado por un camino positivo hasta hoy.

Abrazar el sufrimiento para dejar de sufrir, es lo que he hecho por haber experimentado el indescriptible dolor de perder a mi hijo. Como madre, reconozco que en estos momentos no dejo de preguntarme ¿por qué tengo yo que sufrir este dolor? Me he sentido muy sola, aunque me acompañan mis hermanos y familiares, aun los que se encuentran en la distancia están conmigo. Pero nada humano me ayuda. Es un dolor tan devastador, que me pulveriza. Hoy estoy aquí con los brazos vacíos, esta es la realidad con la que me enfrento hoy, pero también sé que peor es quedarme vacía por dentro. Perder la ilusión de vivir es sepultar cualquier intento de superar este dolor, el dolor por la pérdida de un hijo, a quien se le ha dedicado su vida, a quien se ha honrado, a quien se ha querido con el alma, es indescriptible.

Hay que reconocerlo, este dolor es todavía una dimensión desconocida para los que no han pasado por lo mismo, ni siquiera hay una palabra para definir la situación de su padre y la mía. Es un dolor muy profundo cuando amando con todo el corazón llega el momento de la separación, creo que todos lo hemos vivido en algún momento de nuestra vida y no se puede expresar ese sentimiento…. lo único orar, asimilar, guardar silencio y permitir que sucedan las cosas. No sé como describir este momento. A pesar de lo duro que ha sido, estoy bien, un poco golpeada, pero bien. Pienso que los problemas están dados en la vida para fortificar el espíritu, por eso se deben afrontar y aprender de su experiencia.

Demuestro con valentía, con palabras, con lágrimas o cualquier medio no violento lo que siento porque al reconocer mi propio dolor y al honrar mis sentimientos estoy honrando la memoria de mi propio hijo. Sólo la fe me da fuerzas para seguir adelante. Me peleo con Dios, pero en el fondo entiendo que mi hijo llegó antes adónde sé que Él quería llevarlo. Ahora sé que se fue a integrar con la Suprema Verdad del Universo que es de donde provenía, su reino es más de allá que de acá, el país que estamos viviendo no se lo merecía ni él se merecía el país actual. Se lo devolví a mi padre Dios, era más de él que mío. Un día lo que podría haber llegado a ser se transformara en lo que será cuando el sepulcro se abra y mi hijo se levante, como Jesucristo lo prometió. Hoy, una vez más sigo meditando con la misma esperanza, confianza, certeza y convicción de que lo que será es tan fuerte, que eclipsa el dolor de lo que podría haber llegado a ser.

En resumen, no hay «respuesta» al rompecabezas del dolor por la pérdida de mi querido hijo. Lo que sí existe es la solidaridad y yo he experimentado sus bendiciones, pueden estar seguros de que, por sí sola, no hubiese podido mantenerme bajo el peso aplastante de esta pérdida, la parte más dura la pude aliviar o al menos aligerar porque la he compartido con mi familia y amigos. Y para quienes estén abiertos a ello existe el consuelo de saber que aun cuando Dios no nos proteja de los momentos duros y de dolor, ha prometido que estará cerca de todos aquellos que sufrimos. Según dice el Salmo 34: «El Señor está cerca de los corazones rotos y salva a los que tienen el espíritu abatido». Amén.

La muerte de mi querido hijo es uno de los momentos más tristes de mi vida. Sin embargo, si hay algo que me ayuda a sobreponerme de esta dolorosa tragedia, son los hermosos mensajes de condolencias que me hicieron llegar familiares y amigos a mi cel y facebook.  No puedo olvidar agradecer a todas las personas que me acompañaron en un momento tan duro, aunque fuera con palabras. Gracias, muchísimas gracias, esta es la mejor demostración de amor y gratitud que me han hecho en vida. Através de estos bellos mensajes me han hecho sentir que tengo verdaderos amigos que me valoran y  quieren y sé que ahora puedo seguir disfrutando de esa amistad que ustedes me dan y espero que esto continúe hasta el último día de mi vida. "DIOS LES BENDIGA"


Enlace: La batalla con tu mente a comenzado ganala

               La enfermedad que padece mi hijo


POR: JUDITH ROSARIO

 

 TU MUERTE

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