la profesión del miedo, policía

LA PROFESIÓN DEL MIEDO, POLICÍA

Antes de comenzar a hablar sobre la profesión del miedo, policía, tengo el deber de advertir a los familiares o personas cercanas(afectivamente unidas) de algún uniformado, que no es recomendable que lean este articulo, peor aún si no gozan del control idóneo de sus emociones, ya que eso podría ser perjudicial para la salud, y no me refiero a la salud de dichos familiares o personas cercanas, sino específicamente a la mía, a mi salud, mental y orgánica, puesto que este mi presente artículo enfurecerá sus corazones, llenará de ira sus mentes, su cólera hasta desbordará por sus ojos; y justo en ese estado, motivado por esa furia incontenible, y al no poder controlar sus emociones, desgañitarán en contra mía escribiendo uno u otro insulto, por lo general vulgar y de mal gusto, tanto así, que leerlos podría dañar seriamente mi salud, produciéndome depresión y hasta problemas cardíacos, por ende, ruego no lo lean, y si ya lo están haciendo, por favor, desahogue su ira con otro y no conmigo, tengan en cuenta mi salud. Sin embargo, si dichos familiares o personas cercanas, tienen el control idóneo de sus emociones, y lo canalizan de buena forma, entonces, pueden leer con confianza y decir libremente lo que piensan, que yo estaré presto a responder; rebatamos entonces.

También es necesario mencionar que aquí, en la profesión del miedo, policía, no hablo de todos los policías en general, lo cual sería un error, ya que como en toda profesión, siempre existen buenos, capaces y malos e incapaces, aunque, en este caso, creo yo, que los buenos y capaces, apenas llegaran al 5 %, exagerando, y por ello, es de ese 95 %, de los que habla mi siguiente experiencia.

Bien, volviendo al punto, de chiquito me dijeron y repitieron hasta el cansancio que a los policías se les respeta, por ende yo crecí con esa idea grabada en mi masa encefálica, sin pensar siquiera, en ese entonces, que algún día tendría que escribir sobre la profesión del miedo, policía.

- Tenemos que respetarlos!...decía mi mamá…debemos respetarlos…decía mi papá…es nuestra obligación…decía mi vecino…ellos nos cuidan, hay que respetarlos…decía un compadre…a la policía se le respeta…decía el de la tele.

Y así fue, de tanto que me lo repitieron llegue a respetarlos sin siquiera yo saberlo, solo guiado por lo que se decía de ellos: Incorruptibles, valientes, trabajadores y siempre al servicio de la ciudadanía; hasta que vi a uno de ellos, uniformado y con arma, tomando una cerveza bien helada en la tienda de la esquina, con la caja respectiva a sus pies, ocultándose un poco para no ser visto…hay que respetarlos!... me dije… debe ser parte de su trabajo, seguro son la seguridad privada de la tienda…cavilé.

Luego vi a otro siendo suplicado por un hombre que sentando en su auto mostraba sus papeles, nada raro en realidad de no ser por el hecho de que entre esos papeles se encontraban ocultos unos billetes de alta denominación, pude percatarme de ello porque al altanero policía, dios como él solo sabe pensarse, se le cayeron esos papeles cuando los recibía de aquel hombre temeroso… hay que respetarlos!...me volví a repetir…de seguro ese hombre le debía dinero al uniformado y por ello aquel solo estaba satisfaciendo esa deuda…traté de convencerme.

Posteriormente, haciendo un análisis sobre el comportamiento de esos dos que ya vi anteriormente, pude darme cuenta de que en ellos existe un ego super elevado, un egocentrismo en su más alto nivel, quizá, y eso a razón del simple hecho de llevar un uniforme puesto y un arma colgada(en especial esta los hace glorificables, según ellos), por lo cual hablan con prepotencia, poder, valentía, mostrando en su semblante que a nada le temen; lo que está bien, así tiene que ser, porque son ellos quienes nos cuidan de la delincuencia; puesto que de otro modo de que serviría un policía miedoso?, pues de nada, creo yo.

- Son valientes, tú tienes que ser policía!...le decía a mi hermanito mientras hablábamos.

- Pero que necesito saber para llegar a serlo?...me preguntó el inocente.

- Ah!, bueno, no sé realmente.

- Pero yo sé correr, con eso bastara?...volvió a preguntar el angelito.

- Yo no sé…respondí confundido.

Luego, esa misma tarde, mientras caminaba desconcertado pensando en el tema del que estoy hablando, una mujer de años alrededor de 40, se me acercó presurosa:

- Joven, ayúdeme, me acaban de asaltar!, donde está la comisaria o algún policía?

Y justo en ese instante, por azar del destino, hubo un policía, uniformado y con arma, sentado en su patrullero.

- Ahí está uno, vamos!…la lleve confiado, confiado en su valentía, VALENTÍA que ya vi que mostraban ante personas humildes, civiles todos, a quienes, con arma en mano, intimidaban obligándoles a que los respetaran…somos la autoridad!...decían; justo, luego de recordarlo ello, llegue a la conclusión de que ese policía que veía en frente era el gran salvador que se necesitaba, el valiente uniformado que ayudaría a esa mujer desesperada atrapando a aquel delincuente, porque él es valiente y a nada le teme.

- Ayúdeme!, señor policía!, me acaban de asaltar!...imploró la mujer

- Donde, donde!...dijo el policía, presto a actuar.

- Por allí, estaba armado, era un hombre alto, no debe estar lejos.

- Armado?... al oírlo se le disminuyó el ímpetu que tenia al principio.

- Sí señor, pero vaya a atraparlo o se escapará.

- Espere señora!, deme su nombre…toma el papel para escribir.

- Pero eso que importa, vaya y atrápelo.

- Espere!, cálmese!, creo que no tengo gasolina, tiene usted dinero para comprar?

- Pero que dice!, acaso no va a hacer nada!...llorosa, entró en desesperación, la mujer.

- Un momento!, primero déjeme llamar refuerzos.

El tiempo transcurría, y ya, luego que dicho uniformado dio un vistazo a la distancia para cerciorarse de que el peligro había pasado, recién, al volverle el alma al cuerpo, inicio la persecución, caminando, en busca de aquel delincuente que posiblemente, después de tanto tiempo perdido, ya estaría hasta en la china.

Y fue en ese instante que me di cuenta de algo muy importante, que el ser POLICÍA es una profesión de miedo, es decir, del miedo que sienten estos al enfrentarse a los delincuentes armados, en ese caso el miedo los aterroriza hasta el punto de hacerlos huir del peligro (no en la anécdota que conté, claro, pero poco faltaba para ello), son enanos frente al delincuente y gigantes altaneros ante un humilde civil.

En fin, en ese instante, ahí mismo me dije, contradiciendo a mi mamá, papá, vecino, compadre: Respetar a los policías!, porque!, pues no!, primero que ellos respeten el significado de la palabra policía, y después hablamos.

Por último solo me queda decir: Que mal día tuve, verdad?

Para concluir ruego a Dios todo justo y bondadoso me oculte de las iras de estos y me permita seguir respirando otros días más.

- Les temes?…alguien preguntará.

- Claro que si, pues ellos tienen arma y yo no, y con esa ellos se sienten deidad al cual tiene uno que hacérseles reverencia; aunque claro, pensamiento erróneo de ellos originado por el hecho de únicamente haber corrido.

Gracias por tomarse el tiempo para leer este mi escrito:LA PROFESIÓN DEL MIEDO, POLICÍA: Perú

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