Yo primero, fue la conclusión a la que llegué, en un vuelo nacional de rutina, de esos que dura poco, en los que no se puede ni cerrar los ojos porque más se demora los trámites aeroportuarios que el trayecto, me llamó la atención un auxiliar de vuelo mientras daba las indicaciones de lo que se debe hacer en caso de desastre, así como la información de las salidas de emergencia.

Bien es sabido que después de algunos años de tomar vuelos, a todos se nos convierte en paisaje este tipo de explicaciones. Creo que fue estar viajando sola y el compromiso evidente y una gran sonrisa del auxiliar de vuelo lo que en esta oportunidad capturó mi atención. Cuando llegó a esa parte en la que hablan de: “en caso de despresurización del avión, caerán unas mascaras… debe primero poner la suya y luego ayudar a niños y otras personas”.

En ese momento se me reflejó mi experiencia, y es que llevaba mucho tiempo sin oxígeno, poniéndole la máscara a mi familia, amigos y hasta desconocidos. Yo estaba casi azul y no me daba cuenta que si me falta el aire no podré ayudar a los demás. Si no hay una convicción real acerca del auto cuidado es imposible poder ayudar a otros y hacer un buen trabajo como mamá, hija, hermana, esposa, amiga.

Esto se hace mucho más importante a la hora de hablar de crianza, ya que con seguridad nuestros hijos no recordarán el día que los dejamos al cuidado de la nana o de los abuelos y nosotras nos fuimos a tomar un café con las amigas, a relajarnos, a leer en calma un libro en la biblioteca o de compras. Sin embargo, esto si hace la diferencia a la hora de encontrar el balance, amarnos, respetarnos y valorar nuestra labor. Este tipo de situaciones, nos ayudan a ser mucho más eficientes y amar más la labor de ser mamá.

Una de las conclusiones más importantes, es darme cuenta que soy vital e importante para otros, mi cuerpo y mi salud mental, mantienen con aire y a flote a quienes me rodean, así que ¿por qué no darle la importancia a mi vida?, ¿por qué no amarme más?.

Con frecuencia somos duros con nosotros mismos, nos esforzamos en dar elogios a los demás y reconocer sus habilidades y cualidades, sin embargo, para nosotros por lo general hay criticas, ofensas, palabras de derrota, con frecuencia nos dejamos solos y descuidamos nuestra salud, sin embargo, con los otros podemos ser benévolos y amables, condescendientes y tiernos, vemos la fragilidad en los demás e identificamos sus necesidades, pero a nosotros nos dejamos en el último lugar.

Como forma de empezar, es importante reconocer nuestras cualidades, habilidades, tal vez, identificar la forma en que nos recordarán cuando muramos. Luego podemos compartir las experiencias en donde hayamos cedido nuestro amor propio y encontremos juntos alternativas para amarnos más, para decir: yo primero.

Yo primero

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