Primero de marzo, día del contador público colombiano, exaltación en los diarios, pronunciamientos de dignificación de los más respetados e importantes profesionales contables, contador general de la república, presidentes de las diferentes agremiaciones, docentes destacados de prestigiosas universidades, profesionales resaltados por sus servicios a las firmas multinacionales de auditoria.

Todos al unísono manifestando a boca llena, la necesidad de la dignificación de la profesión contable, por su papel de dar fe pública, junto a los notarios, los únicos con dicha potestad.

La necesidad de mejora en las remuneraciones salariales, de elevar la profesión al peldaño que se merece, generalmente un asesor de la gerencia y órganos directivos en la toma de decisiones.

La necesidad de mejora en la calidad universitaria, en la capacitación educativa de los futuros profesionales, cada generación juzga sin contemplaciones a las nuevas.

Podría llenar numerosas páginas con todas las repetidas proclamas años tras año, sin que la profesión logre los objetivos de la comunidad contable, por lo menos, ser vistos y tratados con respeto por los contratantes de los servicios profesionales.

La contabilidad como insumo principal para el control y medición de la riqueza, a medida que el ente económico crece, se vuelve más un producto de fe, que de certeza, importando poco a los comprometidos.

En Colombia prima la visión tributaria por sobre los postulados contables, es de mayor jerarquía jurídica la primera, que la segunda, esperando que con la aplicación de las normas internacionales, el panorama cambie.

En la profesión se vive a mil por hora, primero, porque el profesional debe abarcar demasiados negocios para poder sumar algo de honorarios importantes, segundo, por la premura en los informes tributarios y de las entidades de control y vigilancia.

A pesar de los avances tecnológicos de manejo de información, computadoras, internet, aplicaciones contables en línea, aún se es esclavo del procesamiento de grandes lotes de información.

El profesional es responsable de todo el proceso de producción de información, hasta el resultado final en los diferentes estados financieros, no pudiendo delegar responsabilidades en los comprometidos operativos.

Cualquier falla en lo certificado, es duramente castigada por la entidad de vigilancia y control de la profesión, o en su defecto sometido al escarnio público, con el agravante de pérdida de la credibilidad.

Predicamos cada año, pero no aplicamos, la competencia desleal en mundo laboral donde prima la oferta sobre el consumo, no escapa a la jerarquización profesional, prestigiosos y humildes en el mismo tema.

La pereza, y el poco tiempo que deja el cumplimientos de tan numerosos requerimientos, sobre todo tributarios, factores de abandono de la investigación, que dignifique la profesión.

En gran medida por culpa nuestra, dejamos crecer un mercado con una visión de imposición, que de necesidad de los servicios de un profesional contable.

Los contables no somos escuchados en las grandes esferas, por eso la poca planificación fiscal y contable de los órganos legisladores, para la muestra un botón, la última reforma tributaria.

De igual manera, en gran parte es culpa nuestra, no haber trabajo en la educación de nuestros presentes y potenciales clientes, en la importancia del sistema contable, como control y medición de la riqueza.

Para nadie es un secreto, que lo que no se puede medir, no se puede controlar, por lo tanto proceso sin ninguna utilidad.

De todas maneras felicitaciones a todos los colegas colombianos y del mundo en general.

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