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Estudios demuestran que la mayoría de personas nos enamoramos en primavera pese a que podemos sentir esta dulce emoción en cualquier época de año. Se podría pensar que esto ocurre por la subida de la temperatura, por la belleza de los campos y jardines repletos de flores, etc, pero no, los científicos siempre empeñados en poner nombre a las cosas no podía ser menos y también le han puesto nombre al amor, la dopamina. Creen que entre otros ingredientes la principal causa es la dopamina, un químico natural que manipula nuestro cerebro para que nos inclinemos y deseemos ciertas cosas o personas.

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La dopamina nos hace ser más valientes ante ciertas situaciones y afrontamos más riesgos. Al relacionar la dopamina con la primavera se asocia que estamos recibiendo más estímulos que durante los meses fríos del invierno ya que las personas empiezan a ir más ligeras de ropa y muestran más sus cuerpos, recibimos más aromas de las flores y también aromas de los cuerpos. Sin darnos cuenta estos estímulos provocan que el cerebro genere dopamina haciéndonos más receptivos al amor.

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Descubierta hace solamente 50 años por químicos suecos, se ha comprobado que la dopamina es un neurotransmisor de las sensaciones placenteras. Si no existiera la dopamina en nuestro cerebro no se despertaría la curiosidad por experimentar sensaciones nuevas. Por tanto, bienvenida sea la primavera y la dopamina que fluya con la cantidad que quiera...

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